Múltiples tributos y reconocimientos públicos está recibiendo el expresidente uruguayo, caracterizado por su trato sencillo, auténtico, su trayectoria política de guerrillero a senador y mandatario, su gobierno progresista que enfatizó la legislación social, su estilo de vida frugal -antes, durante y después de ejercer la titularidad del Poder Ejecutivo- y su decisión de mejorar la vida de sus compatriotas dentro de las reglas del juego del sistema democrático.
El contraste entre su modestia, su austeridad personal -de toda una vida- con la soberbia, prepotencia y codicia de tantos que en el mundo acceden al poder para beneficio propio y de su círculo íntimo, sean civiles o uniformados, izquierdistas, populistas, derechistas, desplegando lujos, fanfarrias y oropel en contraste con la pobreza de sus compatriotas, rodeados de una corte de aduladores, cortesanas, incondicionales en búsqueda de prebendas, resaltan su personalidad, carácter y trayectoria orientadas hacia el bien común.
Los antecedentes históricos de su labor presidencial de avanzada se remontan a principios del pasado siglo, cuando José Battle y Ordóñez ejerció la presidencia de Uruguay durante dos períodos (1903-1907, 1911-1915), implementando reformas sociales de avanzada que convirtieron a su país en “el principal laboratorio para la experimentación social en las Américas y un punto focal de interés mundial”: jornada laboral de ocho horas, sistema de pensiones y jubilaciones, salarios mínimos, seguro por accidentes laborales, abolición de la pena capital, separación de Iglesia y Estado, educación femenina, reconocimiento legal del divorcio.
Al igual que el dirigente sudafricano Nelson Mandela, también “Pepe” no solo perdonó a sus verdugos y carceleros, demostrando ambos alta entereza ética y profundo humanismo. El uno y el otro, una vez convertidos en mandatarios, iniciaron la reconciliación nacional para encontrar coincidencias y convergencias entre sus compatriotas, mas allá de filiación partidaria e intereses clasistas.