El embargo estadounidense sobre Cuba cumplió ayer 50 años de vigencia en medio de las reformas de Raúl Castro en la isla, y de una campaña electoral en Estados Unidos en la cual los republicanos prometen endurecerlo.
En su columna 'Hoy en la historia', el diario oficial Granma recordó que en '1962. El presidente de Estados Unidos, John F. Kennedy, emite la Proclama Presidencial 3447, que impone el bloqueo económico total de ese país con Cuba'.
Tras el triunfo de la revolución de Fidel Castro en 1959, la medida completó un entramado legal contrapuesto a las nacionalizaciones de las propiedades estadounidenses.
El embargo fue reprobado por el papa Juan Pablo II como 'injusto' y 'éticamente inaceptable' en su histórica visita a Cuba en enero de 1998. De la misma forma, el embargo ha sido condenado abrumadoramente por la Asamblea General de Naciones Unidas cada año desde 1992.
La condena de 2011 tuvo 186 votos a favor, 2 en contra (Estados Unidos e Israel) y 3 abstenciones (Islar Marshall, Micronesia y Palau).
Según La Habana, hasta 2010 las pérdidas por el embargo superaban los 104,000 millones de dólares, más del triple del Producto Interno Bruto (PIB) del país caribeño. Este impacto repercute en los sectores sensibles como salud, alimentación y educación.
No obstante, el embargo fue recientemente reforzado por las leyes Torricelli, de 1992, y Helms-Burton, de 1996.
Indiscutiblemente, la llegada de Barack Obama a la Casa Blanca en 2009 hizo pensar a algunos que comenzaría el desmontaje del embargo, pero según Raúl Castro, el mandatario 'ha tenido que renunciar a los pretextos más repetidos para justificar el bloqueo e inventar otros cada vez más insostenibles'.
El actual mandatario también ha exigido a los dirigentes cubanos dejar de 'echarle la culpa al bloqueo' y trabajar con disciplina y eficiencia. Para ello, ha impulsado más de 300 reformas, aprobadas por el VI Congreso del Partido Comunista en abril de 2011, destinadas a 'actualizar' el agotado modelo económico, previendo que el embargo seguirá vigente en el futuro.
Parte de los exiliados cubanos radicados en Estados Unidos desaprueba el embargo y parece interesado en insertarse en el proceso de reformas que vive Cuba.