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Diversas enfermedades, muchas de ellas terminales, atacan a centenares de prisioneros en las cárceles de Honduras, que debido a la falta de asistencia médica adecuada se convierten en penas capitales que se cumplen en cortos plazos.
De acuerdo a estadísticas de la Dirección Nacional de Servicios Especiales Preventivos (DNSEP), de los más de 12,000 reos hay 380 encarcelados con enfermedades como VIH-sida, tuberculosis, cáncer, diabetes, epilepsia y trastornos mentales.
El mal que más aqueja a los reos son los deficiencias psiquiátricas, pues se contabiliza que hay 92 con algún padecimiento mental.
Un total de 38 de estos están en la Penitenciaría Nacional Marco Aurelio Soto, de Tegucigalpa, y otros 13 en el penal de Juticalpa, Olancho, sitios en donde se concentran la mayoría de los enfermos psiquiátricos.
Igualmente hay 72 encarcelados con enfermedades cardíacas, 57 diabéticos, 54 epilépticos, 37 con VIH y otros 3 con sida.
Respecto a la incidencia del VIH-sida, el dato de la Secretaría de Seguridad es extrañamente menor al reportado en el último informe sobre el tema, elaborado en 1999, que daba cuenta de 56 personas con esa enfermedad.
En 2012 la Secretaría de Seguridad prometió que se fortalecería el Comité de Seguridad de VIH y Derechos Humanos, en el marco del programa de la Red Centroamericana y del Caribe de Establecimientos Penitenciarios, pero no se cumplió la palabra.
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Deficiencias
Pese a la gravedad de las enfermedades que atacan a los presidiarios, poca es la disponibilidad de asistencia médica.
Según el Comité Nacional del Mecanismo Nacional de Prevención contra la Tortura y otros Tratos Crueles, Inhumanos o Degradantes, (Mnp-conaprev), solo en la mitad de los 24 penales hay, aunque escaso, personal médico.
“Es una de las grandes falencias que hay, el acceso a salud de los reos, y que han sido reportadas, pero no hay mejoras”, dijo Fernando Morazán, secretario general del Mno-conaprev.
Por ejemplo, en la cárcel Marco Aurelio Soto hay 3 médicos, en San Pedro Sula 1, en la de Comayagua 1 y en otros apenas hay pocos enfermeros, indicó Morazán.
Cuando un prisionero cae enfermo de gravedad y se requiere llevarlo a un centro de atención se presentan problemas de logística, pues no hay ambulancias en los centros penales.
“No hay carros para sacar a los reos, se van en taxis y en otro tipo de transporte cuando no se puede usar una patrulla y esa situación va en contra de las prácticas recomendables en los centros penales”, lamentó Morazán.
Recomendaciones
Según el Manual de Buenas Prácticas Penitenciarias de Mn-conaprev, el Estado debe proveer en forma obligatoria, las oportunidades necesarias para que las personas privadas de libertad puedan acceder a servicios integrales de salud, en forma preventiva, atención periódica y servicios de emergencia y llevar un registro individual de control médico a todos los privados de libertad bajo su cuidado.
“Es obligación de los administradores de centros penales establecer convenios de cooperación con los centros de Salud, en caso de no contar con médico asignado, con la Secretaría de Salud, para garantizar el acceso al servicio tanto preventivo como de atención en salud integral”, dice el instructivo.
En los recintos penitenciarios hay 12,394 presos, pese a que la capacidad de los 24 reclusorios es de unos 8,340. El hacinamiento es una de las causas de que proliferan las enfermedades y estas se agravan más por la falta de asistencia médica.
“Esto (la sobrepoblación) se debe en parte a la problemática de la persona privada de libertad en detención preventiva y problemas asociados a una infraestructura antigua y deficiente”, dice el Informe sobre la Situación de los Derechos Humanos en Honduras de la Secretaría de Justicia y Derechos Humanos (SJDH).