Epidemia de abusos sexuales en Honduras: “Me medico para dormir, hay noches que no puedo con mi vida”

Más de 15,000 denuncias ha recibido el Ministerio Público contra la libertad sexual, la mayoría de los cuales se cometen contra niñas, preadolescentes y adolescentes, según cifras oficiales de la Fiscalía

Una epidemia de delitos sexuales se vive en Honduras con consecuencias mortales, como lo ocurrido a Lisvany León. Su expareja se convirtió en el agresor que le propinó una golpiza a ella y a su madre, quien murió por los traumas. Aún quebrada, ella realató a EL HERALDO Plus los ocho años de sufrimiento.

Por:


10 min. de lectura

TEGUCIGALPA, HONDURAS.- Domingo, 10:30 de la noche. Suena el celular de Lisvany, ella mira la pantalla, aparece un número desconocido. No le sorprende porque es estilista y las clientas le piden agendar citas en horas de la noche, así que responde:

-Hola

-Estoy afuera de tu casa, salí o les voy a quemar la casa.

Era José Fredy Luna Valle, su pareja, amenazándola para verla. La joven cortó la llamada y, entre el miedo y los nervios que la embargaba, se dispuso a dejar el pijama y ponerse la ropa que tenía cerca para salir, como él se lo indicó.

Su sorpresa fue grande cuando ella y su madre, doña Amelia -quien ya estaba lista para dormir-, escucharon un ruido en la sala de la morada: era el agresor que había entrado a la casa, esta vez más enojado de lo normal y hasta armado.

En medio de la tristeza y aún en luto, Jeymi Lisvany León Alberto, una joven de 23 años víctima de la violencia machista, accedió a hablar con el equipo de la Unidad Investigativa y de Datos de EL HERALDO Plus.

Con una triste mirada al pasado, recordó los años de sufrimiento que vivió por culpa de su ahora expareja, quien abusó de ella desde que era tan solo una niña de 15 años, hasta que concluyó la relación cuando el agresor mató con sus manos a su madre.

Violento

“Ya lo teníamos dentro de la casa, estaba con un machete, fue el episodio más horrible que he vivido porque me imaginé todo menos que iba a morir de esa manera”, confesó la joven de 23 años.

La intención de Fredy era la misma que venía realizando años atrás, abusar física y sexualmente de Lisvany.

De inmediato, él se acercó a la joven e intentó quitarle sus prendas, fue cuando intervino la madre y entre las dos trataron de quitarle el arma.

“Empezamos a forcejear para quitárselo y ahí me dio una cortada en la mano que creo que se me logra ver, yo jalé el machete y él lo agarró, y mi mamá intentó meterse porque a mí me estaba asfixiando y me estaba intentando quitar el short”, recordó Lisvany.

Aún puede recordar, como si hubiera sido ayer, las palabras de su madre: “No, José, esta vez no”. El instinto materno llevó a doña Amelia a interponerse entre el violento hombre y su hija indefensa.

Pero en ese momento, Fredy era una máquina violenta, cuya fuerza y golpes podían enviar al hospital a su entonces suegra.

Madre e hija cayeron al suelo ante el poder físico de Fredy, pero siguieron en resistencia.

“Luchamos en el suelo las dos y ella tenía el teléfono cerca, y cuando ella intentó agarrar el teléfono, él le preguntó que a quién iba a llamar y con el mismo teléfono le partió la cabeza, ese fue el golpe que hizo que ella entrara en convulsión, eso fue lo que la mató porque le dio con tanta fuerza que le quebró el cráneo”, recordó con dolor.

Cuando EL HERALDO Plus conversó con Lisvany, doña Amelia tenía nueve días de haber fallecido (su deceso se reportó el 31 de agosto de 2022). Los severos traumas que le propinó su yerno provocaron su muerte, concluyeron en el hospital Mario Catarino Rivas, donde fue atendida desde la noche de la golpiza.

