Honduras

Honduras: Hijos purgan las penas de sus madres en prisión de Támara

EL HERALDO entró al mundo en el que viven los hijos de las reas en la Penitenciaría Nacional de Adaptación Social para conocer cómo viven, qué tipo de riesgos atraviesan y cómo se intenta hacer más visible su situación

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07.04.2014

Acordonado entre peluches, “Miguel”, un enorme nene de casi tres años y más de 45 libras de peso, degusta un refresco de cola y una fritura sobre su cama.

“¡Ahí está mi papi!”, dice con emoción este infante al señalar el retrato donde aparece en cuclillas su progenitor, a quien no puede ver todos los días debido a que purga una pena por secuestro en la Penitenciaría Nacional Marco Aurelio Soto, en Támara, Francisco Morazán.

A quien “Miguel” tiene de cerca para que lo mime y lo cuide es a su madre, pero la realidad de ella también está sumergida entre paredes y barrotes ya que ha cumplido 11 de 13 años a los que fue condenada por privación de libertad de una persona.

Así es, el pequeño “Miguel” ha vivido sus casi tres años de vida entre celdas y prisioneras, al igual que otros 9 hijos de reas de la Penitenciaría

Nacional Femenina de Adaptación Familiar (PNFAS), en el mismo valle de Támara.

En total son 4 niños y 6 niñas las que tendrán que pasar parte de su infancia en un mundo para criminales.

En la PNFAS están recluidas 280 mujeres, pese a que ese centro fue construido para una capacidad de 150 prisioneras.

El universo de los párvulos se resume a puertas con travesaños de hierro y paredes con serpentinas de donde de vez en cuando logran salir.

La realidad de los infantes se ha comenzado a disimular un poco al habilitarse el Hogar Casa Cuna, un sitio dentro de la cárcel exclusivo para ellos y sus madres, pintado con vivos colores y figuras de Mickey Mouse y Winnie The Pooh por doquier, una instalación remodelada gracias al financiamiento de la Unión Europea, Dakita y otras organizaciones.

Difícil situación

EL HERALDO visitó la PNFAS para testimoniar la situación de estos niños, sus dificultades, la forma en que se trata de palear su dura realidad, los impasses para cumplir estas metas y algunos logros dentro de su formación .

Las autoridades de la Comisión de Transición de los Centros Penales y la administración de PNFAS hacen malabares con los recursos para poder suplir las necesidades básicas de las reclusas y de los infantes.

Pero no siempre el dinero ajusta. Periódicamente se presentan problemas para dar alimentación y asistencia sanitaria a los infantes.

De las 10 madres que viven con sus hijos, seis logran que sus familiares les den algunos víveres, especialmente cuando sus parientes habitan en la capital.

Pero hay otras cuatro que han sido trasladadas desde otros penales a PNFAS y sufren lo indecible cuando no tiene dinero para comprar medicamentos o poder cambiar el limitado menú de arroz y frijoles para sus pequeños.

“Ahorita los frijoles que están dando son duros, ya con gorgojos, es una alimentación que no es apta para ellos. Muchas madres no tenemos cómo, porque muchas de ellas no tenemos visitas y queremos que nos ayuden”, dice una reclusa que hace 6 meses ingresó a ese centro penal con su hija que hoy tiene 16 meses y cuyo padre también está preso por “un delito” que hizo, relata la prisionera.

Tal es el caso de Claudia, una reclusa madre de una niña de seis meses enviada a PNFAS desde la prisión de Danlí, El Paraíso, quien ruega por regresar a su antigua cárcel para poder estar cerca de su familia y que así le puedan suplir algunas carencias.

“Me quiero ir, tal vez en unos tres meses me voy, me han dicho, porque acá no tengo ayuda”, manifiesta la reclusa de aspecto famélico.

El presupuesto de 2013 para la alimentación de los reos en los 24 centros penales es de 13 lempiras por día, lo que implica que se asignaron 4.33 lempiras por cada tiempo de alimentación.
Pero en el caso de los menores la situación es peor porque no hay un fondo especial para su alimentación.

Estado de salud

La asistencia en salud es un poco mejor, normalmente hay algunos fármacos para fiebre o diarrea o gastritis a disposición para cuando los infantes se enferman.

