El objetivo del honorable Porfirio Lobo Sosa de arrinconar a medios de comunicación y a cierto sector empresarial con su disímil Ley de Telecomunicaciones, es negociar su antojo de heredar el trono a su chapa Juan Orlando Hernández Alvarado.
Lobo y Hernández, otrora tradicionalistas y, hoy, totalmente olvidados por utilidad, se cruzan barriales, cargan y lloran por los niños harapientos pero cuando llegan a sus suntuosas moradas rápido se bañan, se desinfectan, disfrutan y se complacen de una vida aparatosa.
En mancuerna cuestionaron agriamente, casi desde su impune inicio, la administración del entonces presidente Manuel Zelaya Rosales, acusándola de corrupta, dogmática y de llevar al país por un camino de desconsuelo e incertidumbre.
INEQUIDAD. Con Roberto Micheletti mostraron rostro de ultraconservadores. Ninguno habló de “golpe de Estado”. Fue previo a las elecciones generales de 2009, precisamente en un medio de comunicación de los que él mismo cuestiona, donde “Pepe” se despojó del gambox.
Su sufrido silencio terminó cuando indignado dijo que a su pana “Mel” le habían dado “golpe” muy aprovechado de la presencia coyuntural de los miembros de la Comisión de la Verdad.
Había perdido todo tipo de pudor. Cultivó la angustia del pueblo hondureño que se volcó a las urnas por un hombre en presunta conciliación, prometiendo “paz a la nación”, pero escondiendo una tirria insospechada.
Han sido tres años y meses de atormentado gobierno. Mientras las calles se pintan de rojo y no por culpa de los diarios ni de la televisión, el Presidente está aterrador.
Sin careta, se divorció de su fanfarroneado “puño firme” y se apresta a destinar la “pena de muerte” contra medios de comunicación y periodistas que desnudan su régimen despótico. Parece el otro yo de “Mel”. Mediocremente repite que también adora su “cuarta urna”.
Él y su cómplice legislativo ahora se imaginan “hombres de campo y rústicos” que desean “democratizar” los medios de difusión y repartirlos a grupos rurales o étnicos para que difundan su hambre y sus desigualdades que por décadas ellos mismos los han esclavizado con sus partidos.
“Pepe” fue uno de los favorecidos de Zelaya con las opulentas condonaciones otorgadas a “poderosos”. Desconocemos si el magnánimo Lobo donó o regaló el millonario perdón a los indigentes, a hospitales, escuelas o instituciones filantrópicas, pues cuestiona que los burgueses no comparten su debatida riqueza.
El Presidente sigue alegando que los menesterosos no están preocupados por tener apagado el fogón todos los días. Intuimos que teniendo radios y televisoras comunitarias ya no sufrirán, nunca más, de hambruna, no habrá delincuencia, devaluación ni alto costo de la vida. Todo será un paraíso.
Y mientras Lobo Sosa y su mayorazgo derrochan demagogia, ambos son estrictamente escoltados hasta por 40 hombres y al menos diez camionetas de lujo valoradas cada una en dos millones de lempiras. Aténgase usted si se atraviesa en el camino de los reyes.
Con el valor de un solo vehículo de estos, los sectores olvidados instalarían tres radios locales. Analfabetas prescinden de escuelas, colegios y se mueren paupérrimos sin centros de salud ni medicinas. A los gubernativos les interesa un pueblo ignorante para perpetuarse.
EL PAN NUESTRO... El menú del excelentísimo primer ciudadano es desatar su ira para infundir pavor a los medios de comunicación social y a determinados empresarios con el único fin de negociar como su heredero a Hernández Alvarado. Es como recordar la reciente frase del extinto presidente Hugo Chávez quien antes de morir pidió al pueblo venezolano votar por Nicolás Maduro.
Nuestra diferencia es que “Pepe” sabe que los hondureños no votaremos en masa por su pupilo y la única forma de “elegirlo” a su manera, será en otro conteo viciado. Está en plena cruzada sistemática argumentando que algunos medios de comunicación social solo difunden noticias sobre la violencia en Honduras, telenovelas de capos de la droga y, otros, se dedican junto a sus periodistas a extorsionar.
Lo que no dice Lobo es que unos cuantos propietarios de estos medios, verdaderos alacranes y terroristas del periodismo, son sus amigos que a puro billete transmiten, de la A hasta la Z, las roídas conferencias del Ejecutivo y Legislativo.
Lo justo, como dice el que a última hora también se arrodilló al irresistible Hernández Alvarado, hubiera sido improbar y no insistir hasta volarse media Corte dando paso a las ciudades modelo para que no seamos futuro escenario de nocivas narras.
El país, según los “cachurecos”, está en ruinas, por eso ya iniciaron ilegalmente y con la complicidad del Tribunal Supremo Electoral (TSE) la lujosa campaña presidencial mediática de Hernández Alvarado para mercadear un alarmante y falso triunfalismo. Míseros de corazón, sinceramente.