Los 40 incendios que han consumido 161 hectáreas del bosque de las cuencas de Guacerique, La Concepción y Río del Hombre comienzan a pasar una factura de escasez de agua en la capital de Honduras.
Y es que aunque estas reservas se ubiquen en los municipios de Lepaterique, Ojojona, Valle de Ángeles y San Juan de Flores, son las encargadas de saciar la sed de los capitalinos.
El Distrito Central no tiene fuentes productoras de agua y el suministro de agua potable depende de la producción principalmente de la cuenca del río Choluteca, conformada por las subcuencas de Guacerique, Río del Hombre, Sabacuante, Río Grande (La Concepción), Tatumbla y el Parque Nacional La Tigra.
Sí estos afluentes se secan los embalses que suministran agua potable a las ciudades gemelas, Tegucigalpa y Comayagüela, pasarán a ser un área desértica.
Los estragos del paso abrasador de las llamas por los bosques que conforman esta reserva hídrica ya se evidencian en el embalse Los Laureles.
Actualmente la represa almacena apenas el 25.48 por ciento de los 10 millones de metros cúbicos que representan su capacidad máxima.
Y considerando que de su producción de agua depende la distribución del suministro al 29 por ciento de la capital, la situación se vuelve alarmante.
Por los niveles críticos que mantiene el embalse la producción de su planta de tratamiento ha bajado en 100 litros por segundo, pues pasó de producir 450 a 350 litros por segundo, cuando en invierno llega a producir hasta 800 litros por segundo.
Consecuencias
Pese a que las autoridades del Servicio Autónomo Nacional de Acueductos y Alcantarillado (SANAA) vaticinaron que hasta el próximo año se verían las repercusiones de la devastación del bosque, la pobre producción de agua potable ya golpea los barrios y colonias capitalinas.
En el último mes, la escasez del vital líquido pasó de ser un problema de las partes altas de la ciudad y se traslada a las zonas residenciales, barrios y colonias de la parte baja.
En colonias como la Kennedy, Hato de Enmedio, 21 de Octubre, 21 de Febrero, El Hogar y residencial Tres Caminos, los abonados se ven obligados a acarrear el vital líquido desde los hogares de sus vecinos o comprarlo en carros cisterna.
Coritza Maldonado, habitante de la zona uno de la colonia 21 de Febrero, manifestó que solo en la madrugada llega el vital líquido a su hogar.
“Antes recibíamos el agua tres veces a la semana, ahora cada 15 días y hace tres semanas todas las partes altas de la colonia estuvieron sin servicio”, relató.
La misma situación se replica en la quinta entrada de la colonia Kennedy, donde los habitantes tienen que pernoctar de 2:00 a 6:00 de la mañana para poder abastecer sus hogares de agua.
Dolores Alvarado, una anciana de 75 años, asegura que cada dos días se desvela para poder garantizar que su pila estará llena.
“A mí solo me llega el agua en la madrugada, por eso me debo desvelar, pero hay vecinos que han pasado hasta cinco días sin que caiga una sola gota de sus llaves”, detalló.
Para solventar la escasez los residentes comparten sus reservas. Ya es una situación común ver en las peatonales del sector a los ciudadanos acarreando agua en baldes de una casa a otra.
Desde febrero las autoridades del SANAA tomaron la determinación de racionalizar el suministro por horas.
En las zonas donde el agua llegaba por un período de 12 horas, se redujo a 10 y en las que se abastecían por 10 horas el servicio se bajó a ocho.
La medida permitió mantener un racionamiento aceptable para los ciudadanos, pero en este mes la falta de presión en las tuberías ha reducido considerablemente el abastecimiento.
Para el caso en la residencial Tres Caminos, los habitantes de 70 viviendas de las partes altas se quejan porque a sus hogares no llega el servicio.
En los sectores 4 y 6 de la colonia 21 de Octubre los vecinos llevan ocho días sin recibir el vital líquido, después de tener una calendarización de tres veces a la semana.
La situación se podría recrudecer este mes, pues las autoridades del ente autónomo no descartan ejecutar esta semana una nueva revisión al calendario de racionamientos.
Tomas Romero, jefe de operaciones, del SANAA, confirmó que esta semana se hará podrían reducir aún más las horas de suministro.
Las causas
Además de los incendios forestales, las elevadas temperaturas del verano prolongan aún más la sequía debido al aumento en el consumo y la evaporación del agua en las represas.
“Entre más calor hace, más utilizan el suministro lo abonados para refrescarse, esto incrementa la demanda y dispara el desperdicio”, indicó Romero.
Las altas temperaturas no cederán hasta la segunda quincena de mayo, cuando según el Servicio Meteorológico Nacional
(SMN) iniciará la temporada lluviosa en la capital.
De acuerdo a los pronosticos la temporada de lluvia se intensificará en el mes de julio.
Y se espera que para la última semana de junio inicie el período de la canícula o temporada seca de medio año.