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San Pedro Sula, Honduras.- A la 1:30 de la tarde la gente va y viene entre el bullicio de un centro comercial de San Pedro Sula, al norte de Honduras. Adentro, justo enfrente de un supermercado, se encuentra un quiosco blanco con unas letras pequeñas de color verde que dicen “Medisan, salud y bienestar”.
Sí, la misma clínica que en Colombia fue denunciada por Noticias Caracol tras una investigación periodística que exponía cómo a las víctimas las hacían firmar contratos, adquirir créditos y les entregaban falsos tratamientos.
Enfrente, tres personas aparentemente jóvenes, dos hombres y una mujer, con acento colombiano se acercan a toda persona con una gran oferta: exámenes gratis para detectar enfermedades silenciosas, de esas que la gente ni se da cuenta que supuestamente las padece.
Visten trajes médicos de color negro y azul oscuro; algunos tienen tatuajes poco visibles y desde el principio muestran un trato afable, pero incisivo, y una capacidad de convencimiento que permite persuadir a todo aquel que sea posible.
Estar frente al supermercado les resulta estratégico,pues un buen número de personas que acuden a hacer las compras cumplen con el perfil perfecto para persuadirlos, adultos mayores, amas de casa o todo aquel que aparenta alguna enfermedad y está desesperado por encontrar la milagrosa cura.
El equipo de investigación de EL HERALDO Plus y LA PRENSA Premium se infiltró en puntos estratégicos del popular establecimiento comercial.
La misión era comprobar las denuncias en redes sociales y en la Dirección de Protección al Consumidor de personas molestas porque “los colombianos” les ofrecieron supuestos tratamientos naturales y curadores para todos los males, por los que pagaron miles de lempiras y terminaron siendo un engaño.
El quiosco solo es el preámbulo de toda una estructura bien montada para atraer personas. La clínica, que no cuenta con licencia sanitaria vigente para operar, está ubicada en el tercer nivel, en una zona poco concurrida, justo al lado de los estacionamientos. Tienen banners de la marca y aparatos que prometen detectar todo tipo de enfermedades.
Así corroboró el equipo de investigación EL HERALDO Plus y LA PRENSA. Dos periodistas infiltrados, que salieron del supermercado con la excusa de comprar bebidas heladas porque el calor era sofocante en San Pedro Sula, apenas avanzaron unos pasos de la puerta y escucharon una voz colombiana saludando.
“Hola caballeros, ¿cómo están? Fijense que estamos haciendo una campaña de salud de Medisan para prevenir enfermedades silenciosas, ¿ya les habían comentado?”.
Ese fue el primer escalón para lograr adentrarse a una tenebrosa red internacional de hombres y mujeres que prácticamente juegan con la salud de miles de personas, a quienes por medio de créditos o cobros onerosos le sacan cantidades de dinero por un tratamiento sin sustento científico, argumentando que todo es “natural”.
David, como aseguró llamarse el supuesto trabajador de la salud, ofreció exámenes gratis en 20 o 30 minutos con un analizador de resonancia cuántica. “Ahí miran todo su cuerpo, triglicéridos, colesterol, hígado, azúcar...” dijo en tono de expectativa.
Cuándo uno de los periodistas le consultó si sacaban sangre para hacer los exámenes médicos, contestó que no y que “todo es por medio de un escáner, solo pone la mano en el escáner y allí le aparece todo lo de su cuerpo en la computadora”.
Para acceder a las supuestas ofertas piden dos requisitos: uno es "no estar enojados" y, el segundo, poseer tarjetas de crédito o débito. "Enseñen las suyas", solicitó. "Sí son de esas", confirmó al verlas de reojo.
Como el equipo días atrás ya había hecho un acercamiento, sabía que mostrarlas era la puerta para ingresar a la clínica, por eso los periodistas accedieron rápidamente. Al verlas, David respondió que sí aplicaban para obtener los beneficios.
Una vez mostrada las tarjetas, el colombiano, de corte juvenil, sonriente y de dientes grandes, llevó por los pasillos del centro comercial a los periodistas, mientras platicaban de baleadas y de las mujeres hondureñas, a quienes tildó de “muy enojadas”. Las dependientas de tiendas y algunos guardias de negocios miraban con curiosidad o, posiblemente por pesar, como sospechando de algo extraño.
