Ha habido algunos días en que parecía que se abría paso la esperanza, algunos rayos de luz en medio de la zozobra, la oscuridad y el dolor en que se desarrolla la guerra impuesta por Rusia a los ucranianos, justamente cuando Jared Kushner y Steve Witkoff, los dos enviados especiales del presidente Trump, viajaron a Moscú y luego —por primera vez— a Kiev, con el objetivo de reactivar el proceso diplomático para poner fin a más de cuatro años y medio de conflicto, desencadenado por la invasión rusa de Ucrania. Luego, en medio de los rumores de que algo se estaba fraguando y coincidiendo en el tiempo con esa visita de los mediadores de Trump, el director de la CIA, John Ratcliffe, realizó una visita sorpresa y secreta a Moscú el 25 de agosto de 2026, en un viaje relámpago de unas cuatro horas a bordo de un avión militar estadounidense, en el que, al parecer, se trató la crisis de Ucrania y los ataques rusos contra objetivos europeos en los últimos tiempos.
De ambas visitas, contempladas con optimismo por numerosos analistas y medios de comunicación, no se han visto resultados sobre el terreno y la guerra continúa, habiéndose incrementado incluso los ataques con drones y medios aéreos rusos contra objetivos civiles ucranianos. Además, Rusia ha intensificado la guerra híbrida contra Europa, enviando drones de forma indiscriminada contra Polonia, Rumania, Estonia, Alemania y Moldavia, e interviniendo en los procesos electorales de varios países europeos, en los que Moscú abiertamente apoya a candidatos partidarios del Kremlin, tal como ha ocurrido en las elecciones de Rumania, Bulgaria, Gagauzia e incluso Hungría, donde el primer ministro, Viktor Orbán, siempre ha sido un abierto partidario de Vladimir Putin.
Ante estos hechos, cada vez más frecuentes, el presidente de Francia, Emmanuel Macron, ha anunciado que ha ordenado adoptar medidas para proteger las infraestructuras críticas y las instalaciones de la industria de defensa de su país frente a «ataques híbridos rusos». Además, señaló que la amenaza procedente de Moscú se ha intensificado en las últimas semanas, especialmente contra Rumania, que ha sufrido varios ataques con drones que tendrían como finalidad poner a prueba las defensas de este país, situado en la periferia de la OTAN, y la capacidad de reacción de esta organización ante un eventual ataque ruso.
Mientras que la situación en los frentes de batalla es de estancamiento total, sin que se detecten avances territoriales significativos por parte de rusos o ucranianos, Rusia celebra unas elecciones legislativas en las que el oficialismo se impondrá con toda seguridad. Entretanto, al monolítico régimen de Putin le han surgido algunos problemas, como las dificultades en el abastecimiento de combustible tras algunos ataques ucranianos contra instalaciones vitales rusas y una crisis en el reclutamiento de nuevas fuerzas para enviarlas a la guerra. Ucrania ya se está preparando para otro año más de conflicto, que sería el quinto, y teme que, como en el pasado, las instalaciones eléctricas vuelvan a estar en el punto de mira de los ataques rusos, sobre todo ahora que ya estamos a las puertas del crudo invierno ucraniano.
En medio de una guerra que se presiente interminable, tampoco han calmado los ánimos los rumores sobre un supuesto mapa que recogería la propuesta rusa para Ucrania y que habría sido presentado a los mediadores norteamericanos. En él se reflejarían las pretensiones de Moscú en este conflicto, que pasarían por la anexión del 20 % ya ocupado de Ucrania —los departamentos de Donetsk, Lugansk, Zaporiyia, en el sureste, alrededor del río Dniéper y con acceso al mar de Azov, y Jersón—, la inclusión del importante y estratégico puerto de Odesa y sus alrededores, y un corredor que uniera la ocupada Transnistria, en Moldavia, con la región que Putin denomina «Nueva Rusia», es decir, la entidad política que el caudillo ruso pretende construir sobre el territorio ocupado en Ucrania y las nuevas adquisiciones.
Sobre estas premisas, inaceptables para Ucrania, que la dejarían sin puertos y sin acceso al mar Negro, será imposible comenzar una nueva ronda de negociaciones entre rusos y ucranianos. La ansiada paz todavía tendrá que esperar.