Se cumplen hoy cuarenta y tres días del paro de los médicos del sector público sin que se avizore una pronta solución a la crisis que tiene como principales víctimas a los más vulnerables: esos miles de pacientes que acuden a diario a los hospitales y centros de salud públicos porque no tienen dinero para buscar atención a sus males en el sistema privado.
La crisis ha evidenciado la ineficiencia gubernamental y la intransigencia gremial frente a un problema que pareciera sencillo de resolver si solo se tratara de identificar el número de médicos a los que se les adeuda el salario.Nadie cuestiona que un profesional de la salud exija el pago puntual de su salario; ese es un derecho incuestionable. Lo inadmisible es que la Secretaría de Salud haya sido incapaz, en más de un mes, de resolver un desorden administrativo tan elemental como verificar planillas y puestos de trabajo.
¿Quién dice la verdad?
Mientras no se haga pública la información completa que en privado manejan los médicos y el gobierno, no se sabrá qué se esconde realmente detrás de un conflicto que nunca debió suceder, por el impacto que este tiene en los sectores más vulnerables de la sociedad hondureña.
Porque aunque traten de minimizar el impacto, lo cierto es que con cada día de paro se siguen sumando las citas suspendidas, las cirugías canceladas y muchos otros servicios que solo el personal médico puede dar a los pacientes que los demandan.
Las voces de diversos sectores sociales se levantan y exigen que el presidente Asfura, en su condición también de ministro de Salud, atienda personalmente esta problemática, que cada día que pasa quizá represente la fina línea entre la vida y la muerte para miles de hondureños.
Es hora de dejar el cálculo político y la confrontación.