Justo cuando el equipo de EL HERALDO Plus y LA PRENSA entraba al lugar acompañado de David, un señor de lentes, de unos 60 años, salió del lugar un poco apresurado, como si no estuviera completamente convencido de adquirir los medicamentos homeópatas.
En los banner de publicidad, Medisan asegura que presta servicios de medicina general, inhaloterapia, sueroterapia, detoxificaciones, toma de muestras y exámenes de laboratorio clínico.
En las instalaciones hay una especie de recepción con muebles de sala, mostradores de café y agua, cámaras de seguridad, banner de publicidad y enfrente dos recepcionistas vestidas también con ropa de uso médico; una de ellas atendían a una adulta mayor, quien parecía bastante interesada.
Después de despacharla, una amable jovencita apareció con un talonario, solicitó el número del Documento Nacional de Identificación (DNI) de uno de los periodistas que iba como paciente, apuntó los supuestos nombres y corroboró si se portaba algún tipo de tarjeta bancaria en plástico, al parecer eso es lo más importante.
Otro equipo de EL HERALDO Plus y LA PRENSA estaba afuera de la clínica. Ellos también fueron persuadidos por las féminas que estaban en la entrada, con la excepción que sí eran hondureñas. Al verlos mucho tiempo en ese lugar sin acceder a los supuestos tratamientos, alertaron a los guardias de seguridad, por lo que se tuvieron que mover del lugar.
David mencionó que por tener tarjetas de crédito y débito daban un ticket para participar en un diseño de sonrisa. Los periodistas, quienes dijeron ser motoristas, al principio comentaron que solo uno se iban hacer los exámenes, pero la dependienta insistió y los convenció a los dos, mientras les solicitaba otros datos, como el ingreso mensual, el número de teléfono y si padecían de alguna enfermedad, para luego decir que el chequeo sería de 40 minutos por cada uno.
Segundos después apareció la supuesta doctora. Era una jovencita agraciada de unos 25 años, de estatura baja, pelo ondulado negro y de tes blanca, quien al preguntarle si también era colombiana de forma segura dijo “soy de Trinidad, Santa Bárbara”; sin embargo, su acento colombiano la delataba, aunque intentaba ocultarlo.
El equipo de periodistas fue trasladado desde la recepción por un pasillo de paredes blancas que tenían varias puertas cafés en ambos costados; todas estaban identificadas con números 1, 2, 3, dejando claro que se trataba de consultorios.
En ese mismo lugar está el área donde hacen los tratamientos, es decir, la puesta de sueros, inhalaciones y desintoxicaciones, pero solo se puede acceder a esa zona si el paciente contrata los servicios por medio de una tarjeta de crédito o pago en efectivo de cuantiosas sumas de dinero.
El consultorio es un espacio pequeño, de 1.5 por 1.5 metros aproximadamente; hay un escritorio, tres sillas (una para la doctora y dos para pacientes), una computadora, un recipiente para los lápices, una hoja en blaco, gel antibacterial para manos y una especie de bolso color negro con cerradura, donde mantienen el aparato que sirve para hacer las evaluaciones médicas.
En la pared no había títulos médicos ni permisos de operación o de regulaciones sanitarias, solo una especie de tabla o regla para medir la altura de los pacientes, con un logo de la clínica y una báscula digital en el suelo.
La mujer preguntó el oficio, lugar de trabajo, donde vivían, si eran compañeros de trabajo, qué tipo de enfermedad de base padecía, fecha de nacimiento y si anteriormente había asistido a la clínica o la conocía de algún lado.
Explicó que esa es una clínica homeopática, que trabaja con medicamentos alternativos, es decir, totalmente naturales pero intravenosos, pues “todo nuestro tratamiento es intravenoso”, remarcó la doctora.
Al iniciar la consulta, la mujer detalló que los exámenes son realizados por medio de un sistema biocuántico, que es un método que no necesita obtener líquidos del cuerpo, alejando el miedo a las agujas porque no extraen sangre.
Lo que hace, dijo la doctora, es un conteo de células y arroja los resultados de las deficiencias del cuerpo, las alteraciones y algunas enfermedades que pueda estar padeciendo.
