Las crisis de Ucrania y Venezuela, con todo y el involucramiento de fuerzas exógenas, alcanzaron esta semana otros niveles de confrontación sin que aparezcan indicios de una solución pronta y negociada.
En Europa, los rusos exhiben su músculo militar con “juegos de guerra” en su fronteras con Ucrania y en Bielorrusia, justo en la víspera del referendo de mañana domingo en que los habitantes de la zona autónoma de Crimea decidirán si continúan bajo la égida ucraniana o se adhieren a Rusia; mientras su embajador en la ONU, Vitali Churkin, no dudó el jueves en culpar a Estados Unidos y a las potencias europeas de haber provocado la crisis en Ucrania.
Washington y Europa han continuado presionando al gobierno de Vladimir Putin, calificando el referendo de “ilegal” y presentándolo como una mera maniobra de Moscú para anexarse Crimea.
La mayoritaria población rusa en Crimea y el hecho de que también en otras zonas de Ucrania existe animadversión hacia el actual gobierno prooccidental instalado en Kiev, hace prever que el resultado del referendo será a favor de que Crimea regrese al poder ruso. Moscú ya ha dicho que apoyará la decisión de Crimea, así es que solo falta saber qué tan lejos están dispuestas a llegar las potencias occidentales en defensa del actual régimen de Ucrania.
En Venezuela, al haberse cumplido el pasado miércoles un mes del inicio de las protestas que han causado la muerte de más de veinte personas, está demostrada la incapacidad del gobierno del presidente Maduro para controlar la situación.
La polarización existente en ese país sudamericano, donde prácticamente la mitad de la población está a favor del oficialismo y la otra mitad en las líneas opositoras, en medio también de divisiones internas sobre la forma de actuar ante el conflicto, se refleja en quiénes, desde el exterior, apoyan a uno u otro bando.
Por una parte, Washington, que quedó solo junto a Canadá y Panamá en la fracasada búsqueda de una declaración de la OEA para condenar al gobierno de Nicolás Maduro, parece dispuesto a endurecer su retórica, acercándose ya, incluso, a las sanciones.
Pero el resto del Latinoamericana, y principalmente Unasur, están más cercanos de los intereses del chavismo por lo que más bien procuran intervenir, pero, para acercar a los dos bandos para ponerle fin a un enfrentamiento que está deteriorando aun más la ya difícil situación socioeconómica creada por el “socialismo del siglo XXI” para los venezolanos.