Honduras declaró ayer en alerta roja a 75 municipios del centro y sur del país debido a la severa sequía vinculada al fenómeno de El Niño, una crisis hídrica que impacta de gravedad a la agricultura y la ganadería. Asimismo, 71 municipios permanecen en alerta amarilla y otros 88 en alerta verde.
“La situación es crítica: los cultivos se han perdido, las fuentes de agua para consumo humano se agotan y los animales carecen de alimento”, coincidieron varios alcaldes municipales reunidos en el Congreso Nacional para participar en un foro convocado para analizar la crisis agrícola, el desabastecimiento de agua y las medidas urgentes requeridas para atender a las comunidades afectadas.
La iniciativa ha sido bien vista por los jefes edilicios que demandan que las ayudas se agilicen para bien de sus comunidades.
Es importante no olvidar que la emergencia trasciende a los municipios bajo alerta y se extiende a nivel nacional, donde se estima que al menos 5.6 millones de personas sufren los embates de la sequía.
También que la escasez de lluvias -especialmente aguda en el Corredor Seco- ha hecho caer la producción de maíz, frijol y otros granos básicos esenciales para la subsistencia y el comercio local, y que la parálisis en el campo está impactando directamente la economía de las familias pues la suspensión de las faenas agrícolas destruye empleos y disminuye los ingresos, profundizando las condiciones de pobreza.
Por ello, las acciones por tomar deben de ir más allá de las de emergencia. El país requiere con urgencia políticas públicas sostenibles a mediano y largo plazo que fortalezcan la resiliencia ante eventos climáticos extremos, sin perder de vista que la nación es igualmente vulnerable a las épocas de lluvias e inundaciones.