Hondureños en el Mundo

Hondureños son ejemplo de empuje y tenacidad

Ramón Rodríguez dice que su satisfacción es ayudar a otros. Raúl Velásquez afirma que sus dos hijas son su sueño hecho realidad.

14.07.2012

Uno de los negocios que debe existir casi de forma obligada en las ciudades donde radican los hondureños es el envío de encomiendas. En esta ciudad, Ramón Rodríguez es uno de los más fuertes competidores en el área.

Su secreto, cuenta, es “darle un servicio al compatriota, no abusar de ellos, hay que fomentar más la relación de amigos que la comercial”.
Su empresa se llama Hondu Servic y envía desde dinero hasta carros.

“Ya llevo varios años con la empresa, comenzamos mandando solo a Honduras, pero ya me estoy expandiendo hacia El Salvador... la comunidad salvadoreña en esta ciudad está creciendo”, comentó.

El negocio lo administra con el apoyo de su esposa y dos hijas.

“No es fácil, en Canadá se pagan muchos impuestos, pero con esta empresa me ha quedado la satisfacción de ayudar a los hondureños y hacer obras de caridad”, afirma don Ramón, que también es uno de los líderes de la comunidad hondureña en esta ciudad.

El trabajo altruista que ha realizado este compatriota le valió un reconocimiento en 2010 de parte del ministro de la Ciudadanía, la Inmigración y el Multiculturalismo de Canadá, Jason Keney.

“Ese fue un gran honor para mí, mi familia y todos los hondureños... actualmente estamos haciendo grandes esfuerzos para que la comunidad hondureña nos organicemos mejor, no solo en Montreal sino en las principales ciudades donde haya catrachos”, dijo.

Hay que destacar que Montreal, donde residen cerca de mil connacionales, es una ciudad que está relativamente cerca de Ottawa y Toronto, donde también hay una considerable comunidad de hondureños.



Mi sueño son mis hijas

Otro hondureño que ha logrado alcanzar su sueño es José Raúl Velásquez, quien llegó a Canadá en 1998 aplicando por refugio, luego se casó y obtuvo sus documentos.

Tiene dos hijas y cuenta que “el tener a estas dos criaturas es mi sueño hecho realidad... no le puedo pedir más a la vida que salud para ellas y para mí, para poderlas ver crecer sanas y fuertes”.

“Apliqué al refugio por compasión humanitaria, yo tenía 25 años cuando llegué a este país, primero pasé por Estados Unidos pero solo usándolo como puente”, compartió.

Es originario del barrio Abajo de Santa Bárbara, Santa Bárbara, donde estudió el ciclo común y trabajó para la compañía minera El Mochito, la American Pacific.

“Cuando comenzó a bajar el trabajo tuve que buscar otro horizonte... por eso dejé Honduras”, lamentó.

Hoy, en Canadá, se dedica a la construcción y renovación de edificios. “Canadá es hospitalario y muy caritativo, me siento complemente bien, libre, puedo caminar con mi esposa y mis hijas a cualquier hora de la noche y no hay ningún problema”, relata cuando se le preguntó lo que más le gusta de esa nación.

Los inicios de este connacional fueron difíciles como cualquier emigrante, “pase bastantes tiempos duros, primero por el lenguaje y segundo por el clima y a todo eso uno debe adaptarse”, amplía.

EL HERALDO entrevistó a don José en Ottawa, donde solo vivió un par de años, pero durante este mes se regresa a Calgary (a 3,400 kilómetros de distancia), donde ha trabajado casi toda su estadía en Canadá. “Allá me pagarán mejor por mi trabajo”.

Se había trasladado a Ottawa debido a que su antiguo jefe lo convenció para que aceptara un trabajo que ya acabó.

“En Calgary voy a trabajar en concreto, donde voy a trabajar por un mejor salario”, y es que en esas regiones, más al centro y al norte de Canadá, el clima arrecia con mayor fuerza y por tanto este tipo de trabajo tiene mucha demanda y es mejor pagado.

“Lo último que escuché de Honduras fue el incendio del presidio de Comayagua... mi familia me dice que no me vaya a Honduras, que todo está muy peligroso... no creo que vuelva”.

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