Para analizar el estado de salud corporal llamó a la supuesta médico general que tienen para evaluar a los pacientes. Por la puerta entró una jovencita que dijo tenía 27 años, quien dio las indicaciones que la especialista que estaba haciendo la evaluación no apuntó de forma correcta y hasta tenía errores de ortografía.
El equipo le dijo a la doctora que ellos creían que ella era la especialista, pero contestó que no, que solo era asesora en salud, aunque evaluaba todo como si se tratara de una internistas.
La joven mujer abrió el pequeño maletín y sacó el analizador de resonancia cuántica, un aparato pequeño, de color gris, con luces rojas, y varios cables, así como un sujetador.
Para iniciar el examen, la asesora recomienda quitarse los anillos y pulseras, luego enciende el aparato que, según dijo, lo que hace es el conteo de células. Con los segundos, los sonidos empiezan a ser más pausados, similares a los de las máquinas de cuidados intensivos, En la pantalla aparecían marcados 60 segundos, aunque el procedimiento dura un poco más.
De forma inmediata, en la computadora aparece un resumen en diferentes cuadros verdes, lo que significa que es estatable; cuando está en azul o amarillo son alteración y deficiencia en los organismos del cuerpo.
Una búsqueda rápida en Google alerta que el analizador de resonancia cuántica no sirve para realizar diagnósticos médicos válidos; desde una perspectiva científica y médica, estos aparatos son considerados un fraude o pseudociencia. No cuentan con el respaldo de ninguna institución médica seria ni de agencias reguladoras internacionales.
Pese a eso, en menos de cinco minutos la máquina, según la asesora en salud, detectó al menos seis enfermedades al primer periodista, que iban desde viscosidad en la sangre hasta que podría llegar a padecer un infarto o un derrame cerebral.
Revisando el PDF que emite la máquina, con cuadros y gráficos de barras que marcan donde supuestamente tiene problemas que deben ser tratados para evitar que empeoren, la colombiana sorprendió con su diagnóstico a pesar de no tener ni una especialidad. Habló de peristalsis gástrica baja, que provoca que el cuerpo solo absorba el 30% de lo que ingiere y el 70% restante lo pierda, lo que significaba que si decidía tomar pastillas para tratar alguna enfermedad, no tendría el efecto esperado.
También detectó sobrepeso, hígado graso y problemas en la vesícula debido a la mala alimentación y, supuestamente, porque no hacía ejercicio. Todo el diagnóstico fue hecho basado en la narrativa que el periodista había mencionado previamente.
El problema es que si la función de estos órganos no está estable, “podría ocasionar una fibrosis y hasta cirrosis, aunque no fuera por alcoholismo”, alarmó la técnico en salud.
Con el afán de disminuir el asombro, explicó que esas no son enfermedades crónicas, sino que deficiencias y alteraciones en el cuerpo, que se dan antes de que lleguen las complicaciones y lo que ellos hacen es aplicar tratamientos para prevenir infartos, resistencia vascular o la hipertensión.
Una de las mejores salidas que tenía, le dijo el periodista, es visitar un especialista, pero la asesora en salud dijo que ella tiene el conocimiento y Medisan también tiene doctores generales y un laboratorio como tal.
“Entonces, si usted dice, quiero ir a buscar a un especialista para tratar esto, le van a dar medicamentos, y si usted tiene una mala absorción gástrica, ¿usted cree que ese medicamento le va hacer un resultado a sus problemas?, no”, persuadió.
“Porque si usted tiene una mala absorción gástrica, ¿cuánto del porcentaje del medicamento que le den va absorber, un 30%? Le pueden dar un montón de cajas y como dijo mi mamá, que es de Santa Bárbara, vas a gastar más...te va salir más caro el caldo que los frijoles”, expresó con la idea de aplicar refranes hondureños, pero se trababa al mencionarlos.
A casi una hora de haber entrado a la consulta, siguió con el diagnóstico y alertó que la capacidad vital estaba bajando por el consumo de cigarro, y lo más recomendable era bajar un poco, uno al día por lo menos; además aparecía un grado de osteoporosis y una hiperplasia ósea en los huesos, por andar mucho tiempo conduciendo carro, debido al supuesto oficio de motoristas.
