Tegucigalpa, Honduras.- Considerado como parte de esa respetada y no muy abundante reserva moral de Honduras, con una trayectoria intachable en la lucha contra la corrupción, un aporte invaluable al frente de diversas organizaciones de la sociedad y un empresario que logró el éxito con esfuerzo y tesón.
Nació y creció en el norte del país, pero su futuro y prosperidad estaban en la capital, ciudad a la que llegó a mediados de la década de los años cincuenta, para continuar sus estudios secundarios; y no podía ser en otro que en el histórico y emblemático Instituto Central Vicente Cáceres.
Es Juan Ferrera, reconocido empresario y líder del sector privado, con quien dialogamos sobre su vida empresarial, su labor en la sociedad civil y también su paso por el aparato estatal.
Por muchas décadas hemos visto su presencia en la capital. ¿Es oriundo de esta ciudad?
Fíjate que yo nací en Potrerillos, Cortés, pero me crié en El Negrito, Yoro; fundamentalmente, porque mis padres son de El Negrito, y entonces nos llevaron, después de un recorrido por varios lugares de la costa norte, en los que mi papá ejerció funciones en el gobierno del general (Tiburcio) Carías y después en el del doctor Juan Manuel Gálvez, pasamos a vivir a El Negrito, que era la residencia de mis padres.
Mi padre y mi madre tenían una hacienda. Mi padre fue un hombre de negocios, muy dedicado a la ganadería y la agricultura, y llegamos a tener muchos recursos de esa naturaleza. A la vez, ellos habían heredado, tanto de mi abuela materna como de mi abuela paterna, unas propiedades; desarrollaron entonces una inversión grande y llegaron a tener mucho éxito en ese trabajo también.
¿Cuándo se vino de El Negrito para Tegucigalpa y por qué?
Nos mandaron a educar aquí a Tegucigalpa, y vine al Instituto Central. Me vine en 1955, estaba el profesor Saúl Zelaya Jiménez, era el director del Central, y estuvimos estudiando ahí, sacando en 1959 el título de perito mercantil y contador público.
Después, como yo quería estudiar ingeniería, pero no había hecho el bachillerato, que era un requisito para estudiar ingeniería en aquel tiempo, entonces fui a hacer por equivalencia en el Instituto San Miguel, mi bachillerato.
Los maestros que me habían dado clases de economía, cuando estudiaba para perito mercantil y contador público, me dijeron: "No, mirá, Juan, tú eres un buen economista, tú puedes ser un buen economista, y mejor estudiá directamente la carrera de economía".
Así que, por esas razones, que estuve vacilando, no saqué la carrera de Economía, pero después me hice administrador de empresas.
¿Qué recuerdos y vivencias le dejó ese Central de hace muchas décadas?
El Central era el colegio rebelde de Honduras. Siempre fue así. Pero en aquellos agitados momentos políticos, cuando llega a ser presidente Ramón Villeda Morales, nosotros estábamos en el Central, pero los hijos del presidente Villeda Morales estudiaban en el Central. Así es que Ramón, Rubén, los gemelos de Villeda, estaban en el colegio, ellos salían de Casa Presidencial hasta el Central, que estaba en el centro de Tegucigalpa, al lado del Congreso Nacional.
Una vez miré cómo llegaban con un camión lleno de madera, leña de ocote y roble. Esa leña de ocote y roble que se instalaba frente al Central, era porque había una manifestación y había que ir a pelear con la Policía. Eso le servía de armas a los centralistas que íbamos a pelear por la dictadura de Lozano.
Todo eso fueron, posiblemente, maneras de cómo a uno lo van encausando, van buscando de qué forma se vuelve como un opositor a las cosas que no son buenas para el país. Porque las dictaduras no son buenas, ninguna, ni la derecha ni la izquierda.
¿Qué tan cierto es que su primera empresa la formó con un capital de 5,000 lempiras?
Sí. Llanticentro Ferco, que es la empresa líder de las inversiones de la familia. Fue fundada con 5,000 lempiras, que me los prestó el Banco del Ahorro Hondureño (Bancahorro); con eso empezamos a hacer el esfuerzo.
Eran unos tiempos en donde uno se podía acercar muy fácilmente a los sectores financieros del país, naturalmente, siempre tenía alguna referencia crediticia o por lo menos de la conducta que uno había tenido como estudiante o como miembro de la sociedad del país, que en aquel tiempo la integraban; los trabajadores, las organizaciones campesinas y el Consejo Hondureño de la Empresa Privada (Cohep).
¿Cuál fue su primer trabajo en Tegucigalpa?
