Comerse la placenta después de dar a luz se ha hecho “norma” en la mayoría de las mujeres estadounidenses, ya que uno de los objetivos es producir leche y disminuir la depresión postparto.
A esta práctica, que atrae cada vez más a madres jóvenes por tener virtudes curativas, se le conoce como “placentofagia”.
La placenta es la unión de tejidos esponjosos y vascularizados que alimenta al feto durante las 40 semanas de gestación a través del cordón umbilical y normalmente termina en los basureros de los hospitales o en los laboratorios.
Sin embargo, muchas mujeres deciden comerla por su alto contenido de hormonas y nutrientes.
Según el antropólogo de salud de la universidad de Nevada, Daniel Benyshek, hasta ahora la ciencia ha reconocido los beneficios hormonales y nutritivos de la placenta en el útero, sin embargo no existe ningún estudio que demuestre los aportes positivos de la placentofagia.
Asimismo, señaló que no se sabe la cantidad exacta de las mujeres que han decidido ser parte de esta práctica que nació en los años 70 en Estados Unidos.