Por Elisabeth Bumiller/ The New York Times
Fue un arribo sonado. Kimberly Guilfoyle, la nueva embajadora de Estados Unidos en Grecia, aterrizó en Atenas en el jet privado de un empresario grecoestadounidense multimillonario. Causó sensación en una cena de la semana de Acción de Gracias con un vestido de noche negro parcialmente transparente. Cuando presentó sus credenciales diplomáticas al presidente griego, Constantine Tassoulas, le dijo que había estado anteriormente en Grecia en una “fabulosa luna de miel, pero...” y luego su voz se fue apagando .
“La luna de miel fue fabulosa, ¿el matrimonio?”, dijo Tassoulas con ligereza.
“Trabajaremos en un nuevo esposo”, respondió Guilfoyle con una pequeña risa.
Hace poco, se presentó en una discoteca de Atenas para el concierto de estreno a la 1:30 a. m. de su amigo, uno de los cantantes pop más famosos del país, Konstantinos Argiros, y ocupó un asiento en la primera fila entre su estilista personal y una empresaria griega de una poderosa familia naviera. Llegó a casa de madrugada.
“No llegué tarde, fue como antes de las 3″, dijo Guilfoyle, exprometida del hijo del presidente Donald Trump, Donald Trump Jr., y exesposa del gobernador de California, Gavin Newsom, en una entrevista reciente en Jefferson House, su enorme residencia oficial de estilo mediterráneo en Atenas.
Semanas después de asumir su cargo, Guilfoyle, de 56 años, se ha convertido en la comidilla de Atenas: los paparazzi la siguen, apareció con maquillaje de ojos ahumados en la portada de Vogue Grecia y ha sido muy comentada, al menos al principio, como la mujer a la que el hijo del presidente dejó plantada. Grecia estaba más acostumbrada a embajadores estadounidenses que eran funcionarios tradicionales del servicio exterior, y algunos griegos se preguntaron si el gobierno de Trump les estaba faltando al respeto con su nombramiento.
Pero Guilfoyle, exfiscala en San Francisco y Los Ángeles, quien también fue presentadora de Fox News, ha trabajado tanto como se divierte, dicen muchos griegos. Por la naturaleza de su cargo, su implacabilidad y lo que sus aliados dicen que es una línea abierta con el Despacho Oval, se ha convertido en una de las personas más importantes del país.
“Todo el mundo quiere conocerla”, dijo Adonis Georgiadis, ministro de Salud griego y vicepresidente del partido conservador en el gobierno, quien trabajó con Guilfoyle en una colaboración para introducir tecnología estadounidense en el sistema de salud de Grecia. “Cuando vino aquí, todos mis amigos me llamaron para preguntarme cómo era en la vida real. Incluso gente que nunca me había llamado para nada”.
Guilfoyle también se ha involucrado en negocios con intereses estadounidenses: el desarrollo de un puerto respaldado por Estados Unidos cerca de Atenas y la prospección de gas natural frente a la isla de Corfú. No todo el mundo está contento con ello. Algunos miembros de la oposición política dicen que está impulsando con demasiada agresividad una agenda estadounidense. Y algunos intelectuales griegos se avergüenzan de que se le adule tanto.
Pero, casi todos han olvidado lo que dijo en Fox durante la crisis financiera griega de 2015, cuando llamó a los griegos “vividores” a quienes había que castigar como a un perro que “se orina en la alfombra”.
Cinco días después de su llegada, Guilfoyle asistió junto al secretario de Energía, Chris Wright, y el secretario del Interior, Doug Burgum, a la firma de un acuerdo entre Grecia y Exxon Mobil para iniciar la prospección de gas natural al noroeste de Corfú. Guilfoyle celebró el acuerdo, que forma parte de los esfuerzos del gobierno de Trump por contrarrestar la batalla europea contra el cambio climático, como una victoria de los combustibles fósiles.
“Estados Unidos ha vuelto y está perforando en el mar Jónico”, dijo.
Diez días después, se situó entre el primer ministro griego, Kyriakos Mitsotakis, y el presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, para el anuncio de un acuerdo de importación de gas natural licuado estadounidense a través de Grecia hasta Ucrania, para ayudar a cubrir las necesidades energéticas del país este invierno. Gran parte del gas se transportará a través del Atlántico en petroleros griegos y fluirá hacia el norte hasta Ucrania por gasoducto.
