Caos vial empaña los 448 años de Tegucigalpa: "El transporte es inseguro, es llevar el alma en la mano"
Tegucigalpa enfrenta una deuda con sus habitantes, pues su sistema de transporte no responde a las necesidades de una capital cada vez más poblada. La AMDC afirma que parte del tráfico es por obras que realizan
- Actualizado: 27 de septiembre de 2026 a las 23:30
Tegucigalpa, Honduras.-A las 4:45 de la mañana, Jahir Martínez ya está de pie. Se baña con agua helada —no hay tiempo de esperar a que caliente— porque el tráfico no perdona a nadie.
Tiene 25 años. Vive en la salida al sur y hace unos meses tomó una decisión que creyó que le devolvería tiempo: comprar un carro al crédito que todavía debe al banco. Antes andaba en bus, pero se cansó del atraso, el peligro y el mal servicio..
“Nadie me dijo lo costoso que es tener un carro”, dijo en diálogo con EL HERALDO Plus, mientras reía, aunque no le hacía gracia. Entre la cuota, el combustible y los baches del anillo periférico, el carro que iba a ahorrarle tiempo y dinero le exige más de ambos.
Jahir es uno de los conductores que cada mañana convergen en uno de los puntos más congestionados de la capital. Detrás del embotellamiento hay una cuenta histórica sin resolver: una red vial con 841 kilómetros pavimentados y una capacidad calculada por la Alcaldía en 250 mil vehículos, pero diariamente circulan más de 900 mil, casi cuatro veces su capacidad.
Solo el Distrito Central tiene un parque vehicular de 825,496 vehículos —el 24.39% de las unidades en el país—, según el Instituto Nacional de Estadística (INE).
Este es el principal problema para Jahir, porque si el tráfico lo alcanza llega tarde al trabajo y pierde la oportunidad de hacer horas extra.
Cuando su turno en un call center del bulevar Suyapa termina, a las siete de la noche, el regreso puede tomarle hasta dos horas. “Es un desgaste en todos los sentidos”, lamentó, “uno debe elegir entre dormir o distraerse para desestresarse”.
Parque vehicular
- La capital experimenta un rápido crecimiento del parque vehicular. Las proyecciones de la comuna capitalina apuntan que para finales de 2026 habrá más de un millón de vehículos circulando por las calles de una ciudad hecha para 250 mil.
- De acuerdo el INE, en Tegucigalpa vive más del 20% de los hondureños, lo que genera un enorme congestionamiento. En la capital más de 500 mil utilizan los buses y los taxis como transporte diario.
Una ciudad sin planificar
Y es que las largos colas hacen que los principales accesos de Tegucigalpa colapsen diariamente. Un vehículo tras otro avanzando lentamente, bocinas sonando de desesperación, mientras algunos policías dan vía con la intención de agilizar la movilidad de los automotores.
Todo esto es lo que observó el equipo de EL HERALDO Plus en un recorrido por la capital.Ese caos no es una anomalía, es la rutina de una ciudad que, al cumplir 448 años, administra su presente con infraestructura de otra época. Marco Carrasco, gerente de Movilidad Urbana de la Alcaldía Municipal del Distrito Central (AMDC), calculó que el parque vehicular superará el millón antes de que termine el año.
“Si no modernizamos el transporte público y no nos adueñamos como municipalidad, seguirá siendo deficiente y peligroso, y fomentará la compra de más automóviles”, advirtió.
La comuna aseguró haber intervenido 25 de 101 puntos críticos de congestionamiento vial, aunque buena parte del caos responde a obras abiertas en las salidas capitalinas. “Se va a encontrar tráfico siempre porque se está trabajando con maquinaria; Movilidad Urbana está lista para canalizarlo”.
La salida al sur, el oriente de Honduras, la colonia Kennedy, la 21 de Octubre, así como el anillo periférico son algunos de los puntos donde la comuna trabaja, aunque el tráfico es apenas uno de los problemas.
“Vamos a empezar a coordinar y colaborar en temas de movilidad urbana para mejorar el tema del tráfico en semáforos, en seguridad en los parques, en el centro histórico”, dijo en redes sociales el alcalde Juan Diego Zelaya el pasado 25 de septiembre.
Andar en bus
A pocos kilómetros del bulevar Suyapa, otros capitalinos hacen la misma ruta que Jahir sin carro propio. Según el Instituto Hondureño de Transporte Terrestre (IHTT), cerca del 40% de la población de Tegucigalpa —unas 536,931 personas— se mueven a diario en transporte público, en más de 65 rutas.
