Como si nuestro país no tuviera necesidades urgentes, el Congreso Nacional cumplió ya dos meses instalado y su producción legislativa a favor del pueblo es: cero. En este tiempo han presentado 200 iniciativas de ley, y nada, casi nada para transformar la desesperada situación de una población sumergida en la pobreza.
Lejos de eso, lo primero que hicieron los “honorables” diputados fue repartirse puestos en una junta directiva multitudinaria y costosa: ¡28 miembros! Esto es de locos. Además del cuestionado presidente, tiene ¡10 vicepresidentes!, dos secretarios, dos prosecretarios, ¡9 vicepresidentes alternos! ¿Y esto qué es? Sume otros 4 secretarios alternos. Ni siquiera caben en la mesa. En los años que cubrí el Legislativo, jamás vi tan desproporcionado disparate.
Ha sido costumbre de toda la vida que los miembros de la junta directiva gocen de envidiables prerrogativas -que no todos reclaman- como el uso de carísimos vehículos, escoltas, vigilancia en sus hogares, viajes fastuosos, bonos y un fabuloso sobresueldo. El contraste es brutal con países ricos que no otorgan estos privilegios a sus políticos.
¿Qué han hecho en dos meses? Nada. Menos que cero. Solo atizar el odio y la venganza en un país altamente polarizado y, por supuesto, buscando asegurar la permanencia en sus cargos por tiempo ilimitado y que nunca sean perseguidos por abusos y corrupción que seguro van a ocurrir.
En ese pandemonio y crisol de corruptela resalta el caso de Jorge Cálix -que será motivo de estudio en universidades-, alguien que no participó en las elecciones (incluso el CNE le negó la inscripción), que nadie votó por él y que, de repente, aparece como diputado de un departamento al que no pertenece. Encima, un grupito de liberales que malvendió su partido lo puso como jefe de bancada. Les cuesta creerlo a colegas extranjeros cuando les cuento esto.
Que la guerra de Trump contra Irán, influenciado por Israel, ya elevó el precio del petróleo y por extensión, todo lo demás, no le importa a estos diputados; que súbitamente subieron los asesinatos en estos dos meses, tampoco; que muchos ciudadanos necesitan trabajo, menos; que hay crisis en los hospitales, que faltan viviendas, que el tráfico y accidentes de carreteras, les vale madres. Solo quieren asegurar sus cargos y su impunidad.
De eso deriva lo insólito: diputados que están bajo investigación por diferentes delitos juzgaron, en un falso juicio, al fiscal general que los investigaba. ¡Por favor! Y para sus fines abyectos de burlar la justicia común y la electoral, también van por el consejero del CNE y la presidencia de la Corte Suprema, destrozando la institucionalidad y exhibiéndonos ante el mundo como “república bananera”.
Aunque montaron una abrumadora campaña con sus voceros rentados y megáfonos de la farsa para defender sus vilezas, las redes sociales se la han desbaratado. Por eso muchos insisten en que este país es un meme.