El fondo de una pequeña y acogedora casa de la colonia Altos de Santa Rosa, una dama bate con destreza una viscosa pasta de chocolate negro.
Con su firme y flexible mano le da más y más velocidad al remolino chocolatoso y con unos movimientos suaves termina hasta lograr la espesura perfecta.
Saca una ración y el fino hilo de café oscuro que se forma entre la paleta de madera y el recipiente verde le indica que la masa alcanzó la contextura perfecta.
“¡Quedó perfecto! Siempre debe quedar con una consistencia adecuada”, exclama Valeska Mejía, una dama emprendedora que incursiona con éxito prometedor en el rubro del chocolate artesanal.
Valeska, de 44 años, forma parte de una línea de microempresarias del exquisito producto que han surgido en los últimos meses en la capital.
Y la pequeña fábrica de la capitalina le abrió las puertas a EL HERALDO para demostrar la fácil elaboración de la golosina más popular del planeta.
Negocio familiar
Doña Valeska no necesita tener enormes hornos industriales ni una larga cadena de moldes para que sus productos adquieran sabores celestiales o formas creativas.
Tampoco requiere de una legión de Oompa Loompas o la asesoría de Willy Wonka para que las papilas gustativas de sus clientes se enamoren de sus dulces.
Solo ocupa la ayuda de su hija y socia estratégica Alejandra Peralta, de 21 años, los insumos adecuados y manos a la obra.
En una estrecha cocina, donde no pueden faltar elementos caseros como condimentos, utensilios, refrigerador y microondas, es donde se desarrolla la magia del afrodisiaco por excelencia del amor.
El primer paso consiste en derretir porciones regulares de coberturas de chocolate, que son tabletas especiales con proporciones menores de cacao y manteca en comparación a los productos normales.
El proceso puede realizarse a baño maría o simplemente con la ayuda de un microondas, como se suele proceder por motivos más prácticos, relata doña Valeska.
Cuando el chocolate pierde su textura firme, se procede a batir hasta lograr una consistencia espesa, capaz de ser maleable para aplicarse en los moldes.
Además, durante estos ejercicios de fundición y batido, se debe recordar que la temperatura promedio de la masa se mantenga en 32 de grados centígrados.
Lista la pasta de chocolate, se aplica en los moldes junto con los aditivos y saborizantes especiales, para proceder a la etapa de cristalización, que puede ejecutarse en la nevera de la refrigeradora.
Para lograr una variedad de productos, madre e hija mantienen surtido siempre sus estantes con una gama esencias, colores y sabores.
Es así que dentro de su cartera de productos se encuentran chocolates blanco y oscuro, rellenos con crema de maní, coco, café, menta, fruta cristalizada y hasta licor.
“Estamos experimentando con el licor, queda muy bueno, solo que ya es más exclusivo y exige un precio más alto”, comenta entre risas la mujer.
Y la decoración de las golosinas también forma parte de la carta de presentación de la microempresa.
Corazones, caritas felices, leones y elefantes son parte de las figuras y formas que adquiere el chocolate en las manos de doña Valeska y Alejandra.
Esa creatividad también se imprime en los empaques, cajas y estuches de los dulces. Para ellas no es solo confeccionar un empaque, sino una manualidades.
“En cuanto a calidad no hay nada que envidiar al producto elaborado en el extranjero, solo que a veces estamos acostumbrados a una marca o etiqueta”, reflexionó.
Doña Valeska indicó que por los momentos han obtenido ganancias aceptables y que el sueño próximo es instalar una chocolatería en una zona turística.
Damas emprendedoras
La microempresa surgió en enero, después que doña Valeska recibió una capacitación de la Séptima Regiduría de la Alcaldía Municipal, a cargo de Dorys Gutierrez, relató la mujer.
Su pasión por el chocolate lo mezcla con sus clases de carpintería y ebanistería que imparte en un colegio técnico y la Penitencia Nacional.
Es preciso resaltar que este carácter emprendedor lo adquirió desde su gestación, ya que ella procede de una familia de damas luchadoras.
Su madre se dedica a la elaboración de muebles rústicos de gran calidad y su hermana es dueña de una reportería.
Y el gen empresarial llegó hasta su hija Alejandra, quien es una destaca alumna de la carrera de Administración de Empresas y labora en la Fundación Junior Achievement.
“Me genera satisfacción compartir el negocio con ella. Creo firmemente que la mujer además de aprender, debe emprender”, comenta la señora que mantiene en su currículum una lista interminable de capacitaciones y el sello tentador del chocolate.