LEA: Escalofriante violencia sexual en Honduras: ‘Me pidió que no hiciera escándalo’

$!Con el rostro apagado, la mirada triste y un semblante retraído, Lisvany narró con detalle todo lo sucedido.

Delito recurrente

Lisvany no es la única mujer que en Honduras ha sido víctima de delitos relacionados con la libertad sexual, un número significativo tiene la autoría de sus parejas.

Desde el 2018 a agosto del 2022, la Policía Nacional ha recibido 4,006 denuncias por este tipo de delitos, según lo revelan cifras obtenidas por este rotativo a través de la solicitud de información SSSS-1542-2022.

Los delitos contra la libertad e indemnidad sexuales son aquellos que atentan contra la libertad y la autodeterminación en el ámbito sexual, factores estrechamente relacionados con la intimidad y el libre desarrollo de la personalidad.

La libertad sexual se aplica para el libre ejercicio del adulto, mientras que la indemnidad sexual compete al área de los menores de edad, ya que es el derecho que tiene toda persona a no sufrir interferencia en la formación de su propia sexualidad.

La pena en Honduras va desde los 10 a 15 años de cárcel, según lo establece el Código Penal.

Dentro de este grupo de delitos contra la libertad sexual, destaca la violación como el más frecuente, con 1,674 denuncias, seguido de los actos de lujuria con 787 casos.

Continúan los delitos de violación especial (en el nuevo Código Penal desaparece esta figura), con 697 reportes ingresados a la Policía Nacional, y el estupro (contra personas mayores de 14 años y menores de 18) con 265 denuncias.

En los últimos seis años en Honduras ha sido notorio la incidencia alta de delitos sexuales, siendo el año 2019 cuando se presentó mayor registro debido que ese año la Policía recibió 1,093 denuncias.

En tanto, fue el 2020 cuando se reportó menor cantidad, con 720 denuncias, y se puede asociar al confinamiento producto de la pandemia del covid-19

En lo que va de este año, las autoridades policiales han reportado 444 denuncias.

Los meses con mayor incidencia de violencia contra la libertad sexual son los de la mitad del año, ya que destacan mayo, junio, julio y agosto con las cifras más altas.

Algunos de esos casos, cuando las víctimas se resisten y las autoridades tardan en intervenir, alcanzan después la categoría sombría de homicidios, como sucedió con la madre de Lisvany.

Es inevitable no volver a este triste hecho. Su progenitora, tras los ataques de Fredy, estaba en el suelo. Ella era un manojo de nervios y miedos, pero a lo lejos escuchó la voz de doña Amelia: “Ella me dijo que corriera y llamara a los vecinos”.

$!Doña Amelia no aguantó los golpes y, tras 15 días de estar ingresada, falleció. Ella intentó defender a su hija.

Esa sería la última vez que miraría el nefasto y repudiable rostro de su agresor: “Llamé a los vecinos y en lo que yo salí y grité, él se fue y solo me tiró un beso”.

Doña Amelia quedó en coma, internada en el Mario Catalino Rivas en la ciudad de San Pedro Sula, Cortés. Tras 15 días y pese a la asistencia médica y las señales de su instinto de supervivencia, no soportó y expiró.

“Nosotros teníamos la certeza con mi hermana que se iba a levantar porque cada vez que le hablábamos al oído ella respondía de alguna u otra forma, pero lastimosamente no se dio”.

VEA: Dramáticos casos de violación en Honduras: “Él abusaba sexualmente de mí estando embarazada”

Niñas y adolescentes

Desde los 15 años, tras conocer a Fredy, Lisvany empezó a ser víctima de violencia sexual por su expareja. Es un patrón muy marcado que indica que urgen proteger ahora más que nunca a las niñas y adolescentes de Honduras.

Al igual que en el delito de trata de personas y reportes de desaparecidas, el rango de edad que presenta mayor número de denuncias por delitos sexuales en la Policía Nacional corresponde de los 10 a 19 años, con 1,534 incidencias.

