Cuando un gobierno se involucra en una negociación entre grupos criminales corre el riesgo de servir de plataforma para que las entidades delictivas se fortalezcan y aumenten su poder, consideró el exministro de Justicia y Seguridad Pública de este país, Francisco Beltrán (1999-2003). Definitivamente, dice Beltrán, un trato de pacificación de pandillas, es positivo desde el punto de vista que se genera una reducción de muertes, pero cuando el Estado juega un rol más allá de un facilitador del diálogo, termina por perder el control de la seguridad.
EL HERALDO entrevistó al Francisco Beltrán en su casa de campo en el Cerro Verde, volcán salvadoreño, para conocer sus puntos de vistas con relación al acuerdo de paz entre maras y las implicaciones que ello conlleva. Este es su análisis sobre el tema:
¿Qué opinión tiene del proceso de tregua entre pandillas en El Salvador?
Es una tregua entre pandillas, no lo podemos ver que sea una tregua con la sociedad, lo que ha sucedido es que, de alguna manera, por medio de diferentes mecanismos, las pandillas han llegado a un acuerdo de no matarse entre ellos. El que no exista lucha entre bandas es una ventaja porque los delitos vuelven a nivel de normales, el ciudadano se beneficia y disminuyen las muertes colaterales.
El problema del acuerdo salvadoreño es que al parecer el Estado ha servido de avalista del proceso y ha tomado acciones propias para beneficiar el proceso, a mí me parece que eso es jugar con fuego, lo que se menciona es que parte de las responsabilidades del Estado salvadoreño han sido disminuir el nivel de (medidas) seguridad de las cárceles en donde estaban los jefes de pandillas.
La excusa que usaron es que los jefes iban a tener capacidad de dar órdenes fuera de los penales (para dar instrucciones en el proceso de tregua), pero uno lo que siente es que el Estado ha abandonado su rol y se ha declarado como incapaz de poder enfrentar el problema desde su propia perspectiva.
¿La reducción de muertes es lo único positivo y lo demás son perjuicios?
Hay un elemento positivo si la autoridad hace lo que tiene que hacer, no me consta porque no soy parte del equipo, pero uno de los elementos positivos es que las líneas de mando de las pandillas se hacen evidentes y eso permitiría a una inteligencia policial poder entender mejor cómo trabaja la pandilla y tener herramientas para desarticular.
¿Usted explica que la tregua puede generar una megapandilla al fusionarse las dos maras?
Exacto, puede que en este momento les resulte comprensivo que no necesiten pelearse territorios y lo que necesitan es dividirse territorios y continuar con sus mismos delitos, es decir que las extorsiones continúan, los asesinatos por no pagar extorsión continúan, el sicariato continúa... Lo que puede pasar es que las pandillas pueden decir, mira, nos juntamos, hacemos una única fuerza, hacemos un Estado mayor nuestro y eso les permitiría tener un margen de acción más fuerte. Recuerda que estas pandillas son regionales, no solo es salvadoreña; lo que le funcione bien va a funcionar bien en Los Ángeles, en Honduras y le va a funcionar en Guatemala y México y pudiéramos estar frente al surgimiento de una organización de un alto poder.
Hasta ahora las pandillas son vistas como organizaciones irregulares y que las organizaciones delictivas (bandas de narcotraficantes) tienen miedo de darles armas largas a los miembros de las pandillas porque las consideran demasiada loca.
Pero qué pasa cuando la pandilla madura y cuando ya se acuerda fusionar y tiene una única lógica.
¿Puede haber un trasfondo en un acuerdo de tregua?
Hay un fenómeno de carácter cultural generacional, y es que los líderes están llegando a una edad en donde sus hijos en etapa en la que ya tienen que estar en la pandilla y lo que les toca es, según la lógica actual, es ir a la cárcel o morir. Entonces, hay quien dice que el propósito de los líderes de las pandillas en todo este proceso es darles a sus hijos un panorama distinto.
Es algo como lo que sucedió con la mafia, iniciaron como una mera pandilla que daban golpizas y fue creciendo en calidad, de repente ya era financistas, lavadores de dinero o tenían otros negocios, y creo que una de las cosas que puede suceder después de este fenómeno es que la pandilla suba de nivel, tanto social como delincuencial.
Poco antes de los anuncios de paz se publicó un artículo al que no se le dio mucha importancia, en el que decía que las pandillas iban a abandonar los crímenes que les generan costo político y que iban a emigrar a crímenes de más alto nivel, es decir que no iban a extorsionar al dueño de la tienda, pero iban a extorsionar al dueño de la industria.
¿El gobierno ha tomado parte en la tregua sin declararlo?
El gobierno tiene un doble discurso, dice que no tiene nada que ver con el tema, pero viene el señor (José Miguel) Insulza (secretario general de la OEA) y lanza una campaña diciendo que está respaldando al gobierno en el proceso de paz. ¿Estamos o no estamos? Yo, en lo personal, creo que el gobierno sí está muy involucrado, que ha negociado con ellos.
¿Cree que el acuerdo de paz es un pacto mafioso?
Yo creo que sí, es un pacto mafioso, es un pacto entre pandillas para que entre sí dejen de matarse. Si fuera solo un acuerdo entre ellos (pandilleros) respaldados por el señor Mijango o quien sea está bien, es algo que disminuye los muertos, pero resulta que para que eso suceda el gobierno tiene que ceder. Si por ejemplo, el acuerdo implica decidir dónde puede entrar (hacer vigilancia) la Policía y dónde no, eso ya lo veo muy peligroso.
Si las pandillas 18 y 13 quieren fusionarse ¿en cuánto tiempo se revelará ese fenómeno? Eso tendría que ver con las elecciones, (en El Salvador) porque ahí vamos a ver si las autoridades siguen con el proceso.
¿Aconsejaría que otros países imiten un acuerdo de paz entre pandillas?
Respaldado por el gobierno no, definitivamente no, si se trata de que las pandillas dejen de matarse entre ellos, pues en la medida que se logre, bien. El hecho que alguien sea pandillero y lo maten no es una cosa buena. El problema de las batallas entre pandillas es que hay muertes de inocentes y esa muertes inocentes son las que justifican potenciar un acuerdo, pero potenciarlo no quiere decir que (el gobierno) sea parte del acuerdo.
Cuando la Policía sabe de un conflicto entre maras, manda sus señales necesarias de que no es bueno que se maten y les manda todo lo que tenga que hacer, las señales buenas y las malas, si es necesario, habla con los líderes de las pandillas va y habla, pero no pasa por acuerdos institucionales de por medio, eso de que hayan movido reos de las cárceles de máxima seguridad a las de mínima seguridad, esa fue una concesión altísima dada por el gobierno.
Olvidémonos de las pandillas, pongamos un ejemplo, una negociación con las mafias en Roma ¿hace sentido eso? o los carteles mexicanos ¿hace sentido eso?
Distinto son las negociaciones por temas políticos, como el tema de (Álvaro) Uribe (expresidente de Colombia) que les dio concesiones a las defensas civiles para que se entregaran, pero eran grupos políticos, obviamente, cometían asesinatos, pero eran un grupo con un objetivo político y a las pandillas no las entiendo como grupo político, dentro de su lógica no está la toma del poder político.
Me parece bueno que la fuerza civil haga todo lo posible para frenar las muertes en Honduras, en Guatemala, en México, en El Salvador, que la Iglesia ayude, eso es bueno; pero que el Estado sea parte de los negociadores eso es malo, porque está reconociendo un megapoder y, segundo, está potenciando un supermegapoder.