Fue en la reencauchadora Estrella, una empresa que se dedicaba al reencauche de llantas. Estaba en la sexta avenida de Comayagüela, que era la conocida como la avenida Centenario, y en la 15 calle; ahí ejercí el trabajo de bodeguero y así comencé. Después, como me gustaban tanto las ventas, terminé siendo uno de los vendedores de la empresa.
Después fui el gerente de ventas, pero muy rápidamente, vino la oportunidad, porque había un desafío, me estaba queriendo casar ya, y entonces en 1962 o 1963, por ahí, busqué a una empresa que me diera crédito para yo poner una distribución, porque pensaba casarme; iba a tener más requerimiento de recursos económicos, entonces fui a la empresa esa, con todo lo que había adquirido de conocimiento y trabajé para ellos.
Me hicieron socio y así fue. Eran dos empresarios, uno cubano y el otro salvadoreño, pero que estaban radicados en Tegucigalpa, porque sus familias estaban instaladas aquí. Estuve con ellos por un tiempo largo y me hice muy amigo. Me casé. Cuando uno se casa, toma más responsabilidades, o sea, se reposa un poco más y busca de qué manera puedes sacar la familia adelante. Así que así comencé con Llanticentro Ferco, en 1972, y que hoy es la empresa que tiene 54 años.
¿Cuándo se da el despegue empresarial de don Juan Ferrera?
Yo diría que se conjugaron muchas cosas. Siendo yo un dirigente de la Ahdippe (Asociación Hondureña de Distribuidores de Productos del Petróleo), pude conocer la relación internacional de la forma como se manejaba el petróleo. Entonces me uní a varios empresarios de la vida nacional, que estaban o en el rubro de transporte o en la distribución de combustibles, y las empresas grandes, que son las compañías petroleras.
A raíz de eso tuve mucha beligerancia mediática, porque el petróleo siempre es un problema, ya sea de una u otra forma. Se dio el problema del petróleo en 1968, cuando hubo una escasez del producto. El petróleo costaba 257 dólares cuando yo entré a la estación de combustible, y de un solo, por ese conflicto que hubo entre los árabes y y los judíos; el precio del crudo llegó a ser de 20 dólares el barril.
Soñando con algunas cosas, busqué también cómo cultivar tilapia, en vista de que decían en Honduras, que los que podíamos importar era los que tuviéramos también generación de divisas. Porque con las mismas divisas que cree que fomentáramos a través de la exportación era como íbamos a importar.
Creo que todas esas cosas han sido un avatar de voluntades y esfuerzos para todos los hondureños que hemos querido que Honduras sea un país de desarrollo y que busquemos como reducir la probreza y la marginalidad.
Siendo un joven allá en El Negrito, ¿creyó en que llegaría a convertirse en el empresario de éxito que es hoy?
Yo pensaba más bien que yo iba a desarrollar las propiedades de mis padres, por lo tanto, que los herederos naturales éramos nosotros; podíamos cultivar tabaco porque eran muy buenas tierras e hice algunas aproximaciones con unos cubanos que vinieron acá para cultivar tabaco, pero a raíz de que en 1971 invadieron la propiedad de mi mamá -mi papá había muerto unos dos años atrás-, entonces, ya no pude hacer esa la alianza que quería tener para buscar cómo mejorar las condiciones de la producción de la finca.
Sí me ha tocado duro, porque tuve que pelear con el Instituto Nacional Agrario (INA), que yo le digo que la Reforma Agraria en Honduras ha sido un "relajo agrario", no una una una política sana y de producción para elevar el nivel de desarrollo del país, sino, que ha sido torpemente manejada la tierra.
¿Qué fue lo más difícil que afrontó en ese inicio del empresariado?
Es un tanto difícil, porque a medida que vas queriendo desarrollar un poco más de capacidades para ganar mejor, encuentras que no es fácil la cuestión de los créditos y no tienes los bienes que te va a pedir el banco de garantías para poderte prestar.
Y eso fue uno de los fundamentos por los cuales se habló de que íbamos a tener a la Corporación Nacional de Inversiones (CONADI), que iba a ser una corporación para desarrollar la industria y que pudiéramos desarrollar empresas de mayor capital.
Así es como surgieron algunas empresas de un nivel bastante alto en Honduras. Algunos pudieron cumplir sus aspiraciones, otras cosas quedaron muy truncadas; porque al se ha perdido mucho dinero en Honduras a raíz del tema de la corrupción.
Hace un par de décadas usted aseveró que en el país existían delincuentes de cuello blanco. ¿Considera que todavía hay delincuentes de cuello blanco, que siguen haciendo mella en la sociedad hondureña?
