Qué es la brecha orgásmica y por qué Bridgerton la ha puesto en el centro de la conversación

La nueva temporada de Los Bridgerton ha tocado un tema que pocas series de época se atreven a abordar: el placer femenino y la brecha orgásmica

  • Actualizado: 24 de febrero de 2026 a las 15:42
Qué es la brecha orgásmica y por qué Bridgerton la ha puesto en el centro de la conversación

Los Ángeles, Estados Unidos.- En el tercero de los nuevos capítulos de la serie de época se aborda el problema que dirigirá la trama de Francesca, interpretada por Hannah Dodd.

Acostada en la cama después de mantener relaciones sexuales con su marido, John Stirling, al que da vida Victor Alli, se plantea porqué aún no está embarazada, a lo que él afirma que tendrían más posibilidades de concebir si ella alcanza el clímax.

Francesca miente y finge que lo ha logrado todo este tiempo, solo para confesarle después a su cuñada Penélope Bridgerton, interpretada por Nicola Coughlan, que no tiene ni idea de lo que es.

Qué es la brecha orgásmica y por qué Bridgerton la ha puesto en el centro de la conversación

No es una fantasía sexual ni las escenas subidas de tono características de la serie de regencia, pero aborda las complejidades —comúnmente ignoradas y/o silenciadas— del placer femenino y pone el foco en un problema común: la brecha orgásmica.

La brecha orgásmica

“La brecha orgásmica es la diferencia en la frecuencia del orgasmo entre hombres y mujeres en relaciones heterosexuales, donde ellos suelen alcanzarlo en mayor proporción que ellas”. Así define este fenómeno Vanesa Falcón, psicóloga sanitaria, sexóloga y terapeuta de pareja.

La investigación ‘The lifelong orgasm gasp: exploring age’s impact on orgasm rates’ [‘La brecha orgásmica a lo largo de la vida: exploración del impacto de la edad en las tasas de orgasmo’, en español], publicada en junio de 2024 por la revista ‘Sexual medicine’, descubrió que los hombres —de todas las edades y orientaciones sexuales— reportaban tasas de orgasmos más elevadas durante sus relaciones sexuales: del 70 al 85 por ciento; en contraposición al 46-58 por ciento de las mujeres.

Este desequilibrio no está vinculado a una condición biológica, “sino a factores sociales y culturales. El guion sexual se ha centrado en la penetración, cuando la mayoría de las mujeres necesitan diferentes tipos de estimulación, entre ellas el clítoris, para llegar al orgasmo”, explica Falcón.

Los intérpretes Hannah Dodd y Victor Ali, en los papeles de Francesca Bridgerton y John Stirling, en la tercera temporada de Los Bridgerton.

Y añade otros elementos que contribuyen: “La falta de educación sexual centrada en el placer femenino, la socialización de género que enseña a las mujeres a priorizar el deseo ajeno y la poca comunicación sobre lo que gusta o se necesita”.

La experiencia de la periodista Olivia Petter refleja cómo influyen estas circunstancias: “Desde pequeñas, las mujeres están condicionadas a creer que el sexo no es algo para ellas. En su lugar, es algo que les sucede. Este mensaje estaba en todas partes, desde las películas y series que veíamos, donde las mujeres llegaban al clímax a la carta, hasta las clases de educación sexual donde nos decían que nos pusiéramos un condón en un plátano y nos fuéramos. La narrativa era: los chicos querrán tener sexo contigo; al principio puede doler, pero finge que te gusta y con el tiempo a lo mejor te gusta”, escribía en ‘The Times’ el pasado 8 de febrero.

¿Qué hay detrás de la brecha orgásmica?

Clínicamente, la imposibilidad o dificultad de alcanzar el orgasmo femenino se estudia y trata desde una perspectiva individual. Pero Falcón, también licenciada en estudios de Igualdad de género y Diversidad Sexual, agrupa en cuatro áreas las causas más frecuentes. Factores sexuales y de aprendizaje —la falta de educación sexual y referencias—, psicológicos —ansiedad, autoexigencia o creencias negativas sobre el placer—, relacionales —conflicto de pareja, falta de comunicación o presión— y médicos u hormonales.

