Son miles los hondureños que, en el marco de las celebraciones del Día Internacional del Trabajo, se encuentran de brazos cruzados, sumidos en la incertidumbre por la falta de un empleo y un salario digno.
La situación del mercado laboral en Honduras no es alentadora, como lo demuestran estudios y análisis realizados por instituciones como el Consejo Hondureño de la Empresa Privada (Cohep), en los que se señala que en 2024 se registró un crecimiento en la ocupación, pero que la mayoría de los nuevos empleos fueron no asalariados, vinculados a la informalidad y caracterizados por baja productividad, ingresos inestables y ausencia de seguridad social. Los más afectados son los jóvenes y mujeres.
A esto se suma la pérdida de más de 4,600 empleos en el sector privado, el descenso de más de 6,000 puestos en el trabajo doméstico, y la reducción en áreas tradicionales como la agricultura, las ventas o el transporte.
Ante este panorama, urge empujar un gran diálogo nacional orientado a impulsar políticas públicas para la generación de empleos formales y productivos, especialmente para jóvenes y mujeres, quienes siguen cargando con las mayores desigualdades.
Está claro que mientras no existan opciones dignas dentro del país, son muchos los que seguirán optando por migrar en busca de oportunidades en otras naciones, aun teniendo formación académica y capacidades valiosas que podrían contribuir al desarrollo nacional.
Este Día del Trabajo que se recuerda la gesta de miles de trabajadores que en Chicago, Estados Unidos, se levantaron para exigir una jornada laboral de ocho horas, es una oportunidad para levantar banderas y reclamar el derecho a un trabajo y a un salario digno de más de dos millones de hondureños que actualmente no lo tienen.