Opresión en el pecho, mariposas en el estómago, palpitaciones, sequedad en la boca, dificultad para tragar… son algunos de los síntomas que todos muchas veces en la vida hemos experimentado en un momento en el que nos hemos sentido presionados o angustiados.
En nuestra época el estrés esta causando gran ansiedad en nuestra vida cotidiana, es una de las enfermedades más resaltantes que aqueja, tarde o temprano a cualquier ser humano, a cualquier edad, y sea cual fuera el tipo de actividad o trabajo que realice. Una demostración es que en nuestras conversaciones no faltan expresiones como: Estoy angustiado, estoy estresado, estoy acelerado.
El estrés es una reacción en defensa, un reflejo que predispone a la acción para poder adaptarse a situaciones nuevas. Esto genera autoexigencia para poder aprender a resolverlas a medida que se presentan, conocerse y conocerlas. Pero en la prisa actual que vivimos, cuando comenzamos a adaptarnos, estas cambian porque nuestra época es una época de cambio permanente, es una época en que pareciera en que cada año transcurre más rápido que el anterior.
El ser humano, como todas las especies vivas en el planeta, requiere tiempo para adaptarse, hasta los vegetales lo necesitan ¿Alguna vez has trasplantado una planta o un árbol pequeño? Cuando se hace, nos damos cuenta de que requieren todo un proceso de adaptación y de aclimatación. De la misma forma los animales necesitan preparación para adaptarse a los cambios. También nosotros frente a situaciones que se nos presentan como nuevas exigencias, necesitamos adaptarnos y cuando por fin lo logramos, muchas veces nos encontramos con que nuevamente todo ha cambiado, y es más, todavía no hemos terminado de estabilizarnos y ya se producen cambios. En medio del proceso de adaptación, nos encontramos con otra realidad, con otras exigencias, enfrentados a algo que desconocemos.
Aprender a superar el estrés. ¿Dónde encontrar las herramientas para mejorar nuestro estilo de vida? Hay que partir de algo que es real y concreto, vivimos en el siglo XXI, y venimos del siglo pasado, somos seres que hemos atravesado un gozne histórico y ello no es fácil. Era más fácil permanecer en pie cuando en el mundo circundante había menos violencia, menos delincuencia, menos agresión. Cuando había menos presión económica, hasta cuando había menos población en la ciudad, pues la gente se conocía y se saludaba. Pero esa no es nuestra época, no es nuestro mundo, nuestro mundo es este y hay que saber vivir en el mundo que nos ha tocado porque evadirlo no nos permitirá solucionar el problema.
Esta es nuestra época, es imprescindible que seamos conscientes de lo que está sucediendo; que sepamos distinguir todo aquello que no debe arrastrarnos a nosotros; que sepamos diferenciar bien que es lo que tenemos que separar; y que sepamos cómo construir, en medio de la tormenta, en una barca, para poder permanecer a flote y continuemos navegando en la vida hacia un puerto digno y seguro. Pero si no tenemos una barca que resista los embates de las olas, que resista la tormenta, nos vamos a ahogar, o viviremos constantemente fluctuando hundiéndonos y emergiendo sin rumbo, sin destino, sin metas. Así es el tiempo en que vivimos, cambiante como un mar embravecido, ya no se vive sino que se sobrevive. Pero tenemos que aprender a vivir, superar las circunstancias, podemos hacerlo, todo está en saber construir esa barca, y la filosofía nos enseña a construirla porque nos da las herramienta, los elementos necesarios; nos enseña qué tipo de madera seleccionar, cómo colocar los clavos, cómo diseñarla para que no se hunda y cómo dirigir mejor nuestras velas a los vientos favorables.
Y cada vez que corramos el riesgo de encallar nos va a enseñar a no perder la direccionalidad. Cada vez que enfrentemos una tormenta en medio de una noche oscura, cuando abatidos pensemos que nunca va a amanecer, la filosofía nos dará las enseñanzas necesarias para poder resistir esa noche y contemplar el sol en el nuevo día, porque nos han enseñado que todo en la naturaleza y en la vida es cíclico, y que en ese entorno o lugar de los opuestos, crecemos, evolucionamos y nos hacemos cada vez más fuertes y más sabios. Estas enseñanzas siempre nos guiarán hacia nuestros objetivos, no de cualquier manera, no hay que acostumbrarse a aceptar la vida de cualquier manera. Hay que aprender a vivir dignamente, tener esa actitud y a partir de esa necesidad vivir con dignidad.
Filosofía contra el Estrés. ¿Por qué la filosofía? Es lo primero que todos preguntan ¿Y por qué no? A pesar de que actualmente está de moda la filosofía aún solemos tener prejuicios y no la vemos como una forma de aprender a vivir mejor.
Muchos ven a la filosofía de manera teórica, densa, pues recuerdan aquellos libros de filosofía y de los cuales no entendían nada. Por fortuna esta visión está quedando atrás. Hoy la filosofía está, otra vez, recuperando su verdadera dimensión, y por ello se habla mucho de filosofía, se ve como una opción, como una posibilidad, porque la filosofía en realidad ayudó siempre a todos los hombres de todas las épocas. Hubo un tiempo en el cual perdió su verdadero sentido y fue relegada a un conjunto de teorías; los filósofos eran teóricos que conversaban sobre temas abstractos y sin real importancia, lo cual producía rechazo pues en la práctica eran inútiles. En cambio hoy se ha descubierto que no hay nada más práctico que la filosofía puesto que nos enseña a ser nosotros mismos y a vivir coherentemente.
