El presidente Hernández se ha comprometido públicamente a liderar el mejor gobierno en la historia de Honduras.
Todos los hondureños le tomamos la palabra y nos sentimos optimistas y comprometidos a brindarle nuestro apoyo para lograr que Honduras salga de ese círculo vicioso de lento crecimiento económico, criminalidad, corrupción, pobreza y deficientes servicios públicos.
Aproximándose los primeros dos meses de gestión, nuestro optimismo se fortalece por la forma en que el gobierno ha actuado durante este corto tiempo: la firmeza y la rapidez en las acciones que se han tomado para enfrentar los temas de seguridad, corrupción, ordenamiento del aparato público y otras.
Esperemos que este dinamismo continúe durante todo el período de gobierno, sin olvidarnos de aquel viejo adagio que dice “despacio, que tengo prisa”.
Nuestro país necesita un marco institucional fuerte e inclusivo, que haga que funcione el Estado de derecho y que se gobierne a favor de las grandes mayorías.
Complementariamente, se necesita promover políticas que conduzcan al crecimiento económico que también debe ser inclusivo, para que los beneficios del crecimiento se derramen hacia la mayoría de los ciudadanos.
En este contexto, el crecimiento económico inclusivo deber ser uno de los objetivos primordiales de un país, como precondición para mejorar la forma de vida de todos los ciudadanos.
El primer paso que se debe dar es definir el modelo de crecimiento y desarrollo al que se aspira, para lo que debemos considerar que el crecimiento no necesariamente está ligado al desarrollo, ya que este incluye aspectos intangibles como son la libertad de pensamiento, de religión, intelectual, cultural y acceso a la información pública.
Para el caso, la economía China ha tenido altos índices de crecimiento, pero su propia constitución de 1975 la describe como “Estado socialista de dictadura del proletariado”, por lo que muchas de las libertades de que gozan los ciudadanos en los países occidentales son limitadas o prohibidas para un ciudadano chino.
En el aspecto tangible, impulsar el crecimiento alto y sostenido del Producto Interno Bruto es indispensable, aunque de nada sirve que el PIB crezca si por otro lado el progreso económico solo llega a una minoría.
La pobreza, desnutrición, salud, esperanza de vida, analfabetismo, corrupción, deben ser eliminadas para un adecuado desarrollo. Según algunos entendidos, estas características se obtienen generalmente de forma natural cuando el ingreso per cápita aumenta.
Esperamos entonces que durante los cuatro años de gobierno del presidente Hernández podamos avanzar en algunos temas que como país pobre caracterizan a Honduras, como ser el deficiente marco institucional, la poca industrialización, mecanización limitada del sector agrícola, la pobreza, el bajo ingreso per cápita, la poca capacidad de ahorro interno, los pésimos servicios públicos.
Para lograr lo anterior es vital lograr un pacto con los sectores productivos que sirva para impulsar el crecimiento económico como instrumento para el mejoramiento del nivel de vida de los hondureños.
El crecimiento económico alto, sostenido y equitativo ejerce un efecto poderoso sobre el nivel de vida de una generación en comparación con la que le antecedió. Si la tendencia del PIB real es ascendente en 1% anual, el PIB real tardará 70 años en duplicarse, pero una tendencia de crecimiento del 10% anual duplicará el PIB real en tan solo 7 años.
Muchos economistas y estudiosos han concluido que los países pobres deben alcanzar el llamado círculo virtuoso del desarrollo, donde se mantienen tasas de interés competitivas que impulsan el financiamiento de la producción, con esto la inversión real se incrementa con el consiguiente aumento en la producción y, por ende, la generación de nuevos empleos.
Al haber más personas laborando, el ingreso de las familias se incrementa con lo cual el ahorro y el consumo se estimulan. El ahorro incremental se canaliza al sistema financiero retornando al círculo virtuoso, comenzando de nuevo el ciclo de inversión, empleo, ahorro y consumo.
Complementariamente, se debe impulsar el cumplimiento irrestricto de la ley y un marco macroeconómico sólido y estable, poniendo control al déficit del sector público y al nivel de endeudamiento, manejando el presupuesto con total transparencia y proveyendo a la sociedad de información oportuna.