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Cervantes y Shakespeare, dos genios literarios

Distancias y similitudes de dos de las más grandes figuras de la literatura universal que compartieron la misma época y describieron en su obra, marcada por la prosa y el drama,
las miserias, bondades, virtudes y defectos del alma humana.

20.04.2014

Son las dos figuras más importantes de la historia de la literatura mundial.

Dos cimas universales, creadores de historias, personajes, vidas y símbolos que atraviesan el tiempo y siguen atrayendo hoy en día a lectores y admiradores entusiastas, que ven cómo los dos genios abarcan espacios inmensos de nuestra realidad.

Parece que ambos fallecieron el día de San Jorge del mismo año 1616, justo cuando Iberoamérica celebra el Día del Idioma, cada 23 de abril y el Día del Libro, pero como los calendarios inglés y español eran diferentes, en realidad murieron con algo más de una semana de diferencia.

Miguel de Cervantes Saavedra y William Shakespeare son dos figuras que retrataron a la perfección las miserias, bondades, virtudes y defectos del alma humana de sus respectivos países.

FIGURAS DISTANTES

Cervantes, el genio de “Don Quijote de la Mancha” en forma de prosa y Shakespeare, creador de “Hamlet”, a manera de drama.

A Cervantes le tocó vivir un momento de grandes cambios: nace (en 1547, en Alcalá de Henares), se forma en pleno Renacimiento y vive el arranque del Barroco. Así, sintetiza los aspectos literarios fundamentales del Renacimiento y crea la obra más representativa del Barroco.

También practicó la poesía (ensombrecida por su genial obra en prosa) y el teatro, dividido en dos partes: una primera de respeto a las normas clásicas y otra segunda influenciada por la producción de Lope de Vega. De su obra en prosa destacan también las novelas ejemplares la pastoril “La Galatea y El Persiles”.

Por su parte la vida de William Shakespeare está llena de misterios. La poca información sobre él ha hecho pensar a algunos historiadores que el mayor autor en lengua inglesa de la historia ni siquiera existió, que simplemente era un pseudónimo tras el que se podía esconder alguno de los escritores más famosos de la época, y que el verdadero Shakespeare jamás tuvo que ver con esos textos geniales.

Su obra está conformada por catorce comedias, diez tragedias y diez dramas históricos, un exquisito compendio de los sentimientos, el dolor y las ambiciones del alma humana.

Pero su vida es oscura y desconocida, hasta el punto de generar leyendas y cuentos.

Esto es quizá debido a su origen humilde, nacido en Stratford-upon-Avon en 1564. Siendo el tercero de ocho hijos de un próspero comerciante, que cayó en desgracia acusado de un comercio ilegal, nadie sabe dónde estudió, aunque sí se sabe que se casó muy joven y tuvo dos hijos.

Y hay una época oscura en la vida de William en que no hay constancia de lo que hizo; solamente se sabe que en 1592 trabajaba en Londres como dramaturgo y que comenzaba a destacar.

William murió el 23 de abril de 1616 (según el calendario que usamos ahora, el 3 de mayo) y sus hijas no tuvieron descendencia, así que su estirpe se extinguió para siempre. Cuenta la leyenda que el propio Shakespeare escribió el epitafio de su tumba antes de morir para evitar que le desenterraran en un futuro, en el que maldice a aquel que se atreva a abrirla: “Buen amigo, por Jesús, abstente de cavar el polvo aquí encerrado. bendito sea el hombre que respete estas piedras y maldito el que remueva mis huesos”.

LAS HIPÓTESIS

Y es que la historia los ubica como dos grandes figuras de la literatura que vivieron en la misma época. Pero ¿se conocieron?, ¿leyó Shakespeare la obra cumbre de Cervantes?

AY es que algunos estudiosos de ambos autores afirman haber encontrado similitudes entre Don Quijote y Hamlet o el rey Lear, entre Sancho y Falstaff, los personajes de sus obras más significativas.

Pero la historia se ha encargado de descubrir que hay más diferencias que similitudes. La primera es haber vivido en la misma época y haber muerto el mismo año.

O el hecho de que el autor de “Romeo y Julieta” leyó la primera parte de “Don Quijote de la Mancha” y que quizá hizo un resumen de la misma en su idioma, como afirma Luis Gómez, catedrático de la Universidad de Huelva.

