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Tegucigalpa, Honduras.- El mercado nacional se inunda de productos chinos, mientras que las exportaciones hondureñas hacia el gigante asiático son marginales. Esta situación deja al país en una posición de vulnerabilidad económica al no existir un marco regulatorio que equilibre el intercambio comercial.
Las naciones realizaban intercambios de productos hace décadas, pero tras el cambio de relaciones diplomáticas del Gobierno de la presidenta Xiomara Castro hacia China en marzo de 2023, la potencia asiática potenció su comercio hacia Honduras. Sin embargo, la producción hondureña llega a cuenta gotas al mercado chino.
Ante esta situación, Juan Ferrera, empresario y exministro de Finanzas, enfatizó la complejidad de competir con una potencia que domina las cadenas de suministro globales.
“Es bien difícil poder ofrecer algo que no puedan ellos de alguna forma producir y a costos bajos”, afirmó.
Ferrera advirtió que sin una preparación rigurosa y un estudio detallado, Honduras podría quedar en una posición de subordinación comercial, donde la balanza se inclinaría hacia los intereses chinos.
Además, alertó sobre los riesgos de un mercado sin regulaciones y recomendó profesionalismo en las negociaciones de un Tratado de Libre Comercio (TLC) con China para evitar resultados desfavorables.
Según los datos del Banco Central de Honduras (BCH), analizados por la Unidad de Datos de EL HERALDO Plus, China se consolida como un proveedor creciente y dominante de bienes para Honduras, generando un déficit elevado en la balanza comercial.
En 2022, antes de mantener relaciones diplomáticas con China, la balanza comercial de bienes (mercancías generales y bienes de transformación) registró un déficit de 2,519.4 millones de dólares.
En 2023, tras formalizar relaciones, esa cifra aumentó a 2,504.5 millones de dólares.
Posteriormente, el déficit aumentó pasó de 2,662.3 millones de dólares en 2024 a 3,133.1 millones de dólares en 2025, lo que significa un déficit comercial mensual promedio de 261 millones de dólares el año pasado.
Para abril de 2026 el déficit acumulado ya era 1,026.9 millones de dólares, es decir, 256 millones de dólares en promedio cada mes, lo que evidencia una profunda relación asimétrica con la China comunista.
Mientras que las importaciones hondureñas desde China ascendieron a 3,186.1 millones de dólares en 2025, equivalentes a 15.6% del total de importaciones de bienes de Honduras en ese año.
Actualmente la expansión china es creciente, mientras que Taiwán pasó de ser un mercado relevante para exportaciones hondureñas —sobre todo camarón— a mostrar una caída brusca a partir de 2023.
La relación comercial de Honduras con Taiwán ha perdido relevancia en los últimos años.
Con el rompimiento de relaciones diplomáticas, en marzo 2023, el comercio de bienes se ralentizó y, por ende, el déficit se amplió.
Al cierre de 2022, la balanza de bienes (excluyendo la maquila) registró un superávit de 400,000 dólares a favor de Honduras, cifra que se volvió negativa a partir del siguiente año: 10.3 millones de dólares en 2023, en 2024 se amplió $58.2 millones y en 2025 alcanzó $50.8 millones en 2025.
Entre enero y febrero de 2026 ya se registra un saldo 10.4 millones de dólares, según datos del Banco Central de Honduras.
La expansión del déficit comercial con Taiwán se explica por la menor compra de camarón cultivado por la ruptura de las relaciones y aunque Honduras sigue exportando ese producto, los empresarios deben pagar un arancel de 20%.
De esta manera el comportamiento de déficit viene impactado por la caída de las exportaciones hondureñas a Taiwán, las cuales según el BCH cayeron de 95.6 millones de dólares en 2023 a 33.3 millones de dólares en 2024 y a 31.9 millones de dólares en 2025.
Aunque Honduras redujo sus exportaciones, siguió importando bienes desde Taipéi como ser maquinarias y equipos agrícolas, entre otros.
El economista Claudio Salgado, al analizar la disparidad comercial, lamentó que aún no exista un Tratado de Libre Comercio (TLC) con China. Si la desequilibrio comercial está en aumento sin tratado, “entonces, no podemos culpar a China. Si no es la primera, es la segunda potencia económica mundial y ellos son comerciantes y venderán donde les compren”, afirmó.
Aunque un acuerdo comercial no implica necesariamente una reducción del déficit con China, según Salgado, al menos se establecerán las “reglas del juego” para el intercambio de bienes, servicios e inversiones.
La ausencia de un TLC no detiene el comercio. La relación ha existido mediante importaciones indirectas durante décadas. Sin embargo, el escenario actual demanda una postura nacional más agresiva para transformar la relación de “un simple mercado de consumo a un modelo de transferencia de conocimientos y desarrollo de infraestructura, más allá de la construcción de estadios o bibliotecas”, sostuvo.
Salgado consideró que, en términos comerciales, el mercado chino resulta más atractivo para Honduras que el taiwanés. “El tamaño de un mercado no lo define el espacio territorial, sino el poder adquisitivo de la población”, explicó.
Subrayó que el incentivo para aumentar la producción no debe ser solo la mano de obra. También es necesaria la adopción de tecnología avanzada, un área en la que China ha logrado progresos significativos, como en la inteligencia artificial.
En tanto, Hugo Noé Pino, economista y expresidente del Banco Central de Honduras, sostuvo que “no se puede tener simetría comercial cuando se está ante el tamaño de una economía como la de China, como tampoco tenemos simetría con los Estados Unidos”.
La disparidad es un factor inherente a la naturaleza de las economías involucradas, expresó Pino, subrayando que el desafío principal para Honduras radica en la habilidad técnica para negociar condiciones que suavicen estas diferencias y busquen un trato preferencial.
En relación con el peligro de la apertura comercial sin protecciones, el economista instó a que el país sea más estratégico en sus prioridades. “Si Honduras no puede competir comercialmente con China, debe buscar la manera de cómo esa relación se traduzca en cooperación y fortalezca aquí la economía hondureña”, señaló.
Pino considera que la clave no es el déficit en sí, sino la capacidad de aprovechamiento de la transferencia de tecnología e inversión en sectores estratégicos como el energético y el educativo.
Los tres economistas concuerdan en que el futuro de la relación comercial con China dependerá de la capacidad del Estado para determinar qué productos puede posicionar efectivamente en el mercado asiático y cómo atraer la tecnología necesaria para modernizar el agro y la industria local.
Advierten que la improvisación en estos acuerdos podría resultar en una dependencia económica difícil de revertir.
NOTA: Este artículo fue revisado y aprobado por un editor con ayuda de una herramienta de inteligencia artificial.