La locura que ha desatado el estreno de la primera parte de la trilogía de “El Hobbitt” en Nueva Zelanda se traslada a todos los rincones.
El estudio de efectos visuales de Peter Jackson donde se cocinó la primera parte de la trilogía de “The Hobbit”, que llegó a los cines en ese país el miércoles de esta semana, se ha convertido en una rebanada de Hollywood en Wellington.
Weta Digital (nombre del estudio) es la pieza central de un imperio cinematográfico que él y cercanos colaboradores construyeron en Nueva Zelanda. Es un taller fundado en 1993 que cuenta con todo para hacer películas y donde se fabrican utilería y disfraces.
Adorables homenajes a las manualidades están presentes en los siete edificios de Weta Digital localizados en el suburbio de Miramar.
Hay carteles de películas viejas, utilería de esqueletos de dinosaurios y simios, y una pared con impresiones en látex de rostros de actores como Chris O’Donnell y Tom Cruise.
Pero ese no es el único lugar donde decenas de personajes parecen haber salido del filme de Jackson.
Enormes esculturas del mago Gandalf, de Gollum se ubican en entradas de cafés, restaurantes y otros puntos de la capital neozelandesa para atraer el turismo con un filme, que según el gobierno contribuirá con 560 millones de dólares anuales a la economía del país.