Los mueven unos 2,300 buses urbanos legalmente, más una flota de taxis que la triplica: entre 7,500 y 8,500 unidades legales.
Carlos Chavarría lleva más de cincuenta años transportándose en esos buses: “El transporte urbano es una inseguridad total. Subirse ahí es llevar el alma en la mano”. Recordó que “siempre con la promesa de que van a mejorar (aumentan la tarifa), y es mentira. El más pobre es el que sufre”.
Charles Artavia, bombero jubilado, describió una escena que casi medio millón de capitalinos vive: quince o veinte personas de pie, el cobrador gritando “córrase, córrase” para sumar otra fila, mientras el bus va “hasta el tope”.
Denunció que los cobradores que se suben con un aspecto descuidado y hasta “oliendo a marihuana”, mientras que los choferes se cierran el paso disputándose pasajeros, sin respetar semáforo ni carril.
“El transporte en nuestro país es el más chancho a nivel mundial”, resumió.
Recorrido
EL HERALDO Plus abordó varias unidades para comprobarlo. Antes de subir, vio buses con gente de pie, apretada, colgada de las puertas. Los llamados rapiditos manejaban a alta velocidad y competían agresivamente por los pasajeros, generando desorden vial. Muchos no se detenían en las bahías, donde tenían que bajar a la gente.
El equipo abordó un bus frente al Hospital San Felipe a las 8:20 de la mañana; la unidad no arrancó sino hasta las 8:411 —21 minutos detenida, esperando llenar más asientos— y llegó al centro de Tegucigalpa hasta las 8:55.
Recorrió apenas 3.6 kilómetros, un trayecto que en carro toma 15 minutos sin tráfico y 25 en hora pico. Caminando, una persona habría tardado prácticamente lo mismo que tardó el bus en completar el viaje: 35 minutos. Los 13 lempiras del pasaje no compraron velocidad, sino no caminar.
Tampoco compraron comodidad. Con la llegada de los rapiditos hace más de una década, cambiaron las unidades, pero no el servicio. En las calles se observan unidades con asientos sin esponja y música a un volumen hostil para el adulto mayor.
Los choferes se quejan de pasajeros que no bajan con agilidad, mientras los pasajeros de choferes que no respetan las bahías.
El taxi
Omar Andrade lleva treinta años recorriendo la ruta entre Miraflores, el Centro y La Corte Suprema de Justicia. Su experiencia lo hace saber cuáles son las horas pico.
Por ejemplo, sabe que en el tramo entre el bulevar Fuerzas Armadas y Metromall puede perder hasta dos horas, y que cuando un pasajero se molesta, es a él a quien miran mal.
“El problema parece que es nuestra cultura”, dijo. Contó que muchos policías de tránsito están más atentos al teléfono que a agilizar el paso, pero el poco tiempo que están atentos “siempre es viendo quién comete un error para sancionarlo”.
Comentó que los capitalinos confían más en un taxi de punto que en uno de calle, porque los “de ruta” tienen fama de ser blanco fácil para asaltos y, contra toda lógica, cobran más caro. Ir del Hospital Escuela al centro puede costar 80 lempiras en un taxi de ruta, frente a los 25 o 30 de uno de punto.
El tráfico decide quién vive
De regreso al Hospital San Felipe, la sirena de una ambulancia sonó sin que nadie se apartara. Un bus estaba estacionado sobre la entrada del hospital.
Omar Tróchez, el conductor, miró el reloj del tablero y dijo con indignación: “Se puede perder una vida por estar todo este tiempo en el tráfico”.
Durante la espera, confesó que más de una vez llegó diez minutos tarde, encontrando ya sin vida a la persona que debía auxiliar, todo porque los conductores no decidieron apartarse.
Junto a sus colegas, atiende entre 120 y 140 incidentes viales en ciertos días. Lo que no existe todavía, dijo, es un carril exclusivo para emergencias.
Hay, además, un costo que ningún conductor nota: el aire que se respira en la capital.
La plataforma Numbeo calculó que cada pasajero de Tegucigalpa genera cerca de 1,377 kilogramos de CO2 al año solo por sus desplazamientos en el transporte, una huella que requeriría más de 63 árboles por automóvil para compensarse.
Para contrarrestar esta situación y poner a funcionar un sistema de transporte más limpio, la comuna prometió que pondría en marcha el Trans-450 y un teleférico.