Sí, desafortunadamente. Mirá, decíamos de los delincuentes de cuello blanco, que casi siempre estaban más o menos identificados en los partidos políticos: Liberal y Nacional, pero creímos que mejorando la condición de la oferta electoral, podían entrar otros actores, y algunos entraron y dieron la imagen de que iban a cambiar el país en la forma como podrían administrar la nación y a lo que llegaron fue a multiplicarse por muchos dígitos más en el saqueo a los bienes públicos.
Eso, definitivamente, tiene que ser algo que mejoremos en la condición del país, en el control de los bienes públicos, en la transparencia y la rendición de cuentas. Por eso fue que estuve muy activo, tratando de levantar el nivel del Consejo Nacional Anticorrupción (CNA). Soy de los fundadores del Consejo Nacional Anticorrupción.
¿Por qué Honduras ha alcanzado niveles impensados en materia de corrupción, que superan por mucho a los demás países de la región?
Yo creo que por la impunidad. Como no ha habido castigo, se ve como talentoso al que hace que los bienes públicos se puedan llevar para los más vivos y al final se constituyen en unas mafias que allá en Italia le decían 'La Camorra', pero aquí nosotros los conocemos como los corruptos de cuello blanco o los que están ligados a los partidos políticos y que no tienen control de los bienes públicos.
¿Cómo y porque se dio su destitución del Foro Nacional de Convergencia (Fonac)?
El Foro Nacional de Convergencia fue una de mis organizaciones, digo mis organizaciones, porque estuve después de que Orlando Iriarte había estado como dos años en el Fonac, y me pidió que él quería ser candidato para la presidencia de la República, y que le había pedido al ingeniero Carlos Flores, que era el gobernante de ese momento, que hablaran conmigo para ver si yo me podía hacer cargo del Fonac.
Cuando llega el presidente Porfirio Lobo, me pide que me haga cargo del Fonac, pero yo el primer año que él llegó a gobernar no acepté porque tenía la intención de pasar más con mi mamá, que en ese tiempo todavía estaba viva.
Trate de volver a llevar como iniciativa del Foro Nacional de Convergencia, lo que era el Plan de Nación, buscando esa consulta que ya habíamos hecho con el presidente Ricardo Maduro. Creo que nos ha faltado tener una estrategia de desarrollo del país y es bueno que la busquemos.
A su criterio, ¿A qué se debe que el combate a la corrupción —especialmente estatal— no haya logrado los frutos esperados, a pesar del trabajo de las organizaciones de sociedad?
Bueno, es que las razones con las cuales la cooperación (internacional) ha tratado de ayudarnos, como el ejemplo de la (Maccih), que se hizo a través de los recursos de la OEA (Organización de Estados Americanos), nos mandaron expertos, pero al final terminaron siendo también relegados. Todas las iniciativas que había por parte de la sociedad civil quedaron truncadas.
Me parece que es que no queremos hacer un esfuerzo serio. Si no empezamos a poner (interés), no importa qué calidad de nivel económico y social tenga el corrupto y lo ponemos en su lugar, hasta entonces no vamos a poder encontrar la forma de cómo parar la corrupción. Luego no hay que engañarse. Ninguna empresa se maneja si no hay auditorías y auditorías no arregladas.
Es la forma como uno cuida su empresa, es la manera como uno cuida su dinero, es la manera como debe cuidar al Estado, el recurso público, porque es el bien de todos.
¿Cuál de todos los gobiernos, de los 11 presidentes que han pasado antes de Nasry Asfura, en la era democrática del país, es el que más combatió la corrupción?
Yo diría que más o menos en la línea de gobernantes, podríamos hablar de tres gobernantes anteriormente, pero todos hicieron posiblemente, en algunos casos, alguna buena intención tuvieron, pero el problema es que se rodean de gente que no conocen como deberían portarse en una función pública.
Todo esto viene también en la formación de los ciudadanos. Si a uno lo forman radicalmente honesto, va a ser honesto toda la vida y va a pensar antes de cometer un error de esa naturaleza, pero los gobernantes, tres diría yo de los últimos gobiernos, no tuvieron esa voluntad férrea de solo rodearse de gente buena.
Y que el presidente (Nasry Asfura) no vaya a cometer el error de perdonarle a algunos, que todavía sospechamos que no son honestos, que vayan a hacer cosas que le vayan a manchar su gobierno. Eso es bueno decírselo ahorita que comienza, porque estamos hablando de cinco meses, y hay que recomendarlo, y lo digo con el interés, no de buscar absolutamente nada.
