Las mara 18 y la Salvatrucha (MS 13) de El Salvador han entrado en contacto con pandillas de Honduras para que en el país se lleve a cabo un acuerdo de tregua entre estas organizaciones delictivas como se realiza en el vecina nación.
Uno de los mediadores en el cese de hostilidades entre las maras 18 y 13 salvadoreñas, Raúl Misango, confió a EL HERALDO el nivel de acercamiento que ha existido de parte de esas bandas a fin de que en Honduras se produzca un trato pacífico de esa naturaleza.
“Yo sé de comunicación e intercambio que hay entre las pandillas de Honduras y salvadoreñas, las salvadoreñas me han expresado a mí el interés de generar una dinámica similar”, expresó el también exguerrillero.
Según Mijango, las maras salvadoreñas han tenido “debidamente informados” a otros grupos criminales similares a ellas en Estados Unidos, México y resto de Centroamérica sobre el proceso de tregua.
“La comunicación es permanente desde que el acuerdo comenzó”, remarcó.
EL HERALDO se trasladó a El Salvador para conocer cómo ha funcionado la tregua de las pandillas, la viabilidad para que una estrategia como esta se ponga en práctica y cuáles serían sus implicaciones.
En Honduras también existen pandillas 18 y 13, las que históricamente han intentado aniquilarse una a la otra. La membresía de estos grupos ronda los 60 mil, mientras que en El Salvador se calcula que hay unos 80 mil mareros. De estos últimos unos 10 mil están en prisión.
Autoridades de la secretaría de Seguridad de Honduras viajaron a El Salvador la semana pasada para reunirse con funcionarios de la secretaría de Justicia y Seguridad Pública de ese país para dialogar sobre estrategias conjuntas contra el crimen, pero también abordaron el tema sobre la tregua de las pandillas salvadoreñas.
El ministro de Seguridad, Pompeyo Bonilla, y el director de la Policía Nacional, Juan Carlos Bonilla, formaron parte de la delegación que habló con David Munguía Payés, titular de la Secretaria de Justicia y Seguridad, y Francisco Ramón Salinas, director de la Policía Nacional Civil.
El mediador Mijango indicó que él participó en la reunión y expuso a la comitiva hondureña cómo se gestó y se ha desarrollado el aplazamiento de la violencia pandilleril.
Mareros de Guatemala también han pedido a Mijango que sea un intermediario de un mecanismo de conciliación dentro de las organizaciones criminales.
Las pandillas de Guatemala y Honduras “han expresado voluntad” en replicar acuerdos de paz, pero se requiere que en el proceso participen “actores con la suficiente credibilidad” para que las maras accedan a suspender la violencia ente ellas.
“Los Estados deben favorecer el impulso de estos procesos”, subrayó el mediador, pues considera que sin la facilitación o intervención de las autoridades la tregua no tiene futuro.
No obstante, Mijango dijo sentirse desilusionado de que las autoridades hondureñas no hayan mostrado mucho interés en copiar una tregua como la que se realiza en El Salvador, pues “intercambiamos correos electrónicos y teléfonos y todavía nadie se ha comunicado conmigo”.
Diferencias
La realidad de las pandillas en Honduras es algo distinta a la de las salvadoreñas, ya que en la nación muchos mareros forman parte de bandas del crimen organizado, principalmente narcotraficantes, mientras que las maras del vecino país actúan por cuenta propia en la mayoría de los casos.
Es así que mientras las pandillas de Honduras trabajan para los narcos en labores como sicariato o tráfico de drogas, las de El Salvador pelean territorio con los capos.
Estas diferencias han hecho que expertos consideren que poner en práctica un alto a los enfrentamientos entre las pandillas no tendría los mismos resultados, pero Mijango cree que sí.
“Aun teniendo cada uno (pandillas de Honduras y El Salvador) realidades diferentes, en lo que concierne al fenómeno de pandillas yo sí creo que se puede replicar”, ya que ambos grupos tienen la característica de su origen: pobreza y exclusión social, consideró Mijango.
“No es que se pueda (establecer un acuerdo de paz), sino que se debe”, acotó.
El acuerdo de paz de las mencionadas pandillas comenzó a ejecutarse en marzo de 2012 y hoy, 134 días después del inicio de ese proceso, los homicidios bajaron a cuatro por día versus 10 que sucedían antes del pacto, valoró Mijango.
En Honduras el promedio de muertes es de 18.1, según el Observatorio de la Violencia de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras (UNAH).
De igual manera, se eliminaron los cobros de 50 dólares o menos en concepto de “renta” o extorsión de parte de los pandilleros, una exigencia que en Honduras se conoce como “impuesto de guerra”.
¿Tregua o farsa?
La tregua de las pandillas es exclusivamente entre sus miembros, un pacto de no agresión, pero la población salvadoreña sigue siendo víctima de las acciones criminales de estas organizaciones.
Entendidos en la materia, como el exdirector de la Policía Nacional de El Salvador, Rodrigo Ávila, señaló a EL HERALDO que la reducción en las muertes violentas no es real, ya que, literalmente, los pandilleros entierran las pruebas.
“Los pandilleros han cambiado su modalidad, porque las víctimas las matan y las desaparecen”, por lo que se genera la impresión de menos muertes.
La prensa salvadoreña llena páginas con crónicas en las que se describen asesinatos de jóvenes a manos de pandilleros.
Solo la semana pasada fueron encontrados cinco cuerpos en la colonia Las Colinas, de San Salvador, de estudiantes que habían desaparecido hace un mes y que, según los relatos periodísticos, a estos chicos se les dio muerte porque inicialmente iban a integrar una pandilla, pero después habrían decidido formar su propia banda.
El exfuncionario dijo que las pandillas no pueden ser señaladas de otra forma que como grupos del crimen organizado, porque así operan. “Tienen grupos de apoyo, tienen un modus vivendi de las actividades criminales”, acusó.
El gobierno salvadoreño niega que sea un actor protagónico y directo en la tregua y asegura que solo es un mero facilitador de la conciliación.
No obstante, el Poder Ejecutivo salvadoreño, específicamente la secretaría de Justicia, es criticada por considerar que ha autorizado ciertas prebendas a peligrosos pandilleros que están presos por haber ayudado en el cese de violencia.
Cuando inició la tregua, unos 20 mareros que estaban confinados a celdas de máxima seguridad fueron reasignados a celdas de mínima seguridad y de igual forma se habría permitido que tengan acceso a teléfonos celulares y visitas conyugales.
“Toda persona por muy mala que haya sido merece el perdón de Dios y la oportunidad de reinsertarse, pero esa es en su calidad de individuo y no como miembro de un grupo que mantiene su identidad criminal y que pide prebendas y que exige que la sociedad les dé concesiones, esto para mí es terrible”.
“Estoy plenamente de acuerdo con que se haga una tregua, pero una tregua en la que se legitime a las pandillas”, reclamó.
Por esa razón, el exministro de Seguridad salvadoreño considera que la postura del gobierno ha sido la de intervención directa en la mediación y eso se puede entender como que negocia con los mareros.