Si nos referimos al seguimiento de las autoridades, el Ministerio Público reporta desde el 2017 a agosto de 2022 un total de 15,299 requerimientos fiscales por delitos contra la libertad sexual.

La edad es un factor que utilizan los victimarios, pues les da una marcada superioridad. Fredy se acercó a Lisvany, vestido de oveja blanca, apenas a los 15 años y con una diferencia de por medio de 12 años, pues él ya tenía cumplidos 27.

Durante esa época, ella no asistía al colegio debido a que le tocaba trabajar. Poco a poco, el agresor se fue ganando su confianza hasta que se hicieron novios, hasta entonces pudo ver algunas actitudes tóxicas, como machismo y excesivos celos.

Sin embargo, más tarde se enteraría que era un hombre prohibido. Fredy estaba casado. “Yo una vez me topé con la esposa y como en ese tiempo yo era una niña, yo estaba muy enamorada de él, pero luego ya yo me alejé, mi mamá también me alejó porque ella no sabía y me dijo ‘no podes estar con alguien así porque te pueden a llegar a hacer algo’”.

Tras descubrir el hecho, la familia intentó sacarla del país, sin embargo, fue en vano porque él -debido a su influencia económica y hasta social- la encontró. “El papá de él fue un ambientalista reconocido, Carlos Luna”, aseveró.

Lisvany sufrió una y otra vez episodios violentos. Otro de los que confía a EL HERALDO Plus fue cuando estaba embarazada -tienen un hijo-.

Fredy, engañado por un rumor de que su vástago era de otro hombre, le dio una brutal golpiza durante la gestación.

Recuerda que la tomó del pelo hasta arrastrarla a las gradas, desde donde posteriormente la aventaría. “Yo traté de proteger mi panza”, recordó la joven, en alusión al instinto materno de mantener a salvo su criatura.

Aunque, como si no fuera suficiente el maltrato, Fredy la jaló y golpeó una vez que ella se pudo levantar, desafortunadamente su apoyo para estar de pie fue una estufa encendida, “yo quería levantarme de alguna forma y me quemé la mano con la estufa”, contó entre lágrimas al recordar el terrible suceso.

$!Al menos ocho años de tormento y abuso sufrió Lisvany de parte de su expareja, Fredy Luna, prófugo de la justicia.

Indefensas

Los datos del Ministerio Público también apuntan a que las niñas y adolescentes están indefensas. De las 15,299 denuncias recibidas por la Fiscalía, según una base de datos facilitada mediante la solicitud SOL-MP-1538-2022, en los últimos seis años en todo el país por delitos contra la libertad sexual, la mayoría se cometieron en víctimas con un rango de edad de 10 a 19 años.

Solo en ese grupo, que agrupa a infantes, preadolescentes y adolescentes, se contabilizan 8,179 casos. El siguiente dato también marca la tendencia: el otro grupo con más casos son las personas de 0 a 9 años, con 2,097.

En tanto en el rango de edades de 20 a 29 años, es decir, los jóvenes, se registran 1,565 reportes.

La mayoría de requerimientos fiscales contra delitos sexuales se han dado en contra mujeres: 13,218, que representan el 84% de los casos.

Los delitos con más reportes en la Fiscalía, al igual que lo muestra la base de datos de la Policía Nacional, son violación, actos de lujuria, estupro y rapto.

El llamado de las autoridades siempre ha sido que la denuncia es clave para atacar -o frenar- estos episodios de abuso, pero los expertos opinan que el seguimiento y protección de la víctima son claves dentro de los primeros días.

Lisvany lo sabe bien... o mejor dicho, denuncia sin atención no es nada, más que una base de datos.

Después de tantos episodios de hostigamiento, abuso y maltrato, un día se armó de valor para acudir a la Fiscalía para denunciarlo, con la esperanza que las autoridades pusieran un alto.

