Honduras

Audio: 'A uno lo venden... le consiguen una cita y se quedan con la mitad”, así funciona la prostitución en las redes sociales en Honduras

Las operaciones las realizan utilizando perfiles falsos para protegerse de ser descubiertas por sus amigos o familiares, ya que este trabajo lo hacen en las sombras, amparadas en la tecnología

FOTOGALERÍA
06.03.2019

TEGUCIGALPA, HONDURAS.- Antes de contar su testimonio se arregló el pelo hacia atrás, luego se sentó a un costado de la cama del motel y corrió su corto vestido para taparse.

Al principio parecía nerviosa, pero luego con voz firme y con un poco más de confianza, la jovencita de 19 años -a quien llamamos “Mary”- comenzó a relatar cómo funciona la prostitución en las redes sociales.

“Hay páginas como en la que usted me encontró que dice ‘Chicas prepago’ y uno sola se hace publicidad en los muros”, comenzó contando su historia.

Su teléfono, que es su principal herramienta de trabajo, estaba a un costado.

Al ver la oferta en las redes sociales los hombres las contactan, pero una chica prepago primero se percata si esa persona tienen fotografía de perfil o información, porque puede ser alguien que no tenga buenas intenciones, advierte.

Algunas trabajan por sí solas, pero en otros casos hay redes que se encargan de hacer la cita y la chica no sabe con quién va al encuentro.

“Hay varias personas que solo se dedican a venderlo a uno, dicen: yo te consigo cita y vos me das la mitad”, aseguró la entrevistada.

Vea aquí: Libre comercio sexual en las redes sociales en Honduras

Muchas de las proxenetas se dedican a lo mismo (prostitución), pero los clientes les dicen que quieren a chicas nuevas y generalmente son cipotas.

Explicó que para crear los perfiles usan nombres falsos, emplean correos con nombres inventados y colocan en los perfiles fotografías desnudas o en ropa interior para captar la atención de los deseosos de amor.

Así se ocultan
“Nadie sabe que me dedico a esto porque en mi página no subo nada, pero me doy publicidad en las páginas de prepagos”, narró con toda naturalidad.

En su Facebook personal solo acepta a personas que conoce y allí sí tiene fotos de ella y de su hijo, a quien debe mantener, debido a que el esposo murió.

Chica prepago

'Nadie sabe que me dedico a esto porque en mi página de Facebook no pongo nada, pero me doy publicidad en las páginas que tienen de prepago'

Al consultarle si no le da miedo exponerse a mostrar su cara a los clientes, refirió que ella manda fotografías pero vestida, ya que “desnuda las publican o las pueden viralizar”.

El problema es que muchos hombres no la contratan si no se le ve el rostro.

Mostrar es requisito en este negocio, por ejemplo, su amiga, la que ofrece chicas y que le consiguió citas a ella, les pide fotos en ropa interior y sin ella para enviarla a los clientes.

Fantasías
Por un momento su mirada se pierde en el enorme espejo de una pared donde puede ver todo su cuerpo, se calla y con voz suave asegura que ese trabajo no es fácil.

En ocasiones hay hombres que desde que ella se sube al carro la van tocando y piden que les cumplan sus fantasías.

“Toca hacer cosas que uno no quiere hacer, pero ellos pagan porque les cumplan sus deseos”, contó.

En la casa donde ella vive hay wifi o mantiene el celular con internet, porque en cualquier momento cae una llamada o un mensaje de un cliente deseoso de compañía.

La seguridad es cuestión de suerte en este trabajo, “uno no garantiza nada, solo va con la confianza que no vaya a pasar nada malo, que todo salga bien, porque nunca se sabe”.

¿Cuál es la diferencia de trabajar por medio de las redes sociales que en la calle?, se le preguntó.

A lo que contestó que no es que están protegidas, sino que solo se liberan del qué dirá la gente, pero al final corren más riesgo al subirse a un carro, porque no se sabe con quién va o adónde la van a llevar.

Consultada si hay competencia en Facebook, aseguró que “hay bastante, la verdad”.

Confesó que a ella le han ofrecido ir a trabajar a Roatán, Islas de la Bahía y hasta a Belice.

Por Facebook le prometieron trabajar en un bar y que si no tiene dinero para irse que de allá se lo mandan.

Le ofrecieron ganar con base en cada cita, pero tenía que dejarle una parte del dinero a la dueña del local.

Ella dice que la situación económica la ha impulsado a esta clase de vida, porque cuando quedó sola con su hijo consiguió un trabajo en una cocina, ganaba 150 lempiras diarios y pagaba 50 para que le cuidaran el niño, más el pasaje y la comida, no le quedaba nada.

Ella sale solo una vez a la semana para conseguir lo que necesita, es decir que con una cita de 1,500 lempiras le compra leche a su hijo y comida para ella, cuando ya no tiene nada en su casa, concerta otra cita y así va sobreviviendo.