La captura y traslado a los Estados Unidos de Nicolás Maduro y su esposa Cilia Flores, para que respondan por los delitos relacionados con el narcotráfico, genera, como era de esperarse, reacciones encontradas, a favor y en contra, de la acción ordenada por Donald Trump.
Mientras millones de venezolanos desparramados por el mundo salían a las calles de las ciudades y países de donde residen a celebrar la captura del dictador e inundaban las redes sociales con las historias por las que se vieron obligados a huir de la tierra que les vio nacer, los que viven dentro de Venezuela despertaron en medio de “una tensa calma, con ciudadanos divididos entre la expectativa por el futuro y la preocupación por el abastecimiento en sus hogares”, según reportes de la prensa local.
La misma expectativa envuelve a los gobernantes del continente, muchos de los cuales esperaron que pasaran las horas para pronunciarse, quizá con más calma y menos emotividad, de lo ocurrido a Maduro, y más allá de la acción impulsada por el presidente Trump, quien además ha anunciado que dirigirá el proceso de transición a un nuevo gobierno en Venezuela.Lo cierto es que la acción de Trump dispara los temores de que acciones similares sean emprendidas en otras partes del mundo en los que Estados Unidos tiene intereses. También lo es que, en un primer momento, las estructuras políticas del chavismo y del madurismo se mantienen intactas en una Venezuela que espera expectante qué pasará, no el próximo mes, sino en el cercano mañana; si la presidenta designada, Delcy Rodríguez, que ha sido miembro del principal círculo de poder de Maduro, junto a sus también aliados Diosdado Cabello y Vladimir Padrino, mantendrán intactas las políticas del depuesto presidente o si abrirán las puertas a la consolidación de una real democracia.
Falta mucho camino por recorrer, muchas letras más por escribir, antes de tener un panorama más claro sobre el futuro político de una de las naciones más ricas del continente, pero víctima de una clase política corroída por la ambición de poder, la corrupción y el irrespeto total a los derechos humanos de sus ciudadanos.