Sin embargo, la respuesta no fue la esperada: “En la Fiscalía de la Mujer ni siquiera me dieron una copia, solo se quedaron viendo, me tomaron el relato y eso fue todo”.

Como era de esperarse, actuó antes Fredy que los fiscales. Él se dio cuenta, la buscó, la raptó y la mantuvo en cautiverio, secuestrada en un cuarto de hotel donde solo llegaba a darle comida.

“Me llevó a un hotel abandonado, así estuve como seis meses sola, a veces se le ocurría llevarme comida, a veces no, y en ese tipo de ocasiones uno en lo que menos piensa es en comer”, recordó con amargura.

Gritos, golpes, humillaciones, secuestros, vicios y más. Así se resume la relación de ocho años entre Lisvany y su verdugo, Fredy, quien le robó lo mejor de su adolescencia y juventud.

Volviendo al presente, la joven contó que su vida se ha transformado en una especie de calvario, tras la muerte de su madre. Se ha quedado sola con su hijo, sus familiares no la reciben por el temor que, buscándola a ella, Fredy pueda hacer daño a un tercero o cobrar la vida de alguien más, como sucedió con doña Amelia.

De momento se sostiene económicamente debido a que vendió sus pertenencias. Sin ningún rumbo de vida, el día lo soporta, pero el miedo regresa por las noches, con la pesadilla recurrente que Fredy vuelva y le haga daño o le quite a su hijo.

“Tengo que medicarme para dormir, no es fácil, hay noches en las que no puedo con mi vida y veo al niño y solo él me da fuerzas y créame que no solo una vez ha pasado por mi cabeza terminar con mi vida”, comentó.

Se apoya en su retoño para no tomar malas decisiones y hace un llamado puntual a las autoridades, esas que nunca la escucharon y que solo le ofrecen ayuda cuando sale en entrevistas en canales de televisión, pero después -cuando las contacta- ni siquiera le responden las llamadas.

Con tantos obstáculos solo mira como destino Estados Unidos, mediante un asilo humanitario, para emprender una nueva vida , sin el temor que en cualquier momento aparezca el agresor. “Estados Unidos, usted sabe que es el país de las oportunidades y pues allá tengo gente conocida, quiero irme ya, pero no ilegal”.

ADEMÁS: Historias de abuso sexual: Una epidemia silenciosa en Honduras

$!Lisvany aún vive las secuelas por la vida de abusos que le hizo pasar su expareja. Ella tenía 15 y él 27 cuando se conocieron.

Hasta 17 años de prisión por atentar contra libertad sexual

El Código Penal de Honduras establece las penas por los delitos contra la libertad sexual. En el título IX, capítulo I, del artículo 249 al 256, se establece que quienes cometan estos crímenes pueden pagar de seis meses hasta los 17 años de prisión.

El delito con la pena más severa es violación, el cual implica una reclusión de 9 a 13 años (artículo 249).

La condena se agrava un tercio más (llegaría a los 17 años) si se emplea violencia y la víctima tiene menos de 14 años.

Por otras agresiones, según el artículo 250, se debe imponer una pena de cinco a ocho años, mientras que por consentimiento del sujeto pasivo pueden ser de seis a nueve años, dice el artículo 251.

El incesto también es castigado con cárcel e implica de cuatro a seis años de reclusión (artículo 252). Lo mismo ocurre con el contacto con finalidad sexual con menores por medios electrónicos, pues quien cometiere este acto puede pasar de dos a cuatro años en la prisión, indica el artículo 253.

El estupro (de seis meses a un año), el hostigamiento sexual (de uno a dos años) y la explotación sexual (de cinco a ocho años y una multa de 100 a 500 días) también son penalizados.

LEA TAMBIÉN: “Él cobraba 1,000 lempiras por una hora conmigo”: Niñas y adolescentes víctimas sexuales

Notas Relacionadas