Ambos acuerdos se estaban preparando mucho antes de que Guilfoyle llegara a Atenas, pero los funcionarios griegos dijeron que ella se había metido en los planes meses antes y quería que se anunciaran mientras ella estuviera en el cargo. En septiembre, una semana después de ser confirmada, habló de los acuerdos en las Naciones Unidas con el ministro de Energía griego, Stavros Papastavrou, quien dijo que ella le respondió en 24 horas con detalles sobre lo que Estados Unidos se comprometía a hacer, y luego fue lo que él llamó “una fuerza motriz” para que se completaran.
“Normalmente conoces a alguien, te presentas y dices unas palabras amables”, dijo Papastavrou. Guilfoyle, dijo, “no es de palabras bonitas. Lo suyo es hacer cosas”. A menudo lo llama a medianoche, añadió. “Cuando tenemos que terminar algo, ella es alguien que no tiene horario de oficina”.
En otro frente, Guilfoyle provocó un pequeño revuelo cuando calificó de “desafortunado” el control efectivo por parte de China del mayor puerto de Grecia, el Pireo, a través de la participación mayoritaria de una empresa estatal china. La embajada china en Atenas denunció su comentario como “difamación malintencionada”, y Grecia dejó claro que no iba a volver a poner el puerto en el mercado.
Pero el gobierno griego está avanzando ahora con Guilfoyle en un proyecto estadounidense para desarrollar un nuevo puerto en la cercana Elefsina, que el gobierno de Trump considera un contrapeso a China. “Esto forma parte de la agenda general del presidente para volver a entrar en el juego”, dijo Guilfoyle en la entrevista.
No ha impresionado a George Katrougalos, ministro griego de Asuntos Exteriores del gobierno anterior de izquierda. Las acciones de Guilfoyle, dijo, dan a veces “la impresión de que Estados Unidos cogobierna el país”.
Otro escéptico es Constantinos Filis, destacado comentarista de las relaciones entre Estados Unidos y Grecia y director del Instituto de Asuntos Globales del Colegio Estadounidense de Grecia.
“Los programas de chismes hablan de ella todos los días, de su ropa, de su estilista, de su aspecto”, dijo, en referencia a la adopción por parte de Guilfoyle del estilo Trump para mujeres: pelo de Rapunzel, pestañas postizas, labios carnosos, vestidos ajustados y tacones altos.
“En términos de relaciones públicas, ha hecho un trabajo excelente”, dijo Filis. Pero la “sumisión” de tantos griegos que hacen fila para conocerla, dijo, “nos hace parecer un país del tercer mundo”.
Georgiadis, ministro de Salud, se encogió de hombros. “Cuando la nombraron por primera vez, la gente pensó: ‘¿Qué es eso?’”, dijo. Pero los primeros acuerdos energéticos, agregó, han demostrado que tiene sustancia.
“Si cumple”, dijo, “¿a quién le importa que lleve un vestido transparente?”.
Sin disculpas
Guilfoyle se mostró animada e intensa en la entrevista, celebrada en la biblioteca de la residencia antes de una fiesta navideña.
Durante 20 minutos, mientras una sala contigua se llenaba de ruido con la llegada de funcionarios y empresarios griegos y de diplomáticos de la embajada, Guilfoyle habló de manera enfática sobre Trump, sobre el acuerdo con Ucrania, sobre cómo consiguió el puesto de embajadora, y sobre Newsom y Donald Trump Jr., de 48 años, quien días antes de la entrevista había anunciado su compromiso con Bettina Anderson, una mujer de la alta sociedad de Palm Beach, Florida.
“Me alegro por Don”, dijo rápidamente Guilfoyle. “Le deseo, por supuesto, todo lo mejor”.
Se comprometió con el hijo del presidente a finales de 2020, pero en diciembre de 2024, el tabloide británico The Daily Mail publicó fotografías de Trump y Anderson tomados de la mano en Palm Beach. Horas después, el presidente electo anunció que Guilfoyle sería su embajadora en Grecia.
La forma en que pasó daba a entender que era una forma de sacar a Guilfoyle del país en un momento incómodo. No es así, al menos según el amigo de Guilfoyle, Stephen Bannon, uno de los principales aliados políticos del presidente.
“No me lo creo en absoluto”, dijo Bannon. “Ella tenía un montón de opciones”.
Según cuenta Guilfoyle, el presidente electo la llamó y le dijo que sabía que estaba interesada en ser embajadora en Grecia y que el puesto era suyo. El interés de Guilfoyle por Grecia, según dijo, provenía de los cursos de historia antigua que tomó en la Universidad de California, Davis.
Al hablar del acuerdo energético con Ucrania, y de por qué lo considera tan importante, Guilfoyle mencionó a su hijo de 19 años, Ronan, quien vive con ella en Atenas.
