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Cartelera alternativa, el lado B del séptimo arte en Tegucigalpa

Espacios como el FilMIN y las cinematecas de la UNAH y UPNFM son una contrapropuesta a las salas de cine comerciales y una puerta al séptimo arte independiente, nacional y de autor, que busca renacer en la capital y en el país

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29.09.2018

TEGUCIGALPA, HONDURAS.- No tienen taquilla ni una cartelera unificada. A primera vista, algunos parecen bares, cafeterías o centros culturales, pero en su interior albergan pequeñas salas de cine que contribuyen a la creciente divulgación del cine nacional, independiente y de autor. No hay límites geográficos ni cronológicos. Son espacios escondidos que, complementados con sillas convencionales, butacas amplias o bancos, sumergen al espectador en una tertulia íntima frente a una pantalla.

Durante la última década han proliferado en Tegucigalpa estos circuitos de proyección que apuestan por una oferta cinéfila diferente, heredada de la larga tradición de los cineclubes.

“La existencia del cine alternativo en el país se ha acompañado de la instauración de las salas de cine comercial, solo que con menor medida e impacto. El punto diferenciador es que capturan a los consumidores que, hastiados del bombardeo de Hollywood, quieren descubrir la visión de otros cineastas a través de un buen cine, que marque ritmos y parámetros muy alejados de la fórmula repetida que ofrecen, generalmente, los grandes estudios de la industria”, explica Darwin Mendoza, cineasta y director del programa B, del Museo para la Identidad Nacional (MIN), un espacio continuo de fines de semana de cine que desde los últimos ocho años se ha consolidado como referente de esta contrapropuesta, volcada al cine independiente universal y nacional.

“Desde 2010 en el programa hemos ido creando una plataforma para el redescubrimiento del cine más independiente e innovador. Nuestro objetivo -cada sábado y domingo a partir de las 2:00 PM- también es promover el cine nacional, de hecho durante estos ocho años del funcionamiento del programa en términos de cortometrajes sobrepasamos la proyección de 70 y los 40 largometrajes de todas las épocas”, señaló Mendoza.

Por otro lado, el proyecto apuesta por la inclusión del público infantil a través de jornadas dominicales de cine familiar que va más allá del monopolizado por las grandes industrias europeas y norteamericanas.

Sumado a ello, se ha mantenido como pionero en la proyección de cine accesible con audiodescripción y subtítulos en lenguaje de señas para personas con discapacidad visual y auditiva.

“El ciclo ‘Cine en solidaridad’ -que arrancó en 2017- invita a realizar proyecciones en compañía de personas con necesidades especiales; se seleccionan películas y se crea el ambiente propicio para lograr ver y escuchar cine en condición de igual de capacidades. Por ejemplo, en la primera etapa de este ciclo se presentaron cintas con audiodescripción y con subtítulos en señas”.

Aleatoriamente, FilMIN está orientado a actuar como un recurso o herramienta que eduque el criterio del público a través del intercambio de ideas frente a las piezas audiovisuales recién apreciadas. Con este mismo concepto partió en octubre de 2017 el Cine Club Nómada, liderado por Santiago Cerna y Ramón Hernández.

“Somos un espacio que cultiva el conocimiento y una mayor comprensión de las artes cinematográficas y audiovisuales en sus aspectos técnicos, dirección de arte, etc. Intentamos botar esa costumbre de recibir las tramas ya masticadas al estilo Hollywood con buen cine de autor, no comercial y con una fuerte apuesta a la producción latinoamericana”, explicó Ramón Hernández, encargado de la programación del espacio.

El circuito, ubicado en la colonia Alameda, únicamente realiza proyecciones los viernes a partir de las 7:00 PM a un costo simbólico de 35 lempiras.

El Centro Cultural de España en Tegucigalpa (CCET) es otro de los referentes de esta modalidad. Desde su nacimiento en 2007 se ha dedicado a propulsar el cine español e iberoamericano con proyecciones gratuitas continuas cada miércoles y viernes a partir de las 6:30 PM. Además, promociona las producciones nacionales de la mano de festivales de cine como Ícaro Honduras y el Festival Internacional de Cortometrajes EL HERALDO.

Otras propuestas activas con programación regular en la capital son Glenn’s Bar, el Cine en la Salita de Casa Quinchon, la Casa Cultural Boca Loba, Nueva Acrópolis Tegucigalpa, Café Paradiso, Alianza Francesa y sedes diplomáticas como las embajadas de Brasil, México y República de China (Taiwán) en Honduras.

En la misma línea, pero con un concepto más completo y permanente que los cineclubes, destacan la Cinemateca de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras “Enrique Ponece Garay”, con un patrimonio de 3,000 producciones hondureñas, y la Cinemateca de la Universidad Pedagógica Nacional Francisco Morazán (UPNFM), con una colección que asciende a las 4,000 piezas, en su mayoría de cine norteamericano. Esta última, con una capacidad para 110 personas, mantiene presentaciones permanentes entre las programadas por los maestros de la UPNFM sobre diferentes temáticas, actores y directores. Está abierta al público, generalmente gratuita, a las 4:00 de la tarde.

Aunque el cine alternativo ha coexistido a la par de la cartelera convencional, sus desafíos son grandes. A criterio de los propulsores, el principal reto para la subsistencia de estos circuitos es lograr que el público promedio se desarraigue de las costumbres hollywoodenses y mire el cine no solo como entretenimiento, sino como una herramienta cultural que permite conocer algunos elementos de la condición humana a través de la imagen y del sonido, enriquecido con las bellas artes para tratar de impactar al intelecto y a la emoción. “En promedio, los asiduos del cine alternativo vienen siendo conocedores del sector, a partir de ahí nuestro primordial reto, como promovedores del cine no comercial, es atraer a las masas. Enseñarles que hay mucho más que las tramas de receta, que hay producciones atractivas aun siendo complejas y cine que te hace pensar”, enfatiza Darwin Mendoza, director del FilMIN.

En concordancia, Ramón Hernández, cofundador de Cine Club Nómada, apunta que el rumbo de estos espacios es cultivar un público con una visión crítica, “que no sea pasivo y opine sobre lo que ve en pantalla”. Por otro lado, el cine alternativo debe encontrar el camino a la descentralización, abarcar más ecosistema y expandirse a más regiones del país. “Tegucigalpa siempre se ha movido a nivel cultural en este tipo de actividad que no genera una ganancia económica, sino que cultiva el acervo, el problema está en que estos esfuerzos no se han expandido a más departamentos y, por consiguiente, la audiencia se limita”, explica Mendoza.

Finalmente, este cine se comunica a través de un aviso en un mural o se propaga mediante el boca a boca o a través de la difusión huracanada de las redes sociales, el paso a corto plazo es “plantarle cara a la promoción abrumadora del cine comercial y expandirnos a más canales en busca de captar mayor audiencia, sumado a una unificación de la cartelera”, dijo Mendoza.