Vigilantes en la noche

Podemos elegir no llevar la violencia de la calle hasta nuestro hogar. Podemos hacer de nuestra casa un lugar seguro cuando afuera todo parece incierto

  • Actualizado: 20 de agosto de 2026 a las 00:00

Comienza una nueva semana. Abrimos los ojos confiando en que todo estará bien. Pero basta encender el televisor o la radio para que comience la lista de noticias que, poco a poco, van enfermando el alma: violencia, muertes, enfrentamientos, insultos, corrupción, miedo e incertidumbre.

A veces pareciera que Honduras se ha quedado a oscuras.

Un país cansado de buscar líderes y encontrarse con personas que juegan al titiritero, moviendo los hilos de una sociedad cada vez más dividida. Un país donde la muerte corre el riesgo de convertirse en una noticia más, en un número, en algo que escuchamos mientras tomamos café y luego continuamos con el día.

Y eso también nos transforma.

Cuando vivimos demasiado tiempo rodeados de violencia, comenzamos a acostumbrarnos a ella. Nos volvemos más duros, desconfiados y agresivos. Respondemos con insultos al insulto, con odio al odio. Sin darnos cuenta, aquello que rechazamos empieza a habitar dentro de nosotros.

Una de mis tantas pasiones es el arte y, hace unos días, me encontré con una pintura de Thomas Blackshear II: Vigilantes en la noche.

Sobre una cama blanca, un niño duerme profundamente. Está acostado, tranquilo, ajeno a todo lo que pueda estar ocurriendo más allá de sus sueños. Su rostro transmite inocencia y confianza. No sabe que alguien permanece despierto por él.

A su lado, un enorme ángel permanece de pie. No está lejos ni flotando en la distancia. Está cerca, imponente y alerta, como un guardián dispuesto a enfrentar aquello que el niño no puede ver. En su mano derecha arde una llama, símbolo de la presencia del Espíritu Santo.

La oscuridad rodea la habitación, pero no está vacía. Hay alguien vigilando.

La imagen me hizo pensar en Honduras.

Quizá ese niño somos nosotros. Una sociedad que todavía busca un lugar donde descansar, una mañana sin miedo, una razón para volver a creer.

El ángel no elimina la oscuridad. Simplemente permanece allí, firme, como una presencia que protege al niño mientras duerme. Quizá esa sea también la esperanza que necesitamos: recordar que, aun en los momentos más difíciles, no todo está perdido.

No podemos cambiar el país entero en una mañana ni cambiar a quienes hoy toman las decisiones. Pero sí podemos decidir qué hacemos con el pequeño mundo que nos pertenece: nuestra vida, nuestra familia, nuestra casa y nuestra comunidad.

Podemos elegir no llevar la violencia de la calle hasta nuestro hogar. Podemos hacer de nuestra casa un lugar seguro cuando afuera todo parece incierto.

Quizá no podamos apagar toda la oscuridad, pero sí encender una luz donde estamos. Y tal vez eso también sea resistir.

Si tienen un momento, busquen Vigilantes en la noche, de Thomas Blackshear II. Mírenla sin prisa. Quizá les transmita algo diferente.

Porque la esperanza no siempre llega haciendo ruido.

A veces se parece a un niño dormido. A veces se parece a un ángel que permanece despierto.

Honduras puede estar cansada y rodeada de oscuridad, pero no está obligada a convertirse en ella. Mientras haya familias que cuiden, personas que no elijan el odio y una fe que mantenga viva la esperanza, habrá siempre una luz encendida.

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