Los constantes trazos que teñía sobre diversos tipos de tela y el sonido continuo de las máquinas de coser han disminuido en el taller de sastrería de Henry Irías.
El taller del entrevistado, pese a ser considerado como uno de los mejores de la localidad, registra una disminución de más del 50 por ciento de los clientes.
De acuerdo con Irías, una de las causas para que en su mesa de trabajo no abunden los retazos para el corte y confección de prendas es la falta de obreros en la zona.
La escasa mano de obra calificada para la confección de prendas obliga a Henry a rechazar los pedidos de varios clientes, en especial durante la temporada navideña.
En años anteriores en el taller de Irías se confeccionaban de entre 30 a 40 piezas por semana, en la actualidad se confeccionan unas 20.
'Lo que sucede es que la mayoría de los que conocen el oficio son personas de la tercera edad y en mínima cantidad jóvenes, por eso no se encuentran trabajadores para este oficio', aseguró Irías.
En la ciudad de las colinas funcionan tres talleres con larga trayectoria considerados como los más grandes, pues cuentan con varios empleados, entre ellos el de Henry.
La confección de pantalones y chaquetas inició en el taller de Irías hace 27 años, luego de que su padre lo convenció de que aprendiera el oficio.
'Gracias a las exigencias de mi papá aprendí a trabajar de sastre y esto es lo que hoy me ayuda a salir adelante', manifestó.
El establecimiento que maneja el entrevistado es el único lugar donde laboran dos jóvenes que han comenzado a adquirir el conocimiento de la alta costura.
Víctor Oseguera, de 16 años, es uno de los alumnos del taller de Irías, y aseguró que lleva dos años en el aprendizaje de la costura.
Según Oseguera, aprendió a coser por castigo de sus padres, luego de perder dos años de estudio.
'En dos ocasiones abandoné el colegio, entonces mi papá decidió enseñarme el oficio de sastre, pues también se dedica a esta labor. Ahora ya gano mi propio dinero y el próximo año espero retomar mis estudios', confió Oseguera.
El salario del joven para la temporada navideña es de 200 a 300 lempiras diarios, pues depende de la cantidad de piezas que logre armar.
'Durante el día confecciono tres pantalones y reparo dos', expresó el adolescente.
El aprendizaje del corte y confección es corto de acuerdo con el joven, pues en menos de seis meses una persona puede lograr adquirir el conocimiento y práctica para armar una prenda.
El pago por la confección de un pantalón en la comunidad es de 160 lempiras y una camisa 200 lempiras.
Tiendas de ropa usada
Otra de las causas para que los talleres de ropa bajen en su producción es la llegada de decenas de tiendas de ropa usada a la comunidad.
Se estima que en la ciudad de las colinas funcionan unos 50 negocios de ropa de segunda mano.
La venta de ropa usada contribuye para que en los talleres abunden las reparaciones.
'Muchas veces esta ropa no queda a la medida y es por ello que las personas vienen a repararla pero a la larga les sale mucho más cara, ya que pagan unos 50 a 100 lempiras por comprarla y otros 50 a 70 por repararla', explicó Oseguera.
Las prendas que cuelgan en los escaparates y paredes de los establecimientos de ropa usada varían de precio, hay desde 10 a 100 lempiras en la localidad.
Clientes permanentes
Para los asiduos clientes de las sastrerías como Manuel Cruz, la confección de un pantalón resulta más barata que adquirir una pieza que es elaborada en una maquila o ha sido importada.
También resulta más elegante portar un pantalón hecho en un taller que uno de mezclilla, aseguró Cruz.
'En los empleos le exigen a uno que se vista formal y en lo particular prefiero los pantalones hechos a mi estilo', argumentó.