Apple, la compañía tecnológica más rentable del mundo, no diseña los iPhones aquí. No opera el servicio a clientes AppleCare desde esta ciudad. Y no fabrica las MacBooks o iPads cerca.
Sin embargo, con un puñado de empleados en una pequeña oficina aquí en Reno en una subsidiaria de la compañía llamada Braeburn Capital, Apple ha hecho algo vital para su estrategia corporativa: ha evitado millones de dólares en impuestos en California y otros 20 estados.
Las oficinas centrales de Apple están en Cupertino, California. Al establecer una oficina para recolectar e invertir las utilidades de la compañía en las afueras de Reno, a solo 320 kilómetros de distancia, Apple esquiva los impuestos sobre la renta estatales sobre parte de esas ganancias.
La tasa de impuesto corporativo de California es de 8.84 por ciento. ¿La de Nevada? Cero.
Establecer una oficina en Reno es solo uno de los muchos métodos legales que Apple usa para reducir su cuenta fiscal mundialmente en miles de millones de dólares cada año.
Como lo ha hecho en Nevada, Apple ha creado subsidiarias en países de bajos impuestos como Irlanda, Holanda, Luxemburgo y las Islas Vírgenes Británicas –algunas poco más que un buzón de correo en Luxemburgo o una oficina anónima aquí– que le ayudan a reducir los impuestos que paga alrededor del mundo.
Casi todas las corporaciones importantes tratan de minimizar sus impuestos, por supuesto. Para Apple, los ahorros son especialmente atractivos porque las utilidades de la compañía son demasiado elevadas.
Analistas de Wall Street predicen que Apple pudiera percibir hasta 45,600 millones de dólares en su año fiscal actual; lo cual sería un récord para cualquier empresa estadounidense.
Braeburn es una variedad de manzana que es simultáneamente dulce y ácida. Cuando alguien en Estados Unidos compra un iPhone, iPad u otro producto de Apple, una porción de las utilidades de esa venta a menudo se depositan en cuentas controladas por Braeburn, y luego invertidas en acciones, bonos u otros instrumentos financieros, dicen ejecutivos de la compañía. Algunas utilidades de esas inversiones son protegidas de las autoridades fiscales de California en virtud del domicilio de Braeburn en Nevada.
Desde que fundó Braeburn en 2006, Apple ha percibido más de 2,500 millones de dólares en intereses e ingresos de dividendos sobre sus reservas de capital e inversiones en todo el mundo. Lo que es más, Braeburn permite a Apple reducir sus impuestos en otros estados porque muchas de esas jurisdicciones usan fórmulas que reducen lo que se debe cuando la administración financiera de una compañía ocurre en otra parte.
Mientras que la oficina de Apple en Reno ayuda a la compañía a evitar impuestos estatales, sus subsidiarias internacionales –particularmente el renglón de la compañía de ventas y regalías de patente a otras naciones– ayudan a reducir los impuestos que debe pagar al gobierno estadounidense y otros.
La subsidiaria de Luxemburgo, llamada iTunes S.ar.l., tiene solo unas cuantas docenas de empleados, según documentos corporativos presentados en esa nación y un ejecutivo.
Pero cuando los clientes en toda Europa, África o Medio Oriente –y potencialmente cualquier otra parte– descargan una canción, programa de televisión o aplicación, la venta es registrada en este pequeño país, según ejecutivos actuales y anteriores.
El país ha prometido gravar los pagos recolectados por Apple y numerosas otras corporaciones tecnológicas con tasas bajas si envían las transacciones a través de Luxemburgo.
Los impuestos que de otro modo habrían ido a parar a los gobiernos de Gran Bretaña, Francia, Estados Unidos y docenas de otras naciones van a parar a Luxemburgo, a tasas con descuento.
En 2011, los ingresos de iTunes S.ar.l. excedieron los mil millones de dólares, según un ejecutivo de Apple, lo cual representa aproximadamente 20 por ciento de las ventas mundiales de iTunes.
Apple sirve como un escaparate de cómo los gigantes tecnológicos han aprovechado los códigos fiscales redactados para una era industrial y que no encajan con la economía digital de hoy en día.
Algunas utilidades en compañías como Apple, Google, Amazon, Hewlett-Packard y Microsoft se derivan no de productos físicos sino de las regalías sobre propiedad intelectual, como las patentes sobre el software que hace funcionar a los aparatos.
Economía digital es un dilema para legislación fiscal
En otras ocasiones, los productos mismos son digitales, como canciones descargadas.
Es mucho más fácil que las empresas con regalías y productos digitales trasladen las utilidades a países de bajos impuestos a que lo hagan, digamos, las abarroteras o los fabricantes de autos. Una aplicación descargada, a diferencia de un auto, puede venderse desde cualquier parte.
La creciente economía digital presenta un dilema para los legisladores que supervisan la tributación corporativa: aunque la tecnología es ahora una de las industrias más grandes y más valiosas de la nación, muchas compañías de tecnología están entre las menos gravadas, según datos gubernamentales y corporativos.
Incluso entre las compañías tecnológicas, las tasas de Apple son bajas. Y aunque la compañía ha reformado industrias, encendido el crecimiento económico y deleitado a los clientes, también ha ideado estrategias corporativas que aprovechan las brechas en el código fiscal, según exejecutivos que ayudaron a crearlas.
Apple, dicen exejecutivos, ha sido particularmente talentosa en identificar los huecos fiscales legales y contratar contadores que son conocidos por su innovación.
En los años 80, por ejemplo, Apple estuvo entre las primeras corporaciones importantes en designar a los distribuidores en el extranjero como “comisionados”, en vez de minoristas, dijo Michael Rashkin, primer director de política fiscal de Apple, que ayudó a establecer el sistema antes de renunciar en 1999.
Como los comisionistas técnicamente nunca entran en posesión del inventario –lo cual los obligaría a reconocer impuestos–, la estructura permitía a un vendedor en la Alemania de impuestos altos, por ejemplo, vender computadoras a nombre de una subsidiaria en el Singapur de bajos impuestos.
Además, Apple fue pionera de una técnica contable conocida como el “Doble irlandés con un emparedado alemán”, que reducía los impuestos enviando las utilidades a través de dos subsidiarias irlandesas –hoy llamadas Apple Operations International y Apple Sales International– y Holanda y luego al Caribe.
En 2004, Irlanda, una nación de menos de cinco millones de habitantes, albergaba más de un tercio de los ingresos mundiales de Apple, según expedientes de la compañía.
Sin esas tácticas, la cuenta de impuestos federales de Apple en Estados Unidos muy probablemente habría sido 2,400 millones de dólares más alta el año pasado, según un estudio reciente realizado por un execonomista del Departamento del Tesoro, Martin A. Sullivan.
Como están las cosas, la compañía pagó impuestos en efectivo de 3,300 millones de dólares en todo el mundo sobre sus utilidades reportadas de 34,200 millones de dólares el año pasado, a una tasa impositiva del 9.8 por ciento.