Los menores son atendidos por la doctora Martha Montero, la misma que revisa a la población adulta, quien asegura que la población infantil recibe todas sus vacunas y una vez al mes se recibe la visita de personal del centro de salud Alonso Suazo para inspeccionar a los niños.

No obstante, hay períodos de carencias en los que simplemente los botiquines están vacíos, confiesa la profesional de la medicina.

“Medicamentos el Estado no da, nosotros conseguimos muestras médicas y solventamos el problema porque en realidad son pocos niños y no es mayor la demanda”, confiesa la doctora.

“A veces tenemos carencias de medicamentos porque a veces no siempre hay, a veces compro de mi salario”, asegura.

En el caso de las madres que dan pecho a sus hijos, éstas reciben avena y leche por medio de fondos de la administración de PNFAS.
Admiten descuido

El director del Instituto Penitenciario, Santos Simeón Flores, admitió que ha existido un descuido por parte de las autoridades para atender a la población infantil que vive en PNFAS con sus madres.
“Honestamente ha habido un tipo de descuido, un descuido no porque no se quiere, sino porque nunca se ha planteado”, reconoció.

“La problemática es que el programa ha sido muy suavecito, no ha habido una alianza estratégica porque ese programa es sumamente costoso, porque no lo puede asumir un Estado pobre como el nuestro”, remarcó.

Con esa franqueza aseveró que “no existen las condiciones para que vivan en condiciones apropiadas”.

Dijo que la Comisión de Transición de Centros Penales ha hecho esfuerzos para revertir esta problemática y que en ese sentido se tratan de formalizar alianzas estratégicas con diferentes entidades para mejorar el ambiente penitenciario en general.

Dentro de su cabeza…

EL HERALDO hizo un corto experimento con la asistencia de la psicóloga de PNFAS, Mariza Castejón, para conocer el estado de ánimo de los infantes según el tipo de dibujos que realizan, una técnica de evaluación de conducta utilizada con frecuencia.

Y así, se pusieron en fila cuatro niños: “Miguel” (casi 3 años); “Laura” (2 años); “Antonio” (3 años); Gabriela (16 meses), para hacer trazos a su gusto en una hoja de papel.
Todos escogieron colores pasteles para hacer sus dibujos, lo que según la especialista denota que no se evidencia algún tipo de depresión.

“Observamos que los niños en sus garabatos utilizaron colores pasteles y utilizaron toda la página, y cuando recibieron nuestro aplauso se sintieron felices como si le estuviéramos dando un enorme premio”, indicó.

Tres de los cuatro infantes ocuparon toda la página para realizar los dibujos, pero “Antonio” apenas hizo su garabato en un pequeño espacio, algo que podría representar que requiere más afecto, indicó la psicóloga.

“Esto puede indicar que se debe de reforzar el afecto, determinar si se siente deprimido y si requiere más espacio”, explicó Castejón, quien no concluyó si ese estado de “Antonio” obedece a vivir en la cárcel.

En términos generales refirió que no se puede certificar que siempre exista un daño psicológico en el menor que está dentro de una cárcel, pero tampoco se puede asegurar lo contrario.

“Eso no lo podemos diagnosticar para todos, pero cabe la posibilidad, ya que los niños son bien receptivos en cualquier ambiente que se desenvuelvan”, remarcó.

Para mejorar el medio en que se desenvuelven los “hijos de la prisión” es necesario reforzarles valores, brindarles terapia psicológica, capacitar a sus madres en educación formal y darles talleres de algunos oficios de panadería, costura, cocina y belleza, entre otras, recomendó.

“Reconozco que no estamos al cien por ciento pero cabe mencionar que si antes no se les daba la importancia, en este momento lo estamos haciendo, poco a poco, ya que no contamos con presupuesto para realizarlo. La Comisión de Transición está al pendiente de todas las necesidades del centro y contamos con todo el apoyo”, apuntó.

Entre esos esfuerzos que se hacen a fin de que la cárcel sea menos traumática para los infantes está el Hogar Cuna donde se acondicionó un cubículo para que funcione como nursery y así realizar estimulación temprana para ellos.