Castigo y olvido

El Estado tiene la obligación de revisar procesos, excarcelar a quienes no representan un riesgo y garantizar condiciones dignas; la privación de libertad es una medida de última ratio

  • Actualizado: 19 de marzo de 2026 a las 00:00

En Honduras, muchas mujeres privadas de libertad enfrentan hacinamiento, inseguridad y procesos judiciales ralentizados por un sistema que invisibiliza su condición particular. Cada día de demora es un golpe más a su dignidad, un castigo que va más allá de su condena, olvidando el principio jurídico de humanidad de la pena, sin dejar atrás que el vínculo familiar, en los casos de mujeres, es particular y no homólogo al caso de privados de libertad hombres.

El Estado tiene la obligación de revisar procesos, excarcelar a quienes no representan un riesgo y garantizar condiciones dignas; la privación de libertad es una medida de última ratio; la indiferencia no puede ser parte adicional del castigo que ya de por sí implica la privación de libertad.

Las mujeres en prisión esperan, las familias, esperan; la justicia espera. Pero los pirómanos, a veces no. Hechos notorios han sido ampliamente documentados; el más reciente ocurrido en el año 2023, un motín en la cárcel PNFAS en Francisco Morazán que dejó como saldo final 41 mujeres fallecidas.

El artículo 59 de la Constitución establece que “la persona humana es el fin supremo de la sociedad y del Estado”; sin embargo, a marzo de 2026, la población de mujeres privadas de libertad se estima en aproximadamente 1,159 mujeres, basándose en la proporción estadística más reciente del Instituto Nacional Penitenciario (INP) y el Observatorio de Derechos Humanos (ODH), sin que exista una claridad meridiana relativa a ejes estratégicos como enfoque de género, salud integral (física; reproductiva/mental), capacitación para la reinserción, y mantenimiento de vínculos familiares; y otras prácticas positivas, contenidas ya en las Reglas de Bangkok, que incluyen guarderías en centros de mujeres, atención prenatal especializada, separación de reclusas de alto riesgo así como personal capacitado en perspectiva de género.

Abordar el manejo penitenciario de mujeres desde un enfoque de prevención del riesgo es hoy más que nunca justo y necesario. Téngase en cuenta que: ¡los desastres no siempre son naturales!

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