Tegucigalpa, Honduras.- Dormir bajo un puente, cruzar selvas y fronteras, vender dulces en un semáfoto y vivir con la nostalgia a cuestas se volvió rutina para cientos de venezolanos en tránsito por Honduras. Tras la captura de Nicolás Maduro, muchos de ellos vuelven a permitirse algo que parecía prohibido: imaginar el regreso a casa y el reencuentro con sus familias.
El equipo de EL HERALDO recogió este domingo -4 de enero- en las calles de la capital, historias de migrantes venezolanos quienes con tristeza relatan las razones por las que abandonaron su país natal, empujador por la persecución política, el hostigamiento y una crisis económica.
Alexander José Marcano, originario de Maturín, en el estado de Monagas, importante por el petróleo y el comercio, contó que lleva ya tres años en el suelo hondureño. Aún se queda atónito al recordar que durante su trayecto migratorio atravesó la selva del Darién y recorrió una extensa ruta por Colombia, Panamá y Costa Rica, hasta llegar a Honduras.
Al hablar de la caída de Maduro, su voz se quiebra. Asegura que, aunque no siente alegría por la caída de otro venezolano, el hecho le ha generado alivio. “Uno siente que la familia puede estar un poco más tranquila”, expresó.
Marcano confesó que, aunque el futuro de su país sigue siendo incierto, su mayor ilusión es volver a casa y conocer a sus nietos, a quienes solo ha visto a través de una pantalla.
“Quiero conocer a mis nietos, hermano. Solo los he visto por videollamadas. Y eso pega en el alam”, admite al recordar los más de 2,400 kilómetros que lo separan de su tierra.
Conocido cariñosamente como “El Chamo”, Marcano logró reconstruir su vida en Honduras. Actualmente se desempeña como encargado de un negocio, donde asegura haber encontrado estabilidad y respeto. Además, administra un puesto de comida venezolana, desde donde reivindica el esfuerzo de quienes migraron en busca de una oportunidad.
“No todos los venezolanos que estamos fuera andamos delinquiendo. Somos trabajadores”, subrayó, al tiempo que confesó que mantiene intacto el anhelo de regresar a su país cuando existan condiciones reales que se lo permitan.
Fuimos muchos los venezolanos obligados a dejar el país
Marcada por la urgencia y el miedo, la historia de María Díaz refleja la realidad de muchos venezolanos obligados a dejar su país y emprender un viaje incierto en busca de un futuro mejor.
Díaz salió de Venezuela hace dos años, junto a su esposo y sus cuatro hijos —todos menores de edad— tras recibir amenazas por no colaborar con el gobierno. Esta familia venezolana llegó a Honduras el 31 de diciembre de 2025, luego de atravesar Colombia, Panamá, Costa Rica, Nicaragua y México.
“Hemos dormido en la calle, debajo de puentes, nos han robado. A veces nos quedamos sin ropa ni zapatos”, relató María a EL HERALDO, mientras sostiene una bandera venezolana sobre el pecho y una bolsa de dulces con la que, día a día, sale a buscar el sustento de su familia.
Pese a las dificultades, Díaz no oculta su deseo de regresar. “Quiero volver a mi país. Estamos muy felices por lo que está pasando. Queremos un cambio, que Venezuela vuelva a ser como antes”, afirmó, al tiempo que reconoció el apoyo recibido en Honduras durante los últimos días.
Al menos 12 países cruzados desde que salió de Venezuela
Aunque tiene siete meses en Tegucigalpa, la travesía migratoria de Ender Rodríguez, cumple ya cinco años. Salió de su natal Caracas en 2020 y desde entonces ha pasado por al menos 12 países.
Rodríguez, se sostiene con la venta de dulces en un semáforo del bulevar Morazán y aseguró que la crisis económica fue el principal detonante de su salida, pero también el hostigamiento de los llamados colectivos, grupos de choque del régimen de Maduro.
“Yo salí por el infierno que vivimos muchos compatriotas en Caracas. Los colectivos persiguen, amenazan. Es terrible”, señaló.
El caraqueño viaja con familiares y sobrevive con trabajos informales y ayuda diaria para pagar un techo. “Preferimos pedir una moneda a meternos en problemas”, explicó.
Sobre la captura de Maduro, fue directo: “Pensamos regresar. El país está contra el piso por el presidente que teníamos”.
Para los venezolanos que hoy sobreviven en Honduras, el anhelo no está puesto únicamente en la noticia de la caída de Nicolás Maduro, sino en lo que puede venir después: volver a caminar por sus barrios, sentarse a la mesa con sus familias, ver crecer a sus hijos y recuperar la vida que la migración les arrebató.
Más allá de la distancia y los años fuera, la captura de Maduro reactivó una esperanza común en los migrantes venezolanos dispersos en Honduras de regresar a casa.