El personaje más famoso y querido de la Navidad, Santa Claus, abandonó el Polo Norte para apartarse del frío y calentar su corazón en el ambiente tropical de la capital.
Y gracias al buen clima dejó su trineo a un lado para abrirse paso entre el tráfico con una moderna motocicleta automática.
Con su singular sonrisa, jo, jo, jo, jo, rompe las filas de vehículos para desear a todos sus nietecitos una Feliz Navidad y un próspero año nuevo.
Esta peculiar historia es protagonizada por José Manuel Pineda, un joven que con solo 29 años se trasforma cada diciembre en un hombre de edad avanzada y de lento andar. Tiene un espíritu de niño travieso que lo convierte en el alma de cada lugar que pisa, despierta en chicos y grandes la magia e ilusión de la Navidad.
“Son 12 años metido en las botas de Santa y cada uno de ellos los he disfrutado al máximo, trato de llevar mi papel a otro nivel, fuera del personaje que se ríe y saluda a una persona real”, manifiesta.
Y en verdad lleva a Santa a otro nivel, puede convertirlo desde un bailarín acompañado por una batucada hasta un cómico empedernido que hace llorar de la risa a quienes lo escuchan.
“Mí mayor reto en estos tiempos es mantener viva la fantasía y la ilusión de Santa Claus y la emoción por la Navidad, sobre todo cuando me invitan a jornadas con niños con riesgo social”, reconoce.
Hombre de familia
Cuando cuelga las botas y el traje de santa en su armario es un hombre normal, padre de familia y un emprendedor que sostiene desde hace más de 10 años la empresa de entretenimiento infantil El mundo de los niños.
Además de su carisma para interpretar cualquier personaje, desde santa hasta un payasito, el ser políglota --habla inglés, francés y español-- le abre camino en el mundo empresarial.
Junto a su compañera de hogar, Doris Carolina Pereira, han construido por más de 12 años un negocio estable y un matrimonio consolidado.
Sus mayores fans son sus hijos, Sofía de 12 años, y Óscar, de año y medio.
Y para mantener en ellos viva la ilusión del verdadero Santa Claus, él les dice que es un ayudante del verdadero Papá Noel, certificado en el Polo Norte para llevar alegría a los niños.
“Santa es real mientras cada uno de nosotros mantengamos vivo en nuestros corazones al hombre que inició esta bella tradición, el obispo griego Nicolás”, asegura.