Comer es un placer. Pero cuando le preparas una rica comida a tu hijo, y después de un par de bocados ya no quiere, puede resultar todo un suplicio.Como mamá te angustias porque si no deja el plato limpio, para ti significa que se va a desnutrir. Sin duda, una alimentación balanceada es indispensable para el desarrollo físico e intelectual de los niños.Sin embargo, existe una serie de patrones durante su crecimiento que debes considerar para hacer de los alimentos tus mejores aliados en la nutrición de tus hijos. “Después del año, es común que los niños no quieran comer”, señala la nutrióloga María Isabel Santaló Tamm.“Te parecerá extraño que antes del año, tu bebé comía todo lo que le dabas y luego empieza a comer menos”. ¿Qué sucede? Su velocidad de crecimiento disminuye, y su apetito también.“Como mamá hay que entender que es parte de su proceso de crecimiento”, agrega. Durante el primer año de vida, el bebé experimenta su entorno a través de la comida, pero una vez que empieza a gatear y luego a caminar, sus intereses van más allá.
“Es bien importante entender dos puntos: uno, su hambre disminuye, y dos, tiene la necesidad de explorar todos los estímulos de su entorno”, manifiesta la nutrióloga. Así que es fácil que se rehúse a comer. Por lo general, se trata de una etapa transitoria donde es común que algunos días tenga más hambre que otros. “Como padres somos responsables de qué alimentos comen nuestros hijos, pero ellos regulan cuánto comer”, advierte Santaló Tamm.
A la mesa!
Para lograr una alimentación correcta, el plato del buen comer sugiere incluir, por lo menos, un alimento de cada grupo en cada comida. “Por ejemplo, para los niños, un desayuno completo incluye: huevo, pan y fruta, o leche, cereal y fruta”.Cuando entran en la etapa escolar, es común que no tengan hambre a temprana hora de la mañana. Aun así, es indispensable que ingieran algún alimento antes de salir de casa.“Lo ideal es que tomen el desayuno completo en casa, pero si no se puede, hay que buscar opciones”.
“Por ejemplo, si desayunan un vaso de leche con chocolate, puede llevarse de lonche un pan y una fruta, para que complementen su plato a media mañana”.“No se trata de pensar sólo en qué alimentos darles a nuestros hijos, sino en cómo dárselos y en cómo cuidar el entorno. Es importante respetar un horario para las comidas y tener un espacio para comer con tranquilidad”.
Campo de batalla
En ocasiones, las expectativas de las mamás exceden la cantidad de alimento que necesitan sus hijos. Por ejemplo, esperan que después de que terminen un plato de espagueti coman una pieza de pollo y luego el postre.“Quieren que se coman todo lo que les sirven, pero no hay que olvidar que el estómago de los niños es más pequeño y no pueden comer la misma cantidad que los adultos”, recalca María Isabel Santaló Tamm, quien cuenta con estudios de cocina saludable por el Instituto Culinario de América.“No hay que forzarlos, eso sólo motiva una relación de conflicto alrededor de los alimentos”. Luego se crea un ambiente tenso entre padres e hijos, donde los castigos y las amenazas hacen que el niño perciba la hora de comida como una agresión y un motivo más para negarse a comer.Crear un entorno placentero durante las comidas es indispensable para que los chicos no se sientan presionados y empiecen a comer sin preocupación.Los papás deben contribuir a fomentar buenos hábitos alimenticios, así desde pequeños aprenderán el valor que tienen los alimentos en su proceso de crecimiento.
ENSEÑALE A ALIMENTARSE BIEN
- Lugar: Crea un ambiente agradable a la hora de la comida.
Evita que la comida esté condicionada al castigo. Evita que coman frente a la TV.
- Cantidad:Sirve porciones en función de la edad de tus hijos. Motívalos a poner la mesa y a elegir el menú de la comida.
- Hábitos: Procura que coman en familia. Fomenta una alimentación equilibrada. Establece un lugar y una hora para cada comida.