Falcón resume así el problema actual de la educación sexual: “Muchas mujeres hemos crecido con una educación sexual centrada en la prevención y enfocada en el deseo masculino, pero no en el autoconocimiento y el placer propio [...] A esto se suman la vergüenza y la culpa. También influye la presión social sobre cómo ‘deben’ ser los cuerpos y cómo debemos comportarnos en la intimidad”.

Hannah Dodd, como Francesca Bridgerton, y Nicola Coughlan, como Penélope Featherington, en la tercera temporada de Los Bridgerton.

La base del problema para la sexóloga es, a la vez, el primer paso hacia una solución: “Si no se nos enseña a explorar nuestro cuerpo, a nombrar lo que sentimos y a legitimar nuestro deseo, es normal que cueste identificar qué nos excita”.

Por ello, el primer paso para aceptar y reconocer el deseo propio pasa por el autoconocimiento: “Dedicar tiempo a identificar qué fantasías, estímulos o contextos nos activan [...] para aprender a nombrar lo que sentimos, saber lo que nos gusta y lo que no”, según Falcón. El objetivo es “dejar de vivir la sexualidad para cumplir expectativas y empezar a vivirla desde la elección y el disfrute”.

El papel de la comunicación.

Hablar de sexo, placer y preferencias sexuales no es sencillo, y la trama de ‘Los Bridgerton’ lo demuestra. Primero, cuando Francesca habla con Penélope sobre su falta de satisfacción sexual, la mujer detrás de Lady Whistledown emplea analogías y metáforas en lugar de decirle lo que realmente es.

Aunque cuando luego habla con su madre, Violet, interpretada por Ruth Gemmell, ella valida su experiencia e intenta guiarla explicándole que no todo el amor es igual. Y cuando Francesca por fin se sincera con John, culpándose a sí misma por no saber lo que le pasa a su cuerpo, su esposo reacciona con empatía y tranquilidad.

“La comunicación es la base de una sexualidad satisfactoria. Gran parte de la insatisfacción surge precisamente de no expresar lo que sentimos ni hablar de nuestros deseos con la pareja. Esta falta de diálogo genera distancia emocional, refuerza tabúes y mitos sobre la sexualidad, y puede derivar en dificultades para disfrutar plenamente”, declara la psicóloga y sexóloga.

Laurie Mintz, profesora de psicología de la Universidad de Florida y autora de ‘Cómo alfabetizarse en clítoris’, subrayó en un artículo de ‘The New York Times’ publicado el pasado 4 de febrero el papel fundamental que juega la comunicación: “Las mujeres deben averiguar qué les resulta placentero, y luego sentirse seguras y cómodas mientras se lo comunican a sus parejas”. Porque, tal y como declaró Mintz en el periódico neoyorquino: “Es difícil hablar de sexo. Pero las parejas que hablan de sexo tienen mejor sexo”.

Los Bridgerton’ ha dado el primer golpe para romper con el tabú del orgasmo femenino y, a pesar de las dificultades, Falcón considera que aún hay buenas noticias: “El deseo se puede trabajar. Con información, exploración consciente y espacios seguros, muchas mujeres logran reconectar con su placer y definir qué les gusta con claridad y seguridad”.

El primer paso es “reconocerlo como un derecho intrínseco e innegociable, no como un privilegio. El tabú se rompe cuando el placer deja de ser censurado y pasa a ser celebrado, elegido y compartido como parte de la vida plena de cada mujer”.

También, la desigualdad orgásmica es transformable o como declaró Mintz al periódico estadounidense: “Se puede arreglar. Va a hacer falta educación, empoderamiento, aceptación de vibradores y lubricantes, y el uso de la palabra ‘clítoris’”.

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Redacción web
Agencia EFE

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