Vivir en armonía con el entorno. La filosofía nos a ayuda a conocer a las personas que nos rodean, a conocer el mundo, la sociedad en la cual nos estamos desarrollando y a conocer la naturaleza y sus leyes. Es importante conocer donde nos movemos, qué pasa en el mundo en el cual vivimos. Cuando se conoce el entorno, la sociedad, la época en que nos ha tocado vivir, entonces sí podemos conducir nuestra propia vida. Sucede que por ignorancia de las leyes que rigen la naturaleza de la cual somos parte, las quebrantamos y después sufrimos sus consecuencias y nos preguntamos por qué nos suceden cosas que nos hacen sufrir.
Conocer bien todo aquello que nos rodea, aprender a seleccionar aquello que nos hace bien de lo que nos hace mal, nos ayuda a liberarnos de los modelos que el mundo corrupto nos ofrece, ¿o es que vamos a aceptar todo lo que nos ofrecen porque está de moda? Sin duda, necesitamos saber discernir y para ello está la filosofía, que nos permite elegir los principios y valores con los que podemos conducirnos en la vida, además nos dará la fuerza de ánimo para no dejarnos arrastrar por las circunstancias, involucrándonos en situaciones en las cuales tarde o temprano nos arrepentiremos.
Comprender y a elegir. La filosofía nos muestra cómo es el mundo que nos rodea y nos enseña a saber elegir siempre lo mejor. Es como cuando un navegante estudia sobre las corrientes marinas, los vientos, el tiempo, pues debe saber dirigir su barco hacia el puerto escogido, y más allá de la tecnología que pueda poseer, aprende a orientarse según las estrellas. También los campesinos perciben anticipadamente la lluvia, pues han aprendido a leer la naturaleza. En cambio el hombre que no ha recibido preparación es fácil víctima de las circunstancias porque no se da cuenta de lo que le está sucediendo y es confundido y abatido por cada cambio. Con las enseñanzas de los clásicos podemos conocer y comprender lo que está sucediendo a nuestro alrededor y a como comportarnos para superar las pruebas que la vida nos presenta día a día.
Manejar el tiempo. Muchas veces afirmamos que no nos alcanza el tiempo o que no tenemos tiempo. ¿Qué es el tiempo? La filosofía nos enseña a concebir el tiempo como energía y saber distribuirlo. Nuestro verdadero problema es que perdemos muchísimo tiempo, y por lo tanto perdemos muchas energías. El hecho no está en tener más tiempo, sino en utilizar bien el que tenemos. Este es un consejo importante de la filosofía. Todos tenemos un ritmo vital. Existe un momento para hacer cada cosa, para descansar, para trabajar, para estudiar, pero muchas veces nos negamos a aceptar esta realidad porque ello significa imponerse una disciplina de vida y preferimos, por “comodidad”, una apariencia de libertad que generalmente nos lleva a quedar prisioneros del condicionamiento de las enfermedades e incapacidades. Lo mismo sucede con nuestras emociones. Debemos conocerlas, cómo nos vinculamos con los demás, nuestras fragilidades, nuestros miedos, nuestras fortalezas. El tema de las emociones es amplio y complejo pero muy importante, pues debemos saber qué nos molesta, qué nos irrita, qué nos apasiona.
Podemos y tenemos que sumergirnos en este mundo de las emociones para conocernos. A todos nos resulta interesante descubrir cuáles son nuestros puntos frágiles, nuestros miedos, lo que nos separa de las personas que queremos, etc. Tenemos que aprender a seleccionar y a direccionar nuestros sentimientos.
También debemos conocer nuestra mente, evaluar qué sabemos realmente, revisar que ideas hemos atesorado, qué hemos archivado allí, determinar si son ideas claras, válidas y útiles. Es necesario conocer la estructura de nuestro edificio mental porque nuestra vida es el reflejo de nuestras ideas. Construimos nuestras vidas con las ideas que tenemos y a veces estas no son necesariamente las que nos van a ayudar a encontrar aquello que buscamos, o a realizar aquello que soñamos. Posiblemente hemos dejado que entren porque son ideas que para otras personas son buenas, pero necesitamos comprobar que también lo son para nosotros. Hay que tener valor para revisar nuestra mente.
¿Por qué las personas no queremos realizar esta revisión mental? Porque nos da pereza pensar y porque es más fácil que otro piense por nosotros, es muy fácil que nos digan que hacer, porque la responsabilidad la asume otro. A veces creemos que las ideas son nuestras, pero no las hemos evaluado ni revisado, simplemente las hemos aceptado sin preguntarnos si son verdaderas, o si son una más de las mentiras que nos dicen. No solo a temas de política o economía, sino principalmente a los valores, a los principios y a las finalidades de nuestra existencia. A lo que nos hace creer que es la felicidad.
Todos buscamos en la vida alcanzar esa felicidad, pero pareciera que para cada hombre la felicidad varia. Sin embargo, existe una felicidad propia del hombre como ser humano, que esta más allá de todas las diferencias formales, de todas las diferencias sociales, de todas las diferencias circunstanciales. Esa es la verdadera felicidad que debemos constantemente buscar.