Poderosos buques atestados de piezas de artillería de Estados Unidos surcan, desafiantes, los mares. Y manos hondureñas han servido para dar vida a esos acorazados miembros de la fuerza naval más grande del mundo.
Las habilidades de tornero que tiene Nahúm Enrique Aguilar, un capitalino de 39 años, han estado al servicios de la compañía VT Halter Marine, que se dedica a la construcción de barcos de guerra y naves petroleras.
Desde 2007 ha viajado a Estados Unidos en tres oportunidades para laborar en las primeras etapas de construcción de los colosales navíos.
“Soy armador de barcos, eso consiste en ensamblar piezas, uno las paredes a las otras y trato que queden parejas y alineadas en las paredes de los barcos”, expresa Aguilar.
Con orgullo dice que le ha tocado estar en la operación de armado de tres barcos de guerra y cada uno de ellos “mide como cuadra y media”.
Entre 150 y 200 personas trabajan en esta etapa de fabricación.
El trabajo de armado tarda nueve meses, tiempo durante el cual este compatriota pasa la vida con sopletes para cortar las gruesas láminas y máquinas de soldar para unir las piezas que constituyen la gruesa “piel” de las embarcaciones.
Igualmente le toca construir un sistema de “polo tierra” que va instalado dentro de los barcos.
Inicios
Aguilar dice que Dios le abrió las puertas para tener esta oportunidad laboral, luego de haber sido seleccionado, junto a otros hondureños, para esa función al aprobar un examen que se les aplicó por parte de la empresa que los contrató.
En 2007 comenzó todo: “Nos fuimos para Nueva Orleans y luego nos llevaron para Mississippi, y nosotros no sabíamos que íbamos a construir barcos de guerra, para nosotros fue una sorpresa”, asegura.
En esa oportunidad su trabajo fue menor, ya que el armado del barco estaba casi a la mitad.
Pero en 2008 y 2009 sí estuvo en todo el proceso, y este año está a la espera de recibir un nuevo llamado para realizar la junta de piezas.
Actualmente este experto en soldadura es el jefe de mantenimiento mecánico de la Cruz Roja Hondureña.
Enrique también ha participado en la construcción de barcos cargueros de petróleo en la nación del norte.
Esta actividad le ha permitido tener un ingreso decoroso a la familia de este mecánico integrada por su esposa y una hija.
Las personas que hacen este trabajo firman una cláusula de confidencialidad para que no brinde ciertos detalles sobre la misión que realizan.
Después de este trabajo, los armadores como Enrique Aguilar regresan a sus países a la espera de que se les haga un nuevo llamado.
Cuando la estructura primaria del barco está completa, se realiza un delicado proceso para instalar el armamento y el sistema computarizado.