Continuó diciendo que hacía falta alrededor de seis oligoelementos, refiriéndose a deficiencia de minerales. Confesó que estas palabras que a veces a ella misma le costaba pronunciarlas y lo hacía despacio, detallando deficiencias de hierro, cobre y falta de tres vitaminas: B, C y K.
Los problemas de salud iban aumentando a medida se revisaban las gráficas, porque el colesterol y los triglicéridos mostraron niveles altos y tenía un desorden gástrico y circulatorio.
“Una de las grandes desventajas es el sobrepeso, pero por medio del tratamiento y el plan alimenticio que ellos proporcionan, prometieron bajar de seis a siete kilos, alrededor de unas 15 libras”, prometió.
Cómo ellos tienen todo el tratamiento, destacan como una de las principales ventajas que todo es intravenoso, insistiendo en ese momento si de verdad quería tratar todos esos problemas para evitar una enfermedad crónica.
El periodista le pidió copia de los exámenes y del diagnóstico, pero se negó, “nada se puede compartir porque es una campaña, tampoco se le puede tomar foto, pero si toma el tratamiento se le crea un expediente”, expresó.
En ese momento comenzó el juego de la venta y búsqueda de la vía para sacar el dinero, la consulta generalmente cuesta 2,000 lempiras y el examen otros 2,000, es decir, 4,000 lempiras, “pero como estamos en promoción de la campaña de salud, no se paga nada de eso”, ofreció.
Comentó que el tratamiento es costoso y podría llegar a los 78,000 lempiras, porque se están contraatacando seis enfermedades; sin embargo, sería los contadores de la campaña que lo definirían, pero ella prometió ayudar para optar al subsidio que le estaban aplicando ese día a las personas de 45 años en adelante, principalmente a los que tienen problemas económicos.
A pesar de sostener que era hondureña mencionaba muletillas comunes de los colombianos como “listo” a cada momento.
Al periodista dos, que era más joven, le dijo que también tenía una mala absorción gástrica, contenido de grasa medianamente anormal en el hígado y una inflamación que le generaba cierto dolor en la parte de la espalda.
Además tenía los triglicéridos altos por comer mucha comida chatarra, le aparecieron altos los niveles de viscosidad en la sangre, alteración en los huesos, también problemas en la arteria coronaria y lanzó la advertencia que solo por ser joven no es que no le podía dar un infarto o un derrame.
“Le aparece un problema de hígado graso en niveles bajos y tiene que limpiarlo, porque si se sigue dañando hasta el corazón no le va servir”, y para terminarlo de asustar le preguntó si sentía algo en sus partes íntimas y el periodista le contestó que a veces dolor y orines amarillos.
4,000
Lempiras
costaba la consulta y el examen, 2,000 por cada una. Ese día dijeron que había una promoción y era gratis.
La asesora en salud de un sólo le lanzó un resultado fatal: síndrome de prostatitis. “¿Cómo un muchacho de 26 años va a tener eso?” le preguntó, pero al mismo tiempo le dijo que solo era una alteración que ellos tenían el medicamento para tratarlo, ofreciéndose como la cura de enfermedades y síntomas inventados por los periodistas.
La doctora recetó terapias, unas detox o desintoxicaciones que se hacen metiendo los pies en agua mineral con energía iónica, que supuestamente permite abrir los poros y absorber todas las toxinas que hay en el cuerpo, es decir, limpiar el cuerpo para introducir después los medicamentos intravenosos, procedimientos no avalados por la ciencia.
Después se inicia con la sueroterapìa con una de descarga hepática y otro suero circulatorio gastrointestinal, agregado como suplementos vitaminas completas de zinc, hierro, calcio y colageno, todo es intravenoso, además recetó la inhaloterapia.
Pasadas más de una hora y cuarenta minutos, la mujer expresó que ya con los expedientes creados serían sus jefes los que decidían la cantidad de medicamento que se iba a prescribir.
Al instante apareció el asesor financiero, otro supuesto médico. La joven desapareció y comenzó la siguiente etapa de la consulta: negociar el costo del tratamiento, que superaba los 78 mil lempiras.