El episodio de Jesús en el desierto, donde enfrentó al mismo Diablo cara a cara durante 40 días, constituye una de las páginas más impactantes de su vida, de acuerdo con el Evangelio. Esa experiencia puede explicarte por qué Dios muchas veces te lleva al desierto antes de darte la vida que Él tiene preparada para ti. Después de ser bautizado por Juan en el río Jordán, Jesús fue guiado por el Espíritu Santo hasta lo más profundo del desierto de Judea, un lugar árido, un lugar hostil, un lugar donde ningún hombre vivía por elección propia.
Y durante 40 días completos, el desierto se convirtió en su único compañero. No hubo pan, no hubo agua, no hubo descanso, no hubo casa, no hubo cama, no hubo compañía humana; solo Jesús, solo el silencio, solo el rugido lejano de las bestias salvajes y solo la presencia constante del Padre Celestial hablándole a través del viento del desierto.
El enemigo no se rindió. Insistió con más fuerza. Lo llevó a un monte altísimo y le mostró todos los reinos del mundo, todos los tesoros, todo el poder político, toda la fama humana posible, y le ofreció todo eso a cambio de una sola reverencia: -Postrado, adórame y todos estos reinos serán tuyos. Pero Jesús respondió con la autoridad eterna que estremeció al infierno: -Vete, Satanás. Escrito está: al Señor tu Dios adorarás y a Él solo servirás. Piensa profundamente en eso. Los ángeles no llegaron antes de la prueba para evitársela a Jesús; llegaron después de que Él la venció. Tal vez tú también estás en tu propio desierto ahora mismo. Tal vez sientes que llevas 40 días o 40 meses sin ver claridad.
Tal vez el enemigo te está susurrando tentaciones al oído, usando tu debilidad como puerta de entrada. Tal vez piensas que Dios te abandonó porque no ves ángeles alrededor tuyo. Pero escucha bien: los ángeles están esperando el momento exacto de tu victoria. Cuando resistas la voz del tentador con la palabra de Dios en tu boca, cuando le digas al enemigo: “Vete de aquí, porque yo sirvo solo al Padre”, la presencia de los ángeles en tu vida será tu recompensa.