“Imagina que un día entra en la habitación, y al minuto siguiente sale, y tiene que ir a la guerra, y yo no vuelvo a verlo”, dijo. “Es importante. No podemos dejar que nos canse. Tenemos que pensar y preocuparnos de verdad. Y para ayudar a facilitar la paz, es necesario que los ucranianos puedan tener energía y luz durante todo el invierno”.
No se disculpa por su activa vida social en Atenas. “Si eso despierta entusiasmo e interés por Estados Unidos, la economía, el comercio y nuestras relaciones bilaterales, estoy totalmente de acuerdo”, dijo.
Su aparición a la 1:30 a. m. en el club nocturno fue por lealtad, dijo. “Es importante estar para tus amigos, para la gente que está a tu lado. Creo que cualquier persona con la que hables te dirá que soy una persona increíblemente leal. Tengo una resistencia tremenda”.
“Esa es una de las cosas que el presidente adora de mí”, añadió Guilfoyle, “que soy leal, que soy inteligente, que soy eficaz. Y haré lo que haga falta para cumplir con mi trabajo”.
La última vez que Guilfoyle estuvo en Grecia fue en el verano de 2004, cuando viajó a su “fabulosa” luna de miel con Newsom. Se habían casado en 2001, y Guilfoyle describió el viaje de 2004 como una “segunda luna de miel”. También dijo que había un “mil por ciento” de posibilidad de que Newsom se presentara como candidato a la presidencia en 2028.
Una niña motivada
Guilfoyle nunca imaginó que sería embajadora. Nació y creció en San Francisco, y tenía 11 años cuando su madre, originaria de Puerto Rico, murió de leucemia. Su padre, migrante irlandés, trabajaba en la construcción.
Según sus propias palabras, era una niña enfocada, con ambiciones que acabaron por llevarla a la Facultad de Derecho de la Universidad de San Francisco, donde se ayudó a pagar los estudios modelando ropa y lencería.
Conoció a Newsom en los círculos políticos de San Francisco mientras trabajaba como ayudante del fiscal del distrito. Se casó con él cuando era supervisor municipal y se convirtió en la llamativa primera dama de San Francisco cuando fue elegido alcalde en 2003.
“Cuando entraban en una habitación, la veías a ella primero”, dijo Mark Buell, destacado donante demócrata de San Francisco y amigo de Newsom desde hace mucho tiempo.
En septiembre de 2004, Harper’s Bazaar dijo que el matrimonio “promete ser una de las uniones políticas más glamurosas desde Jack y Jackie”. Pero para entonces Guilfoyle vivía en Nueva York, donde se desempeñaba como analista jurídica para CNN y ABC, y para 2006 ella y Newsom estaban divorciados.
Ese mismo año se casó con un heredero de la industria de los muebles, Eric Villency; dio a luz a Ronan, y se incorporó a Fox News. Villency y ella se divorciaron en 2009.
Guilfoyle abandonó Fox en 2018, cuando dos personas familiarizadas con su salida declararon a The New York Times, bajo condición de anonimato, que se vio obligada a marcharse por cuestiones de comportamiento inadecuado en el lugar de trabajo. Dos años más tarde, Jane Mayer informó en The New Yorker que Guilfoyle se vio obligada a abandonar la empresa por las acusaciones de acoso sexual presentadas por una asistente, según las cuales Guilfoyle le había mostrado fotografías de los genitales de hombres con los que había mantenido relaciones sexuales y le había dicho que se sometiera a las exigencias de favores sexuales de un empleado de Fox.
La revista informó que la asistente recibió una indemnización de más de 4 millones de dólares. En aquel entonces, Guilfoyle negó las acusaciones a través de su abogado.
“No tengo nada que decir al respecto”, dijo en la entrevista en Jefferson House. “No es relevante para mi trabajo”.
En 2018, Guilfoyle salía con el hijo del presidente, al que había conocido en Nueva York, y se acercaba cada vez más a la operación política de Trump. Trump la puso a cargo de la recaudación de fondos de los principales donantes para su campaña de reelección de 2020. Ese verano, pronunció un inolvidable discurso a todo volumen en la Convención Nacional Republicana. Bannon dijo que le había gustado.
“La gente necesitaba un poco de gritos”, dijo.
Guilfoyle puso fin a la entrevista para atender a los invitados a su fiesta, pero se tomó un momento para señalar un documento enmarcado cerca de la entrada en el que figuraban todos los embajadores estadounidenses en Grecia desde 1948. Todos, hasta Guilfoyle, eran hombres.
“Aquí estoy”, dijo, señalando su nombre. “Casi lloro”.
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