Era sábado por la mañana y ya habíamos decidido que no retornaríamos a casa sin visitar la tumba de William Walker. El célebre político y filibustero sureño de los Estados Unidos fue fusilado en 1860 en las cercanías de Trujillo y sus restos reposan en el viejo cementerio municipal de la ciudad que hace un año cumplió 500 años de fundación. Un día antes supimos que el camposanto no abre sus portones en fin de semana (porque no hay quien se haga cargo del pago del vigilante), sin importar que el sitio es uno de los atractivos históricos más destacados de la comunidad.
La reja que impedía la entrada tenía una cadena y un candado infranqueables, así que buscamos por dónde trepar el muro cubierto de musgo y saltar la tapia impunemente, sabidos que era nuestra única oportunidad. Ya frente a la descuidada lápida, lamentábamos que fuera tan complicada la visita, pero además que el lugar no ofreciera información histórica a los visitantes ni la posibilidad de contribuir a su sostenimiento o cuidado (incluido el pago del guardia).
Había sido distinto un día antes. En nuestra visita familiar a la Fortaleza de Santa Bárbara que domina desde lo alto la bahía trujillana, pudimos disfrutar de un museo bien organizado, que ofrece datos relevantes a las personas que ahí llegan (bien por el Instituto Hondureño de Antropología e Historia). Aunque requiere mantenimiento, el espacio permite conocer mejor los antecedentes del primer asentamiento urbano español y antigua capital de la región.
Ubicada en la costa Caribe de Honduras, la ciudad fundada el 18 de mayo de 1825 por Juan de Medina, bajo las órdenes de Francisco de las Casas, ofrece un singular mosaico de atractivos que se suman a su importancia histórica: la laguna de Guaimoreto y la montaña de Capiro y Calentura, sus blancas playas, aguas turquesa y vida submarina, además de la presencia de la cultura garífuna, patente entre su población y muy distinguible en cada cuadra por los aromas que escapan de las cocinas de casas y restaurantes. Al final de la tarde, una caminata por el paseo Juan de Medina -recientemente remodelado- culminó con un exquisito café nacional, saboreado con la familia, rodeados de vecinos y visitantes que disfrutaban, como nosotros, de la agradable brisa vespertina.
Hace una semana, la Alcaldía de Trujillo anunció la culminación de un proyecto de revitalización del centro histórico y la zona costera, en presencia de autoridades nacionales y representantes diplomáticos, que contó con la colaboración de la Unión Europea en Honduras y la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID), a través del Programa LAIF City Life. El proyecto se propone potenciar la competitividad turística, la identidad cultural y la inversión urbana/social de la ciudad; con ese propósito se han rehabilitado e inaugurado recientemente el Parque Colón y el Paseo Juan de Medina (ya mencionado).
Si reparan la carretera -que se encuentra en calamitoso estado- volveremos a Trujillo pronto. Hágalo usted también.