“Al calor del dulce hogar, donde todo se concilia, vive feliz la familia dedicada a trabajar. Una madre bondadosa, un padre recto y prudente, un hijo bueno y obediente hacen la vida dichosa”.
Las frases del poema “Nuestra linda familia”, del hondureño Esteban Guardiola, recobran vida en el octavo mes del año.
En su frases sencillas encierra el ideal de la familia capitalina, ese núcleo de amor, al que se le rinde tributo porque representa el elemento natural y fundamental de la sociedad.
La ocasión es propicia, por cuanto en Honduras el mes de agosto se ha seleccionado desde 1991, como el mes dedicado no solo a la familia, sino también al matrimonio.
Aspiración e integración
Es una aspiración que cada una de las familias que integran el Distrito Central, -y que de acuerdo con la base de datos del Registro Nacional de las Personas (RNP) son 101,579 parejas las casadas por lo civil-, permanezcan unidas y fortalecidas en valores eternos. Para la sociedad, y así debe ser para los capitalinos, la familia es el pilar fundamental, la primera estructura.
Así lo sustenta Pablo Carías, profesional de la sociología. “La familia es la primera estructura de la sociedad, de ella depende la estabilidad de la sociedad misma. En el caso de la capital hondureña, los padres deben tomar un rol preponderante en el hogar”, expresó el sociólogo.
Igual concepto adopta la Iglesia Católica, al enfatizar que la familia es la escuela básica de la vida; donde las personas aprenden sobre moralidad, ética, amor, solidaridad y fraternidad, entre muchos otros valores.
“La familia es la escuela de la fe, donde la persona aprende a relacionarse. Si las familias aprenden a relacionarse bajo los buenos principios no hay duda que tendremos una sociedad más humana, justa y cristiana”, declaró el sacerdote Rafael Alvarado, vicario de la parroquia Cristo Rey, de la colonia 21 de Octubre.
Las autoridades capitalinas también han asumido su rol encaminado al fortalecimiento del matrimonio y la familia.
Por ello, desde hace seis años entró en práctica la iniciativa de las bodas gratuitas durante el presente mes. A la fecha, más de tres mil parejas han contraído nupcias por medio de este programa que exonera a los contrayentes de pagos de requisitos, del brindis y de la celebración de la boda, pues incluye una pequeña recepción en el Cabildo.
No cabe duda que en la capital se encuentran miles de familias integradas, que abrazan grandes ideales. Familias sencillas, pero con un denominador común: trabajar por el bienestar de otras familias. A estas empresas de la fe y el amor está dedicada esta edición de Metro Positivo.
Matrimonios modelos que con fe, amor y entrega son capaces de afianzar y remarcar la palabra familia
“Dios es el centro y fundamento del hogar”
Pedro e Inés Mejía son los formadores de las parejas que están a punto de unir sus vidas en la parroquia de la Medalla Milagrosa.
Desde hace cinco años ellos imparten charlas prematrimoniales que preparan a los jóvenes que desean unir sus vidas para sobrellevar el gran cambio que implica el matrimonio.
Con 22 años de vida pastoral y 24 de casados, son un ejemplo de matrimonio consolidado y apegado a la fe.
Para ellos los cimientos de un matrimonio son Dios, el amor y la comunicación, y tratan de inculcarlos en las parejas que forman.
En el templo Nuestra Señora de la Esperanza, de la colonia La Esperanza, son toda una institución eclesial por su calor humano y testimonio de vida que también se ve irradiado en sus tres hijos: Isis, Mario y Celeste Mejía.
Una familia capitalina alegre y misionera
Las huellas de la familia Corea Martínez pueden encontrarse en muchos rincones del territorio hondureño.
Ellos, desde hace 14 años, forman parte de las familias misioneras que llevan el evangelio a sus similares de otras partes.
Para esta unida familia, la clave es sencilla: nadie puede dar de lo que no tiene, por lo tanto siempre tratan de conservar el amor, diálogo y comprensión entre sí, para compartirlo con los demás.
Humildad y trabajo en la misma sangre
Tal vez no serán el núcleo que la sociedad esperase, pero son un ejemplo admirable de unión y esfuerzo.
En la venas de doña Imelda Solórzano, sus cinco hijos y tres nietos, corre la sangre de gente trabajadora y humilde.
Desde hace más de 60 años se han apostado en los mercados capitalinos para sobrevivir, y ni las trágicas calamidades o fuertes desastres hacen que este hogar capitalino desfallezca en su meta de progresar.
Un talentoso hogar bajo la misma carpa
Existe una descendencia que más allá de la sangre comparte algo en común: la pasión por el circo.
Se trata de la familia Valiente, la cual, haciéndole honor a su apellido, decidió fundar hace 15 años el circo Modelo, caracterizado por ser el primero en Honduras.
Esa pasión por las artes escénicas los ha llevado a ofrecer espectáculos de primera calidad por todos los rincones del territorio nacional y hasta los más retirados del país.
“El trabajo hace sólido nuestro matrimonio”
En la reparadora de zapatos y carteras Zas, de doña Carolina Solorzano y de don Víctor Sierra, no solo se costuran los articulos de los clientes.
En esta zapatería también se tejen los pilares de un matrimonio sólido que lucha por sacar adelante una familia. Son diez años de trabajo que se expresan en la alegría de compartir las labores diarias como si fueran el primer día.
“El trabajo y la satisfacción de ver nuestros hijos formados nos hace amarnos más”.
Ejemplo y esperanza para miles de familias
¿A quién no se le ha estremecido el alma escuchando las prédicas de Óscar Osorio? Pero detrás de este notable hombre se encuentran cinco luces que lo guían por el sendero de la evangelización: su esposa Rebeca y sus cuatro adorables hijos.
Con su ejemplo y devoción, los Osorio Martínez se han encargado por más de 25 años en rescatar matrimonios en conflicto y desintegración, por medio de la esperanza y reflexión.