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Isla Tatoosh, laboratorio de un grupo de científicos

La diminuta franja de tierra que pertenece a Washington ha sido objeto de un intenso escrutinio biológico y hoy expertos han encontrado cambios que podrían ser un barómetro del cambio oceánico.

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28.10.2012

Uno puede observara las nutrias flotando sobre la espalda, elefantes marinos arrastrándose para salir del agua y un águila calva que pasa volando frente a araos acurrucados a lo largo de la pared de un acantilado. También a las aves sobresaltadas que realizan una zambullida sincronizada en el mar, y sus cuerpos ovoides en blanco y negro parecen pingüinos en miniatura.

Parece como si la fauna estuviera prosperando en Tatoosh, una diminuta isla remota cerca de Washington que además de haber sido estación de la Guardia Costera y una base ballenera para la tribu makah, acaba de ser adoptada para estudios por un grupo de científicos.

Durante más de cuatro décadas, con la bendición de los líderes makah, Tatoosh ha sido objeto de un intenso escrutinio biológico, y los científicos dicen que están viendo inquietantes declinaciones en todas las especies; cambios que pudieran resultar un barómetro del cambio oceánico globalmente.

LOS ESTUDIOS. Cathy Pfister y Timothy Wootton, ambos profesores de biología en la Universidad de Chicago, han estado recorriendo la isla desde los años 80, a menudo en compañía de su exasesor de posgrado, Robert T. Paine, un profesor de zoología nominalmente retirado de la Universidad de Washington.

A los 79 años de edad, Paine aún regresa a Tatoosh varias veces al año para continuar la investigación ecológica que comenzó en los años 60.

Entre las declinaciones que los investigadores están notando sobresale que las históricamente resistentes poblaciones de gaviotas y araos están a la mitad que hace 10 años y solo unos cuantos polluelos incubaron esta primavera, además las conchas de los mejillones son notablemente más delgadas, y recientemente los mejillones parecen estar desprendiéndose de las piedras más fácilmente y con mayor frecuencia.

Los percebes también están sufriendo, al igual que las duras y manchadas algas coralinas de color vino, que parecen graffiti en las costas rocosas.

Aunque no comprendidas por completo, las declinaciones no son totalmente misteriosas. Los biólogos sospechan que los cambios están relacionados con las enormes declinaciones en el pH del agua, una modificación atribuida a la absorción del exceso de bióxido de carbono que está siendo liberado a la atmósfera en cantidades cada vez más grandes por la quema de combustibles fósiles para obtener energía.

Conforme el bióxido de carbono es absorbido, altera la química del agua de los océanos, volviéndola cada vez más ácida. Los percebes, ostiones y mejillones encuentran más difícil sobrevivir, lo cual puede causar reacciones en cadena entre los animales que ingieren esas especies, como las aves y las personas.

LOS HALLAZGOS. Durante un viaje de investigación en 2000, Pfister y Wootton empezaron a probar el pH de muestras de agua. Encontraron que el pH del agua en torno a Tatoosh y a lo largo de las líneas costeras cercanas estaba declinando a un ritmo 10 veces más rápido de lo que estaban prediciendo los modelos de cambio climático. Aun después de recopilar siete años de datos, cuando publicaron sus conclusiones en la revista especializada Proceedings de la Academia Nacional de Ciencias en 2008, sus datos se toparon con el escepticismo.

“La gente piensa que no sabemos cómo usar el instrumento; sigo oyendo eso”, dijo Pfister. “Afortunadamente para nuestra reputación, supongo, esto ha sido corroborado por muchas otras personas”.

Fue en esta isla y una costa continental cercana que Paine desarrolló su hipótesis clave de las especies, que describe cómo los predadores superiores dominan un ecosistema, a menudo para beneficio de la diversidad de las especies.

Ahora, las especies de la isla están una vez más ayudando a resolver importantes interrogantes biológicas. Los mejillones parecen estar sucumbiendo más fácilmente a las olas que se estrellan contra las rocas, y las extensiones desnudas en las piedras están creciendo y apareciendo con mayor frecuencia, dijo Wootton, que documenta cuidadosamente los tamaños de las extensiones en varios sitios de la isla.

“Todos coincidimos en que luce diferente”, dijo Pfister, señalando un área desnuda cerca de donde Paine realizó sus estudios. Se necesita realizar más investigación para explicar definitivamente lo que está sucediendo, añadió.

Paine habla de las esponjas calcáreas que viven en las cuevas de Tatoosh y, como las especies de conchas duras, usan el carbonato de calcio, en este caso para formar sus esqueletos o espículas, lo que les vuelve vulnerables en aguas más ácidas.

“No se sabe casi nada sobre estas especies”, dijo Paine.

“Nadie en su sano juicio tiene tiempo para tomar muestras de las esponjas calcáreas, ya no digamos reconocerlas”, añadió. “Probablemente desaparecerán”.

Aunque algunas especies quizá puedan adaptarse a las nuevas condiciones oceánicas, muchas no lo harán.

“Se puede predecir el cambio”, dijo Paine, “y la mayoría de los cambios van a ser en una dirección que no queremos”.