El privilegio de vivir (2/2)

Dos melodías inspiran un canto a la vida y la vejez, celebrando la poesía, la reflexión y la riqueza de la experiencia adulta

  • Actualizado: 13 de enero de 2026 a las 00:00

Me alentó escuchar dos melodías, de autoría desconocida, que ahora comparto. Un canto victorioso a la vida, que encierra mucha poesía y filosofía, con dedicación a todas aquellas personas que, como yo, formamos parte de la edad adulta.

1) Ya no bebes como en los años locos, pero el café sabe mejor a pocos, porque en su aroma hay más gratitud y más quietud. Si a tu lado está el amor de familia, la doña que manda y aún te maravilla, hijos formales con tu misma hebilla y nietos traviesos que hacen zancadillas. Cuando te dicen mi viejo querido, te ablandan el genio y el corazón curtido, porque en ese bullicio tan bendecido está la riqueza del tiempo vivido. Lee un buen libro, no te hagas el lento, que el coco se oxida si no hay pensamiento. Resuelve crucigramas, no dejes la mente tiesa, que el que piensa y se ríe más años empieza. Visita al médico que no muerde, más vale a tiempo que tarde y en vano.

2) La vejez. Mi voz no es la misma de aquel ayer. El cuerpo me avisa que no hay prisa ya. Me miro en la luna del amanecer, y veo el camino que no volverá. Mis manos cansadas han sembrado y andado, han curado heridas, han tendido un perdón, y en cada arruga que el tiempo ha pintado hay un libro de vida en mi corazón. La vejez no es el final, es solo un cambio, es la cosecha de lo que se ha sembrado, no hay rencor en mi alma, no hay reclamo, solo el orgullo de haber amado y luchado, es la paz de saber que lo que he sido ha dejado una huella que no morirá.

Soy la suma de cada paso que he vivido, y mi historia en mis hijos perdurará. Ya no me desvela la gloria que busqué, ni las promesas que no pude cumplir. Ahora un abrazo de mis nietos vale más que toda la riqueza que pude adquirir, mis viejos fantasmas se fueron con el tiempo, la pena que un día me hizo tropezar, hoy la cura es el sol, la brisa y el viento, y el silencio que me invita a reflexionar. Y así, con mis canas y mi andar, mi alma se prepara para descansar, pero mi nombre no se va a borrar, porque en cada recuerdo siempre estaré. Bendecida vida nuestra.

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