De acuerdo con el último Informe Nacional de Rendimiento Escolar de la Secretaría de Educación (2010), los hondureños tienen motivos para preocuparse.
Más aún si se recuerda que los niños que hoy cursan la primaria serán personas con necesidad de trabajo dentro de 10 a 15 años.
Según datos del Instituto Nacional de Estadísticas (INE), existen 2,114,366 menores de nueve años en Honduras, que conforman el 26% de la población del país.
El rendimiento promedio de los niños en primaria es inferior al 60% tanto en español como matemáticas, que son “las áreas del conocimiento clave para poder aprender todas las demás asignaturas”, de acuerdo con Jeff Lansdale, un estadounidense que ha trabajado durante más de 20 años como experto en educación en Honduras.
“Es posible que el problema se encuentra en el bajo número de horas clases que reciben los alumnos; que los libros de texto y ejercicio no llegan como deberían a los alumnos; y que en algunos casos los estudiantes no encuentran suficiente apoyo en su familia a causa del bajo nivel educativo de los padres o falta de valoración de la educación como una necesidad en la crianza de los niños”, de acuerdo con Edwin Moya, director de Educacción.
Español
En medio del bajo rendimiento, el promedio que mantienen los alumnos en español es 7 puntos superior al rendimiento en matemáticas. Haciendo un balance de todos los resultados entre el primero y el sexto grado, el alumno promedio de la educación primaria pública domina el 57% de los conocimientos enseñados en esta materia.
Según este estudio, el desglose de los promedios por grado entre el primero y el sexto año escolar es el siguiente: primer grado 54.1%; segundo grado 52.4%; tercer grado 50.8%; cuarto grado 64.9%; quinto grado 61.7%; y sexto grado 60.3%. De esta manera, el puntaje promedio de los alumnos se mantiene más o menos estable desde que inician la primaria hasta que la terminan.
Matemáticas
La situación con matemáticas, por el otro lado, refleja un descenso en la medida en que el alumno va avanzando en su formación. Únicamente un 50% de los conocimientos de matemáticas enseñados en la primaria son comprendidos por los estudiantes. De acuerdo con este estudio, el aprendizaje de las matemáticas baja drásticamente en la medida que el alumno avanza en su formación.
Los resultados son los siguientes: primer grado 73.1%; segundo grado 53%; tercer grado 52.3%; cuarto grado 41.4%; quinto grado 38.5%; sexto grado 36.8%.
Esto refleja que el alumno va teniendo dificultades para comprender conceptos más desarrollados, a partir de la base de conocimiento que va obteniendo desde el primer grado.
De cara al futuro, estos bajos resultados representan un problema, ya que la habilidad para manejar los números y las letras son la base para poder aprovechar la educación secundaria o posiblemente alcanzar una formación técnica o profesional después.
Material de enseñanza
Una de las posibles causas del bajo rendimiento de los estudiantes hondureños es la falta de libros de texto y ejercicio.
Al conjunto de libros de texto y de ejercicios que se usa en el sistema educativo público a nivel básico se le conoce como DCNB (Diseño Curricular Nacional Básico).
Consiste en una serie de herramientas de enseñanza que acompañan al niño en todo su proceso de aprendizaje, y son, junto a los maestros que les enseñan, el punto de apoyo que tienen los niños para entrar en contacto con los conocimientos que están aprendiendo, y ponerlos en práctica a través de ejercicios.
“El contenido de los libros que se enseñan en la educación básica en Honduras es muy bueno. El currículo de matemáticas, por ejemplo, fue desarrollado por la Cooperación Japonesa y posiblemente es mejor que el que se enseña en el sistema público de Estados Unidos”, de acuerdo con Jeff Lansdale, quien ha vivido de cerca el proceso de transformación y reforma de la educación en Honduras que ha implementado la Secretaría de Educación como parte de los Objetivos del Milenio.
Pero, ¿y los libros?
Sin embargo, a pesar de contar con un excelente material para la enseñanza, en numerosas aulas del país los maestros enseñan sin suficientes libros para la cantidad de alumnos que tienen a su cargo, o incluso utilizando libros de texto y ejercicio de años anteriores, a los que se les borran los ejercicios escritos a lápiz año con año. En los peores casos, el profesor enseña sin libros.
De acuerdo con el profesor de cuarto grado Carlos Licona, de la escuela Las Américas del Distrito 9 de Tegucigalpa, esta situación perjudica el aprendizaje de sus alumnos. “Ellos solo manejan libro de texto de matemáticas y libro de texto de español. Pero también tienen libros de trabajo.
No podría decirle con cuál nos va mejor porque no tenemos cuadernos de trabajo. En realidad es un lío engorroso para uno de que existan libros que requieren cuadernos de trabajo y no los tenemos”.
Desde el punto de vista de Licona, aunque el gremio de los maestros es el más señalado en el país como el principal responsable por el mal rendimiento del sector educativo, nadie sabe si los profesores cuentan con el suficiente material para hacer bien su trabajo: “el desafío del docente es dar clases con libros de años anteriores o sin libros. Eso hace que asignar tareas sea también un desafío”.
“La desventaja es para los estudiantes, porque ellos van a realizar una evaluación sobre diferentes ítems que no han desarrollado en una guía de trabajo por la misma falta de material didáctico”, concluye este maestro.
Licitación, impresión
y distribución
De acuerdo al investigador del sistema educativo y profesor de la Universidad Pedagógica de Honduras, Russbel Hernández, hay dos retos fuertes para hacer llegar los libros de texto y ejercicio a las aulas: la impresión y la distribución.
“Uno es la impresión de los materiales, que el gobierno debería estar haciendo entre junio y octubre de cada año. Evidentemente un reto fuerte es hacer la impresión por grado. Lo que se ha estado haciendo es una licitación de todo el volumen de los nueve grados de educación básica. Eso significa un gasto de 100 millones de lempiras, solo para los libros de matemáticas. Y la misma cantidad para los libros de español”.
“Actualmente está la licitación de los libros de textos de matemáticas y español supuestamente para el año 2012, que acaba de comenzar en febrero. Esa licitación comenzó el mes pasado. ¿Cuándo va a terminar el proceso de licitación? Junio y julio. ¿Cuándo se va a tener el material de nuevo? En agosto”.
De acuerdo con el profesor Hernández, “eso implica una licitación que lleva 6-7 meses, por la misma lógica burocrática que lleva el Estado. Lo que implica que hay que hacer que el proceso cierre la licitación a lo sumo en junio y agosto de cada año, para que ya en noviembre y en diciembre estén listos los materiales, y que en enero, antes de que empiecen las clases, se puedan distribuir.
Es entonces cuando el segundo reto tiene lugar. “Como el primer punto, que es la impresión, falla, se afecta la distribución”. La distribución es un distinto mecanismo. La Asociación de los Padres de Familia (APF) puede ir a las distritales a traerlas. El otro proceso, que es que las distritales se encarguen de dejarlas en la escuela, no es viable porque las distritales no tienen un presupuesto asignado para hacerlo.