Pero hay quienes afirman que el escritor español nunca escuchó hablar del genio de Stratford-upon-Avon.

Otros tienen una idea mucho más descabellada de ambos autores. Afirman que William y Miguel eran la misma persona. “Todas aquellos años de guerras y cautiverio relatados por Cervantes, fueron tan sólo licencias literarias que le permitieron disfrazarse de Shakespeare y escribir sus obras de teatro en Inglaterra”, detalla un sitio web. Todo esto tomando como base la poca información que se tiene sobre

Shakespeare, especialmente de la época en que se escribió el Quijote.

La hipótesis del blog va más allá, al afirmar que la diferencia de 10 días entre la muerte de uno y otro, debido a que España se regía por el calendario gregoriano e Inglaterra por el juliano, permitió que un ya probablemente agónico Cervantes pudiera trasladarse a Londres para volver a morir en el cuerpo de Shakespeare.

A esto se suma el hecho de que no existen retratos autentificados de Cervantes en vida. Todas las imágenes son imaginadas, ya que se realizaron tras su muerte.

Por si fuera poco, hasta hace unos meses, nadie sabía donde descansaban los restos del autor español.

Hasta hoy, cuatro siglos después de su muerte, un proyecto liderado por el historiador Fernando de Prado busca averiguar si los restos de Miguel de Cervantes y su esposa, Catalina de Salazar, descansan en el convento de las Trinitarias de Madrid, donde se supone fue sepultado.

Y es que datos históricos refieren que su sepelio fue muy humilde y nada ceremonioso. Dos modestos poetas de quienes casi nada se sabe, siguieron la fúnebre comitiva. No se colocó sobre la fosa lápida ni inscripción, ni siquiera un humilde azulejo. Se supone que su tumba no fue marcada con nombre alguno, sin embargo una placa en la entrada del convento detalla que ahí descansan sus restos. El enigma será descubierto hasta que se realice la investigación.

Una de las pruebas de que sus restos podrían estar ahí es que, poco antes de morir, Cervantes pidió la merced y autorización de los trinitarios para poder enterrarse en el convento, que era de monjas.

Ser sepultado en un convento era un privilegio que no se daba con facilidad pues los madrileños se hacían enterrar en las iglesias parroquiales. En su caso, Cervantes lo obtuvo por ser soldado y mutilado y por los servicios que había prestado a la orden.

Sin embargo, contrario a William, se tiene información minuciosa y fidedigna de su vida y sus vicisitudes aventureras.

CERVANTES HOY

Una publicación del diario El País detalla que, aunque ambos genios contribuyeron a definir los contornos políticos de sus respectivos países, sin embargo y como muestran sus obras, los dos tuvieron una relación distinta con partes de su país que hoy día gozan de la máxima atención y son motivo de preocupación para sus respectivos gobiernos: Escocia y Cataluña.

Son dos realidades históricas definidas, con sujetos diferentes de y ante la historia, que habían tenido intereses contrapuestos en el pasado, mantenidos en vida del autor.

“No se entiende el Quijote sin Barcelona y sin La Mancha. Cervantes cose el perfil geográfico, pero también psicológico de España, que no se entiende sin Cataluña y Castilla, o sin el vizcaíno malhablado. Los nacionalistas catalanes se confunden al considerar que Castilla es España entera, y esta solo es Castilla”.

El destino, la relación intensa y fecunda, los avatares de Don Quijote y Sancho, son el producto de la voluntad de su autor, Cervantes; pero como sucede con las obras clásicas, es obra de sus lectores, de los de ayer, hoy y mañana, que verán en el hidalgo caballero y en su escudero una interpretación profunda de la vida, más allá de la satisfacción que provoque su lectura. “De la misma forma puede que los caminos de Cataluña y el resto de España sean diferentes y divergentes en el futuro, pero esa trascendental decisión no corresponde ni a unos ni a otros, sino al autor secular de la realidad actual, que no es otro que la ciudadanía española, es decir: todos”, concluye el artículo.

Dos genios, dos figuras, una época y uno que otro misterio sin resolver. Pero de ambos perdura su obra, que hoy cuatro siglos después de su muerte, sigue marcando las letras españolas y anglosajonas.