Usted fue ministro de Hacienda. ¿Cómo se dio esa vinculación con el gobierno de turno en ese momento?
Como yo había salido de mi carrera de empresarial, de dirección empresarial, había sido presidente de la Cámara de Comercio e Industrias de Tegucigalpa, pasé a ser el presidente del Consejo Hondureño en la Empresa Privada, y yo en ese momento me vinculé al tema político, porque vinieron las elecciones estando yo de presidente del Cohep, y se organizó el debate presidencial.
Ahí se presentaron los candidatos: Olban Valladares, Carlos Roberto Reina, Osvaldo Ramos Soto y Orlando Iriarte. En ese debate presidencial me conoció el doctor Reina. Me habló de que le habían gustado las formas en que yo había estado denunciando la corrupción en la Cámara de Comercio, en el Cohep, y que era bueno que pensara en la política.
Le dije: yo creo que me voy a seguir desarrollando por el lado de lo privado, porque tengo algunas discrepancias con los políticos. No creo que yo tenga mucha tolerancia para los políticos que no son buenos. Cuando él ganó las elecciones, me dijeron a mí, "Mire, que el presidente está pensando que va a haber una oportunidad para ponerte en el gobierno." les dije yo: nada de lo que hice fue por buscar una chamba política.
Al final terminé siendo el ministro de Hacienda (ahora Finanzas) y yo le dije: Mire, presidente, yo no voté por usted. Yo no era activista. Así fue como me vinculé esos cuatro años con la política. Ganaba 9,500 lempiras mensuales.
Olimpista de corazón, ¿cómo nació su amor por el Olimpia? ¿Es porque escuchaba los partidos por la radio o fue hasta que ya llegó a la capital?
Mirá, mi padre fue un organizador, en la costa norte, de un equipo que fue campeón nacional. Se llamaba el Abacá; (de la aldea) El Batán, (en El Negrito, Yoro), el lugar donde mi padre ejercía funciones de gobierno.
Allí nació el Abacá y fue campeón nacional. Me gustó el fútbol. Ahí conocí a algunos que después llegaron a jugar con el Olimpia. Yo me vine acá a estudiar a Tegucigalpa y algunas de esas grandes estrellas eran compañeros míos.
"El Pipe" Barahona y "Juanín" Lanza, estrellas del Olimpia, después, habían sido compañeros míos en el Central; así que por ahí me fui. Terminé siendo directivo; estuve ejerciendo la presidencia, interinamente, del Olimpia allá por 1970 y pico.
Organicé el grupo "Los 22 amigos del Olimpia", al que le dimos el primer autobús nuevecito, que compramos a Comercial Laeisz, y se lo entregamos al Olimpia. Estuvimos con la organización de las ligas menores de Olimpia; de tal manera que fuimos desarrollando una capacidad de ser siempre el Olimpia el equipo que más le ponía atención a los jóvenes.
Con el Motagua no me puedo pelear. Mi esposa es motaguense. Yo soy olímpista, y hemos desarrollado una forma de ver las cosas de manera diferente. (Sonríe).
Usted es considerado por muchos, como parte de la reserva moral de este país. ¿Cuál es el legado que le deja a la juventud de Honduras?
Decía mi padre: "Mirá, tú haces patria formando a tus hijos". Yo quiero que todos los hondureños podamos formar buenos hijos, no abandonándolos, haciéndose cargo de ellos, orientándolos.
Si eso yo lo puedo lograr y creo que lo logré con mis hijos, pero que mis hijos lo puedan hacer con sus nietos; las generaciones buenas se van a repetir y van a ser afectados y se van a sentir afectados si alguien no está haciendo las cosas de bien desde el lado público.
No podemos estar recurrentemente señalando para atrás. A mí me gusta que busquemos hacia el frente, qué es lo que vamos a hacer. Cuántas cosas aparecen en el campo internacional que señalan como malos y nosotros decimos y nosotros creíamos que solo nosotros estábamos así.
Hemos torcido la historia a través de aspectos relacionados con la ética y la moral. Si la ética y la moral funcionan muy apropiadamente para crear y formar generaciones buenas, eso es lo que debemos de seguir haciendo a través de la educación. La educación y la salud deben ser atendidas por el Estado de una forma óptima.
Hemos logrado tener, en algunos momentos, destellos de desarrollo, formas humanas de manejarnos bien, pero no podemos seguir convirtiéndonos en aspiraciones frustradas. Yo espero que los actuales gobernantes, y digo porque tiene que ver con los tres poderes del Estado, puedan lograr equilibrar las cosas y que nos conduzcan a un desarrollo integral.