Una incontenible marea de niños rodeaba a la caravana de juguetes de EL HERALDO. Nada ni nadie los podía controlar. Gritaban, alzaban las manos, se empujaban unos a otros.
El campo de fútbol de la colonia Nueva Suyapa fue el testigo mudo de cómo una multitud de personitas se volcaron ante el rumor, sin previo aviso, que la cita navideña que realiza todos los años Soli-diario también se cumpliría en 2012.
Los cuerpecitos que llegaban corriendo y saltando creaban una ilusión social. Resultaba imposible concebir que esas pequeñas almas ataviadas de ropas raídas procedieran de la capital.
Y es que los habitantes de Nueva Suyapa se encuentran a pocos metros del esplendor urbanístico del Distrito Central, pero a años luz del desarrollo.
No se trataba del realismo mágico de las novelas del escritor Gabriel García Márquez, sino la historia del atraso socioeconómico, que se dibuja en los pómulos sucios y termina sus grises pinceladas en las manos vacías de unos 400 niños y niñas.
Navidad
Pese a que el sector es catalogado como zona de alto riesgo, los ayudantes de Santa emprendieron el viaje, pues a lo largo de ocho años, la campaña de solidaridad de EL HERALDO no discrimina ni margina.
Es así que los pobladores se aglutinaron, con gran algarabía, alrededor del trineo repleto de regalos.
Y entre el tumulto de los pequeños capitalinos sobresalió en una silla de ruedas, cual si fuera una figura angelical, la presencia de “Karlita” Matamoros en su silla de ruedas.
Su compañía nos recordó el alcance que tiene la bondad de los ciudadanos, pues la damita de ocho años, quien padece de hidrocefalia, fue la protagonista de la primera campaña de EL HERALDO en 2012.
La cruzado por Karlita culminó con decenas de ayudas que mitigaron las carencias de su vida.
“Todavía tenemos la foto en la que sale con el vicealcalde, Juan Diego Zelaya. Esta niña es famosa aquí”, dijo con una amable sonrisa su madre, doña Iris, recordando cuando el funcionario entregó las llaves de la vivienda que donó a la necesitada familia.
Y como todos los años, “Karlita” no se fue con las manos vacías. Una frazada de princesa y un peluche acompañaron el retorno a su humilde hogar.
Luego provino la tanda de diversión. Las instrucciones del Polo Norte eran organizar una serie de dinámicas para romper el hielo y llevar felicidad a los nietecitos de Santa.
Los infantes recrearon una auténtica cacería del gato y el ratón, pues el felino perseguía con furia, mientras que otros, con gran fuerza, protegían al roedor.
Pero los menores no pudieron contener la paciencia ni las ganas de tener entre sus manos los juguetes. Y la ansiada repartición tuvo que empezar...
Nunca se había visto tanta emoción en Nueva Suyapa, se habían escuchado tantos ecos de felicidad y, probablemente, nunca se había sentido tanta unión.
El vehículo del diario salió con las cajas y las bolsas vacías, pero los niños terminaron con el corazón contento y sus sueños cumplidos.