Encendieron la luz para alumbrar su camino y ahora esa llama se resiste a apagarse. Es el brillo que alumbra a miles de mujeres víctimas de la violencia doméstica.
Se trata de la producción de velas aromáticas con las que la organización Acción para el Desarrollo Poblacional (ADP) obtiene recursos económicos que le permiten seguir apoyando a la féminas más desvalidas de la sociedad.
Es así como nace La Luciérnaga, una esperanzadora microempresa dedicada a la producción de velas aromáticas decorativas artesanales, que sus trabajadoras califican como una luz de esperanza para ayudar a las más desvalidas de la sociedad.
“En ese tiempo en Honduras (1998-99) nadie producía velas, todas eran importadas, y las que se comercializaban en el mercado eran exclusivas para eventos donde asistían personas reconocidas de la sociedad o en las bodas”, indicó Jorge Guerrero, gerente administrativo de ADP.
Velas para todos
Antes del año 1999 no era muy común utilizar velas aromáticas en la decoración del hogar, pero cuando La Luciérnaga inició sus operaciones se comenzó a vender el producto en diferentes negocios de artesanía y hoteles, lo que popularizó su uso.
Gracias a la popularidad alcanzada por la calidad de las velas y los diseños innovadores, a los tres meses se convirtió en una microempresa autosostenible, y generaba los recursos económicos para mantener la casa refugio, tanto así que se mantuvo con fondos de esta pequeña microempresa hasta 2007, año en que fueron víctimas de un incendio que arrasó con la empresa y la casa refugio. Pero su luz no se apagó.
En ese momento la directiva de ADP no se sentía en capacidad para abrir un nuevo albergue, sin embargo, La Luciérnaga siguió iluminando, y a la fecha continúa la producción de velas artesanales, cuyos ingresos económicos son utilizados para ayudar a mujeres desvalidas. Las ganancias obtenidas de la venta de estas velas son destinadas a microcréditos que les permiten a estas féminas formar su propia microempresa, también se ofrece ayuda emocional, psicológica y legal en caso de que lo soliciten.
Una gran empresa
Dora de Sarmiento, coordinadora de La Luciérnaga, comentó que desde el inició la idea fue convertir a esta microempresa en una gran empresa, un reto difícil.
La Luciérnaga comenzó a exportar velas en 2002, convirtiéndose en la segunda microempresa aceptada por la Organización Mundial del Comercio Justo de Honduras. La primera fue la empresa de mujeres que produce semillas de marañón en la zona sur, como socias.
Así, La Luciérnaga se convirtió en la primera microempresa de mujeres que exportó bajo el catálogo de UNICEF a países como Estados Unidos, Corea, Italia, Suiza y España.
“Entre 2004 y 2008 nos estaba yendo muy bien”, recuerda Dora de Sarmiento, quien lamentó la llegada de una crisis económica mundial que se juntó con la crisis política que vivió Honduras en 2009.
Esto representó una baja en las ventas, Estados Unidos -que era uno de nuestros principales mercados- dejó de comprar y solo recibía el 30% del producto que nos compraba, igual bajaron las ventas en el mercado nacional, y hasta este tiempo seguimos luchando para mantenernos en el mercado, agregó.
Al cerrar el albergue, La Luciérnaga comenzó a seleccionar mujeres con algunas capacidades especiales en los procesos de producción de las velas. La producción de estas requiere de algunos conocimientos y habilidades.
A la fecha, algunas de las empleadas son mujeres que estuvieron protegidas en la casa refugio, las que no fueron seleccionadas son llamadas en caso de necesitar apoyo para incrementar el volumen de producción.