Las elecciones periódicas para congresos del pueblo en los barrios son lo más cercano a una democracia participativa a lo que llega China.
De los muchos candidatos de base que contendieron este año en esta ciudad, Qiao Mu, un catedrático de periodismo lleno de energía, de 41 años, parecía una de las mejores opciones.
Es muy conocido y apreciado en el campus de la Universidad de Estudios Extranjeros de Pekín, su distrito electoral.
Realizó una campaña innovadora, con uso total de las redes sociales y otras herramientas de Internet. Integró un equipo de estudiantes entusiastas, y se orientó a mejoras prácticas en la vida en el campus: una conexión a internet más rápida y permiso para que los estudiantes estudiaran en los salones vacíos en lugar de en la atiborrada cafetería.
Perdió de todas formas. Un vicerrector de la universidad – un personaje desconocido en gran medida, cuya campaña se redujo a algunos pósters –obtuvo tres veces más votos.
Qiao dijo que las autoridades hicieron todo lo que pudieron para obstaculizarlo, no pusieron su nombre en la boletas electorales, amenazaron a sus estudiantes voluntarios, incluso, recogieron por la fuerza los pequeños marcadores rojos de libros que imprimió con el lema: “Soy el dueño de mi boleta”.
“El acoso comenzó desde un principio”, dijo en una entrevista en su oficina en la universidad, todavía repleta de parafernalia de la campaña que nunca pudo distribuir. ‘’Es una pena porque no hice nada malo’’, señaló. “Todo lo que hicimos fue seguir la Constitución y la ley electoral de China”.
Su experiencia demuestra la doctrina política subyacente de la China actual: mientras que los dirigentes chinos hablan a favor de la reforma política, las autoridades locales niegan rutinariamente al votante la oportunidad de elegir al representante político de su elección.
Tales maquinaciones oficiales se han vuelto más evidentes y más intensas este año; un revelador indicador de la paranoia gubernamental ante un conjunto mucho mayor de candidatos independientes, a pesar de la casi total carencia de poder de los congresos.
Aún faltan meses para tener una evaluación final. Sin embargo, Li Fen, un experto en temas electorales, quien ha monitoreado las elecciones en todo el país, dijo que las votaciones estuvieron más amañadas que nunca antes.
“Es un gran retroceso respecto a los años anteriores”, dijo Li, el director del Instituto Mundial y Chino, un centro no gubernamental de investigación en Pekín. El gobierno, obsesionado con la idea de que se debe mantener la estabilidad política, “ha asumido un control estricto de las elecciones”, explicó.
Inspirada en el potencial de los servicios de Internet como los microblogs parecidos a Twitter para generar visibilidad e ímpetu, una cantidad sin precedente de candidatos independientes trata de contender con los designados por el Partido Comunista para dos millones de escaños en los congresos locales del Partido, el nivel parlamentario de hasta abajo en China.
El distrito de Haidian, un sector de Pekín con 1.6 millones de habitantes, donde Qiao buscó el cargo, es particularmente acogedor para tales desafíos.
El distrito, abarrotado de universidades y conocido por su inclinación comparativamente liberal, eligió al primer candidato independiente de China en 1984.
Según Li, Haidian presentó a 23 de los aproximadamente 28 candidatos independientes exitosos de Pekín en 2003 y a los 16 elegidos en la capital en 2006.
Sin embargo, este 8 de noviembre, dijo Li, no se eligió a ninguno de los 40 a 50 candidatos de base en Pekín. Lo mismo fue cierto en la votación del 8 de septiembre en Wuhan, una ciudad en el centro oriental de China, y el 18 de noviembre en Shanghái, señaló.
Los gobiernos locales “no quieren ver a ningún candidato independiente en ningún escaño”, agregó.
Qiao, un militante del Partido Comunista que defiende las reformas democráticas, parecía un candidato especialmente enigmático. Cuando estudiante en 1989, participó en las protestas dirigidas por estudiantes en la Plaza de Tiananmén. Posteriormente, trabajó en la oficina de relaciones internacionales del gobierno de Pekín, donde dijo que le indignaron la “ideología ridícula”, el salario bajo, la corrupción y la burocracia.
Regresó a la academia y se unió al cuerpo docente de la Universidad de Estudios Extranjeros en 2002.
Presión de la estructura del partido
Algunas de las tácticas de Qiao fueron totalmente vanguardistas según los estándares chinos, como vender en Internet bolsas para libros con su fotografía y recorrer los dormitorios con su esposa y su hija siguiéndolo. Sin embargo, sus propuestas no eran para nada políticas, como cambiar un hediondo sitio de recolección de basura.
No obstante, aun antes de reunir estudiantes voluntarios para un mitin, dijo, el dirigente partidista de su departamento lo exhortó a retirarse, diciéndole: “Lo que dijiste sobre la democracia enojó mucho a las autoridades”.
Sin inmutarse, recopiló más de 500 firmas de docentes y estudiantes –más de 50 veces la cantidad demandada por la ley. La universidad respondió anunciando que el vicerrector y otro funcionario universitario tenían más firmas y serían los únicos nombres en la boleta electoral.
Qiao trató entonces de organizar una campaña para que los electores escribieran su nombre en la boleta, pero renunciaron sus voluntarios, uno por uno. Algunos dijeron que funcionarios universitarios llamaron por teléfono a sus padres para decirles que sus hijos participaban en actividades ilegales.
“Incluso, les dijeron a estudiantes que pedirían a sus padres que fueran a la universidad”, dijo un alumno de licenciatura, quien habló a condición del anonimato.
“La mayoría de los estudiantes pensó que era demasiado injusto”.
Circularon rumores de que Qiao era un instrumento de la embajada estadounidense o de los medios informativos extranjeros, o que ya iba de salida.