En medio de disputas de poder y graves problemas de gobernanza, el Congreso Nacional aprobó la semana anterior una nueva intervención de la Universidad Nacional de Agricultura (Unag), con sede en Catacamas, Olancho, la tercera de su tipo en una década.
La decisión sorprendió a propios y extraños, pues se realiza en momentos en los que se está eligiendo a las nuevas autoridades del importante centro educativo, convertido, en los últimos años, en un disputado botín de los políticos de Olancho.
Como ya es de público conocimiento en ese departamento, desde hace más de una década, los diputados y dirigentes del partido en el poder presionan para colocar a sus peones en los cargos de dirección del centro educativo, sin importar sus cualidades académicas pero sí su afinidad y servilismo.
Y este año no ha sido la excepción.
La elección de las nuevas autoridades ha coincidido con el cambio del gobierno, lo que llevó a los nuevos “amos del poder” -según las denuncias que salen del propio campus universitario- a intervenir en la elección, a sabiendas que la misma lo que más afecta es el proceso de formación académica de sus estudiantes, a los que deberían estar enfocados.
Honduras no puede permitirse que su principal centro de enseñanza agrícola sea un campo de batalla o visto como el botín a disposición de quienes ostentan el poder político de la nación.
La meta debe ser volver a la institución al camino de la excelencia académica con el único fin de entregar a la sociedad los profesionales que demanda para desarrollar y modernizar su sector agrícola.
Para ello es necesario que los políticos y todos aquellos grupos interesados en el manejo de la institución saquen sus manos y den paso al nombramiento de autoridades capaces, que garanticen su gobernanza y el uso transparente de sus presupuestos.