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El milagro del papa Juan Pablo II en Centroamérica

La costarricense Floribeth Mora relata cómo ocurrió el milagro que despejó el camino para la canonización del Papa polaco, que se llevará a cabo el próximo domingo 27 de abril.

20.04.2014

En un cálido día de primavera, Floribeth Mora estaba en su cama esperando morir de un aneurisma cerebral inoperable, cuando miró una fotografía del papa Juan Pablo II en un periódico.

“Levántate, no tengas miedo”, le habría dicho el pontífice a Mora, recuerda ella.

Mora, sus médicos y la Iglesia Católica aseguran que su aneurisma desapareció ese mismo día, en un milagro que despejó el camino para que el Papa sea canonizado el próximo domingo en una ceremonia en el Vaticano, en la que Mora será invitada de honor.

Para Mora el milagro fue apenas el inicio de su metamorfosis de una mujer enferma y desesperada a un símbolo adorado de la fe para miles de costarricenses y católicos en todo el mundo.

Mora, de 50 años, ha recibido a numerosos visitantes locales y extranjeros en su modesta casa en un barrio de clase media en las afueras de San José, la capital de Costa Rica, y acepta invitaciones para hasta cuatro misas al día. Los fieles le han dado tantas cartas para entregarle al papa Francisco, que tuvo que comprar otra maleta.

Mora dejó sus estudios de leyes, que había iniciado recientemente, y gran parte de su trabajo para el negocio de seguridad de la familia para dedicarse por completo a su papel como símbolo de la fe en Costa Rica.

Dice que no escucha a los escépticos que dudan que realmente fue sanada. “Cada uno que crea lo que quiera”, le dijo a la AP durante una visita a su casa. “Lo que yo sé es que estoy sana”.

A Mora le diagnosticaron un aneurisma cerebral y fue enviada a su casa a descansar y tomar analgésicos en abril de 2011 luego que los médicos dijeron que el problema era inoperable. Mora, que pensó regresaba a su casa a esperar la muerte, miró la foto del papa Juan Pablo II el 1 de mayo, el día de su beatificación seis años después de su fallecimiento.

Entonces, dice, la foto le habló. Sorprendió a su familia caminando por todas partes y, después de que los médicos la declararon curada, los rumores llegaron muy pronto a una iglesia local y de ahí al Vaticano.

Hoy, Mora dice que hablar de su experiencia se ha vuelto su vocación. “Es tanta la gente que tengo que atender que dejé suspendido momentáneamente el estudio. Es tanto lo que tengo que hacer, que voy a dedicarme primero a contarle al mundo el testimonio de la grandeza de Dios y lo que ha hecho en mí”, dice Mora.

Asegura que a veces la gente pregunta si la experiencia fue imaginada o resultado de una enfermedad mental.

Sus nietos corren por los estrechos pasillos de la casa en la que vive con su esposo, un policía jubilado. Imágenes del papa Juan Pablo II, del niño Jesús y la Virgen María adornan casi todas las paredes de la casa.

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